
Joven viajó a Bogotá para un concierto y terminó encantada: dijo qué cosas la sorprendieron
La joven, que llegó desde Barranquilla, contó en X las diferencias que encontró entre la capital y la Costa. El frío, la altura, las montañas y más.
Viajar por primera vez a una ciudad puede convertirse en una experiencia llena de descubrimientos. Eso le ocurrió a una joven costeña que llegó a Bogotá desde Barranquilla para asistir al concierto de 5 Seconds of Summer (5SOS) y terminó compartiendo en redes sociales un particular relato sobre todo lo que encontró durante su estadía.
La usuaria, identificada como Isa en X, publicó un hilo en el que contó, con humor, las situaciones que más le llamaron la atención y las diferencias que encontró frente a su vida cotidiana en la Costa.
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Su publicación rápidamente generó reacciones de habitantes de Bogotá, quienes aprovecharon para explicarle algunas de las costumbres que le resultaron extrañas y también para darle recomendaciones para una próxima visita.
Uno de los primeros aspectos que sorprendió a la joven fue el clima. Acostumbrada al calor de Barranquilla, encontró que el frío de Bogotá era completamente diferente a lo que conocía. Sin embargo, con el paso de los días terminó disfrutando esa temperatura e incluso destacó la combinación que más le llamó la atención: un día soleado acompañado de una brisa fría.
Pero si el clima fue una sorpresa, la altura de Bogotá representó un desafío mucho mayor. Durante sus primeros días contó que se quedaba sin aire después de caminar durante un tiempo prolongado y que incluso llegó a despertarse con malestar durante la madrugada.
La situación volvió a hacerse evidente durante el concierto de 5SOS, cuando, entre los gritos y la emoción del público, aseguró que en algunos momentos sentía que le faltaba el aire. “Estuve todos los días ahogándome”, relató.
Por esa razón decidió descartar dos de los planes que tenía inicialmente: subir a Monserrate y conocer el mirador de la Torre Colpatria. En tono de humor, terminó diciendo que la altura prácticamente “se la tenía montada”.
Curiosamente, las montañas que rodean a Bogotá produjeron el efecto contrario. La joven quedó sorprendida por el tamaño y la cercanía de las montañas y aseguró que no entendía cómo los bogotanos podían acostumbrarse a verlas todos los días. “Yo no les quitaría el ojo nunca”, escribió.
Durante sus recorridos también visitó varios lugares turísticos y culturales de la capital, entre ellos el Museo del Oro, la Plaza de Santander, la carrera Séptima, el Museo de Botero, el Museo de la Independencia, la Plaza de Bolívar y el Museo Nacional.
Este último terminó siendo uno de sus favoritos por la variedad de piezas, pinturas, esculturas y elementos relacionados con diferentes momentos de la historia colombiana. También llamó su atención la arquitectura de algunas iglesias y los sectores con construcciones de estilo colonial. Entre las fotografías que compartió apareció la Iglesia de Santa Teresita del Niño Jesús, a la que identificó de manera divertida como “la iglesia de Betty, la fea”.
Otro de los aspectos que más disfrutó fueron los murales que encontró durante sus recorridos. Isa destacó la cantidad de colores y estilos presentes en las calles y explicó que incluso algunos grafitis que inicialmente no le parecían particularmente atractivos terminaban encajando con el paisaje urbano.
Encontró murales con temáticas culturales, políticas y cotidianas, algo que, según su relato, contribuyó a que percibiera las calles de Bogotá como espacios “supercoloridos y lindos”.
No todas las diferencias fueron relacionadas con el paisaje. La tranquilidad durante la noche fue otro de los aspectos que más le costó asimilar.
Acostumbrada a que en Barranquilla siempre exista algún sonido de fondo —desde conversaciones en la calle hasta ventiladores y otros ruidos cotidianos—, el silencio del lugar donde se hospedó en Bogotá le pareció casi extraño.
Tanto así que contó que tuvo que recurrir a sonidos para poder dormir, pues no estaba acostumbrada a descansar en un ambiente completamente silencioso.
