Despiértame cuando pase el temblor: otra cara de los damnificados por el terremoto en Colombia

Nación
Tiempo de lectura: 5 min
Escrito por:  Óskar Ortiz
Actualizado: 2026-09-09 19:09:23

Relato desde la experiencia de un periodista de Pulzo sobre cómo ha sido la situación para las personas afectadas en Dosquebradas, un mes después.

Ser damnificado por el terremoto es como caer en una pesadilla y despertar en una vida paralela que no me pertenece, una que luego de perder la casa ese 10 de agosto de 2026 en Colombia marcó un punto de giro irreversible. Esto ha sido más abrumador por la realidad en Dosquebradas (Risaralda), que era mi hogar.

(Vea también: El turismo, una apuesta para reactivar las regiones golpeadas por el terremoto)

No elegí ser protagonista de un episodio doloroso para el país, con matices que parece pertinente poner sobre la mesa en este especial: el lugar donde me sucedió o mi estratificación, entre otros, se han convertido en una inesperada cruz.

Lo llamativo es que, un mes después de un desastre que de golpe derrumbó mi vivienda y mis sueños, lo único que tengo en mis manos es esta oportunidad para contarles detalles de mi caso personal que estoy casi seguro que también padecen otros miles de víctimas por el sismo.

Por ejemplo, los subsidios para los perjudicados por esta tragedia son un beneficio sobre el que se habla con frecuencia, pero que en la ciudad intermedia o municipio en el que estamos parece una ‘casa en el aire’, a pesar de ser la segunda mas afectada después de Pereira.

Resulta determinante aclarar que esta no es una pulla política porque cualquiera de los gobernantes van a durar 4 años, pero nosotros los damnificados quedamos marcados por una huella mucho más larga.

El presidente Abelardo de la Espriella ha expresado su voluntad y ha hecho anuncios, pero el sacudón de tierra nos recordó el papel secundario que se tiene cuando no es una capital o sitio de renombre. Pereira, Cali y Manizales han recibido este apoyo, pero en donde estaba mi casa solo hay incertidumbre.

Esto abre paso a otro capítulo, el del olvido a Dosquebradas, un lugar que a pesar de su huella industrial con Arturo Calle (tiene la principal fábrica de esta empresa), Frisby, Postobón y Costa Azul, entre otros, ha quedado relegada ante la opinión pública.

El alcalde de la ciudad, Roberto Jiménez, lleva la marca de ser el hermano del narcotraficante alias ‘Macaco’, algo que junto a su postura política parecería convertirse en un problema para los damnificados del terremoto. Él mismo se lo confesó a Pulzo.

La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) aclaró que el procedimiento de subsidios se tramita a través del municipio: la Alcaldía debe presentar la solicitud de apoyo, aportar la información correspondiente y expedir las certificaciones exigidas por la Resolución.

Un tira y afloje que parece un camino sin salida y en el que los damnificados de Dosquebradas parecemos justos que pagamos por pecadores, en un día a día que parece eterno en la indiferencia.

Como si la angustia no fuera suficiente por lo antes mencionado, también aparece sobre en el panorama el hecho de pertenecer a la clase media, un estrato 4 digno del baile de los que sobran.

Lejos de establecer un cruce por quién merece más o menos, hay una realidad que es inapelable: ahora todos necesitamos. Decir lo contrario es mezquino y desconoce por completo el dolor que vivimos.

El plan de reconstrucción menciona a este grupo hasta la tercera fase, casi después de 10 meses y luego de que el propio mandatario mandó un mensaje de que la prioridad son los estratos 1, 2 y 3 para las aseguradoras.

Es clave aclarar que De la Espriella y los gobiernos locales han indicado que su intención es apoyar a todos los sectores, pero luego de un mes que parece una eternidad esas promesas parecen los ladrillos que cayeron de las edificaciones.

El golpe al bolsillo es arrollador porque al no tener sitio para vivir y ante los aumentos de los arriendos en Dosquebradas, la zozobra es compañera diaria de miles de afectados (hubo 22.000 reportes).

Como damnificado de estrato 4 duele sentir que se espera vernos vestidos de miseria, algo a lo que más de uno nos negamos así los pasos para avanzar sean más pesados. Lo único que se pide es el apoyo prometido.

En esa misma línea, la salud mental es un capítulo para los damnificados por el terremoto, en un duelo que está marcado por un daño que es casi que incomprensible en este contexto.

Situaciones de revictimización y pasos clave dentro de un camino duro son poco mencionados en las conversaciones de a pie, por lo que traerlos a colación es valioso como un abrazo al alma para los golpeados por el sismo.

El proceso de dolor y luto es tan personal que sería pretencioso generalizarlo, aunque sí es claro que los expertos apuntan a ciertos aspectos que son pertinentes entender y compartir en este seguimiento.

Como dije desde el principio, este trabajo periodístico quizás no sea tan objetivo como muchos quisieran, pero sí presenta los temas mencionados de manera certera y sin intención de beneficio propio.

Esta mirada quiere acercarlos con el mayor profesionalismo a un sentir diario que aún me cuesta (como a miles de damnificados), que nos sacudió la vida por completo y por el que desde ese fatídico 10 de agosto lo único que pienso es: “Despiértame cuando pase el temblor”.

FUENTES CONSULTADAS

Temas Relacionados:

Te puede interesar

Sigue leyendo