La aterradora realidad sobre cómo se vive en los famosos 'pagadiarios' del centro en Bogotá

Bogotá
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Según la Secretaría Distrital de Integración Social, en Bogotá existen 448 pagadiarios donde viven aproximadamente 9.700 personas.

Dormir por 7.000, 13.000 o 19.000 pesos puede significar mucho más que encontrar una cama. En algunos pagadiarios de Bogotá, pasar la noche implica convivir con hacinamiento, suciedad, insectos, consumo de sustancias psicoactivas y una permanente sensación de vulnerabilidad.

Para conocer de primera mano esta realidad, el periodista Daniel Urbano recorrió varios de estos establecimientos y pasó la noche en algunos de ellos. Detrás de puertas sin avisos visibles y habitaciones improvisadas, se esconde el refugio temporal y en muchos casos permanente de miles de personas en condición de pobreza.

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Según la Secretaría Distrital de Integración Social, en Bogotá existen 448 pagadiarios donde viven aproximadamente 9.700 personas, entre las localidades de Kennedy, Los Mártires, Santafé y Chapinero mayoritariamente. Muchos de sus habitantes son migrantes, trabajadores informales, habitantes de calle, integrantes de la comunidad LGBTIQ+ y familias que no tienen otra alternativa para conseguir un techo.

Durante el recorrido, el equipo encontró desde camarotes improvisados conocidos como “cápsulas”, construidos con tubos metálicos y divisiones de PVC, hasta habitaciones aparentemente normales que escondían una realidad más compleja: colchones deteriorados, baños en precarias condiciones de higiene y rastros del paso constante de decenas de inquilinos.

La experiencia estuvo marcada por episodios inquietantes. Arañas, chinches y pulgas que aparecían sobre la cama durante toda la noche y una persistente sensación de picazón impidieron el descanso durante gran parte de la madrugada. A esto se sumaban olores penetrantes a humedad, cigarrillo y presunto consumo de sustancias al interior de algunos inmuebles.

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Sin embargo, quienes conocen estos lugares aseguran que las mayores dificultades no siempre están relacionadas con la infraestructura. La administradora de uno de estos establecimientos relató haber encontrado armas blancas escondidas entre muros y basuras, utilizadas por algunos residentes para defenderse durante conflictos internos.

Los testimonios también revelan historias de dolor y supervivencia. Personas con problemas de salud mental, consumidores de drogas y adultos mayores conviven en espacios reducidos, mientras otros luchan diariamente para reunir el dinero que les permita pagar una nueva noche bajo techo.

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