También observó que en Bogotá muchas personas suelen encontrarse entre semana después del trabajo para conversar, tomar algo o compartir con amigos, mientras que, según su experiencia en la Costa, este tipo de reuniones suelen concentrarse más durante los fines de semana.
Isa hizo una aclaración que quiso destacar entre sus observaciones: la amabilidad de los bogotanos. Contó que durante su visita no tuvo interacciones incómodas y que, aunque percibió a algunas personas como más introvertidas que aquellas a las que está acostumbrada, las encontró amables. La diferencia fue más evidente cuando utilizó taxis.
Según explicó, en la Costa es habitual comenzar una conversación con el conductor prácticamente desde el primer momento. En Bogotá, en cambio, sintió que algunos conductores tardaban más en entrar en confianza o simplemente permanecían en silencio.
La experiencia con el servicio de taxi fue uno de los aspectos que calificó de manera menos positiva y aseguró que algunos conductores intentaban cobrarle de más. A raíz de su publicación, varios usuarios también le recomendaron utilizar aplicaciones para solicitar transporte y tener precaución con sus pertenencias durante sus recorridos.
Otra de las situaciones que llamó su atención fue encontrarse con establecimientos llamados “cigarrerías”. La joven aseguró que nunca había visto ese término como nombre de un comercio y llegó a interpretar que se trataba de lugares dedicados principalmente a la venta de cigarrillos y bebidas alcohólicas.
Usuarios bogotanos aprovecharon para explicarle que estos establecimientos pueden ofrecer una variedad de productos y servicios y que el término no significa necesariamente que el lugar esté dedicado exclusivamente al cigarrillo.
Eso sí, hubo algo relacionado con el tema que definitivamente no disfrutó: el olor a tabaco. “Creo que lo único que no me gustó para nada es que la gente fuma muchísimo”, escribió.
La movilidad también apareció en su particular recorrido por Bogotá. Isa se sorprendió por la cantidad de bicicletas que encontró y por la presencia de infraestructura destinada a sus usuarios. Pero al mismo tiempo tuvo una pregunta que probablemente muchos visitantes se hacen al conocer la capital: ¿de dónde salen tantos carros?
Durante los días que permaneció en la ciudad se encontró con varios trancones. Sin embargo, hizo una comparación curiosa con Barranquilla. Según su percepción, aunque Bogotá tiene una gran cantidad de vehículos, sintió que el tráfico avanzaba lentamente, mientras que en Barranquilla puede ocurrir que una congestión termine completamente detenida durante largos periodos.
La temperatura también tuvo efectos en sus noches. La joven contó que en uno de los días llegó a registrar alrededor de 9 grados Celsius, una temperatura considerablemente más baja frente a su referencia habitual de clima.
Hasta cambiar de posición en la cama se convirtió en un pequeño reto, pues cualquier movimiento significaba quedar expuesta al frío. A pesar de eso, terminó confesando que el clima bogotano le gustó y que incluso llegó a preferirlo frente al calor al que está acostumbrada.
Entre todas las diferencias que encontró, hubo algo que se mantuvo presente durante su relato: la ciudad terminó gustándole mucho. Las montañas, los museos, las iglesias, los edificios de arquitectura colonial, los murales y las zonas verdes estuvieron entre los aspectos que más disfrutó.
También reparó en detalles cotidianos, como la cantidad de banderas de Colombia que encontró en algunos sectores, las pequeñas panaderías, los negocios y hasta el vallenato que escuchó en algunos de los vehículos que utilizó.
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Para ella también fue llamativo ver personas caminando por la ciudad con ropa muy elegante, algo que relacionó con las posibilidades que ofrece un clima más frío frente al de Barranquilla. Incluso habló de los animales que vio durante sus recorridos y expresó su deseo de que el hecho de encontrar mascotas aparentemente acompañadas por sus dueños fuera reflejo de una mayor cultura de adopción.
La publicación de Isa terminó convirtiéndose en una especie de conversación entre una visitante y los propios habitantes de la capital. Algunos usuarios le dieron explicaciones sobre las cosas que había encontrado, otros le recomendaron sitios para conocer y varios aprovecharon para advertirle sobre aspectos de seguridad y transporte.
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