Demanda salió a la luz tras Bad Bunny en el Super Bowl: cientos de reguetoneros estarían en líos

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Escrito por:  Redacción Entretenimiento
Actualizado: 2026-02-18 07:55:00

Según los demandantes, la base del género urbano puertorriqueño es un ritmo plagiado y buscan reclamar derechos de autor de casi 2.000 canciones.

Una disputa legal sin precedentes amenaza con sacudir al reguetón a nivel mundial. Los productores jamaiquinos Steely & Clevie sostienen que el popular ritmo “dem bow”, base de miles de canciones del género, proviene directamente de su tema de 1989 ‘Fish market’. Según la demanda, ese patrón rítmico fue utilizado sin autorización y se convirtió en la columna vertebral sonora del reguetón moderno.

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El proceso judicial incluye a más de 150 artistas y compañías discográficas. Entre los nombres señalados aparecen figuras de alcance global como Bad Bunny, Karol G, Daddy Yankee y Luis Fonsi, entre muchos otros. Los demandantes aseguran que más de 1.800 canciones habrían incorporado el ritmo sin permiso, lo que abriría la puerta a reclamaciones económicas de cientos de millones de dólares.

Expertos en derecho musical advierten, en entrevista con Billboard, que el caso podría redefinir el panorama del género si prospera. El reguetón, que pasó de ser un movimiento regional a un fenómeno global, podría enfrentar cambios profundos en la forma en que se crean, distribuyen y registran sus producciones. La disputa pone sobre la mesa un debate clave: hasta qué punto un patrón rítmico puede considerarse propiedad intelectual.

“Si ganan, esto conferiría un monopolio sobre todo un género, algo sin precedentes en los litigios de derechos de autor musicales”, dijo Jennifer Jenkins en la revista mencionada.

Los equipos legales de los artistas han respondido con firmeza. Argumentan que la demanda pretende apropiarse de un elemento musical básico que no debería tener protección exclusiva. Según sus planteamientos, el patrón rítmico en discusión existe desde hace siglos en distintos estilos musicales, por lo que no puede atribuirse a una sola obra ni a un único creador.

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El caso superó en 2024 una etapa crucial cuando un juez determinó que aún no era posible resolver el conflicto por su complejidad jurídica. Tras años de litigio, los abogados de los artistas solicitaron que el proceso se resuelva mediante un fallo anticipado sin necesidad de juicio, al considerar que los fundamentos de la demanda carecen de sustento legal suficiente.

Mientras tanto, los productores demandantes insisten en que el ritmo ha sido explotado durante décadas sin reconocimiento ni compensación. La decisión final podría marcar un precedente histórico sobre los límites de los derechos de autor en la música popular y definir el futuro de uno de los géneros más influyentes de la industria global.

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