
Debacle de Comunes (ex-Farc): no pudieron salvar curules en el Congreso y desaparecen
Esa colectividad política no pudo salvar su personería jurídica ni mantener escaños en Senado ni Cámara; le resultó difícil sobrevivir por sus propios medios.
Desde mediados del año pasado, cuando el Gobierno formalizó la eliminación de las 10 curules transitorias que habían recibido los exintegrantes de las Farc como parte del Acuerdo de Paz que condujo a la desmovilización de buena parte de esa guerrilla, los diez congresistas exguerrilleros empezaron a navegar solos. De esa manera, fueron notificados oficialmente de que se les habían acabado los dos periodos pactados en los que ocuparían escaños en Senado y Cámara sin contar un solo voto. Ahora, si querían seguir, deberían remar y buscar, ahora sí, el respaldo de los ciudadanos. Por eso, las legislativas de este domingo se habían convertido en unas elecciones cruciales para ellos, porque era la primera vez que competían con las reglas del sistema político tradicional. Pero fracasaron.
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Esta vez, tenían que luchar por votos sin ninguna garantía excepcional, a diferencia de los procesos electorales de 2018 y 2022. Hace cuatro años, por ejemplo, el Partido Comunes (nombre al que llegaron después de haber persistido erróneamente en llamarse Farc) obtuvo un poco más de 31.000 votos para el Senado (0,19 % del total) y un poco más de 21.000 para la Cámara (0,12 % del total). Esos más de 52.000 sufragios fueron muy inferiores a los más de 85.000 votos que habían conseguido en las elecciones de 2018, cuando se estrenaron en la política. Los resultados de Comunes en esas dos elecciones —de no ser por el Acuerdo de Paz— no les habrían dado para obtener ninguna curul.
Unas elecciones de vida o muerte política para Comunes
Por eso, las legislativas de este domingo eran determinantes. Ya no solo participaban por mantener una representación en el Senado y en la Cámara, sino por la personería jurídica de su partido. Pero los resultados volvieron a ser desfavorables y no consiguieron ninguno de esos dos objetivos. Ahora es definitiva su salida del Congreso, con lo que el mapa legislativo que conocemos desde 2018 variará, pues el Legislativo debe restar las 10 curules directas (5 en Senado y 5 en Cámara) de las que disfrutaron durante ocho años.
Hay varios factores que pudieron incidir en la debacle política de Comunes. Uno resulta paradójico para la izquierda porque si bien ellos hicieron campaña a favor de Gustavo Petro, muy temprano sintieron su fría distancia: como candidato nunca quiso tomarse ni una foto con los exguerrilleros, que entendieron ese gesto como razonable pues sabían que, en la efervescencia de la campaña, mostrarse al lado del aspirante podría restarle antes que sumarle. Pero las cosas se mantuvieron igual después del triunfo de Petro. Comunes pasó a ser partido de gobierno, apoyó con vehemencia todas las iniciativas del jefe de Estado, y, con todo, fueron rechazados por su Pacto Histórico.
Eso los llevó, para participar en las elecciones de este domingo, a buscar refugio y apoyo en Fuerza Ciudadana, el partido que lidera Carlos Caicedo, exgobernador de Magdalena. Ambas colectividades luchaban para superar el umbral —que corresponde al 3 % de la votación válida, incluyendo votos por candidatos y voto en blanco— y conseguir sus personerías jurídicas. En el caso de Comunes, necesitaban dos condiciones: obtener junto con Fuerza Ciudadana un poco más de medio millón de votos y que sus candidatos estuvieran entre los más votados de la lista. Pero con su exigua votación, Comunes no consiguió superar el umbral necesario para conservar su personería jurídica y también perdió la representación en el Congreso.
Esos pobres resultados del Partido Comunes en las elecciones ya habían tenido explicaciones por parte de los ex-Farc. Aseguraban que el Estado no cumplió con la reforma que debía rediseñar el sistema político, con medidas como el reconocimiento de las organizaciones sociales como sujetos políticos, el fortalecimiento de la oposición, el respeto a la protesta y un sistema de seguridad para el ejercicio político. De hecho, el partido que surgió del Acuerdo de Paz con las Farc no solo enfrentó desde su aparición en la escena política el estigma social e institucional por su pasado, sino el asesinato sistemático de más de 470 firmantes de paz.
El pasado de Comunes sigue pesando entre los colombianos
Pero en la opinión pública sobre los excombatientes de las Farc también debieron pesar factores como el hecho de que, apenas una semana antes de estas elecciones, los exjefes de la guerrilla que se desmovilizó reconocieron su responsabilidad en el reclutamiento y la utilización de menores de edad durante el conflicto armado. Según la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), creada también por el Acuerdo de Paz, los exjefes que admitieron este crimen son Rodrigo Londoño, alias ‘Timochenko’, último jefe de esa guerrilla; Pastor Alape, Milton de Jesús Toncel, Jaime Parra y Julián Gallo. El alto tribunal documentó que entre 1971 y 2016 las Farc reclutaron a 18.677 menores.
De este grupo, que conformó el antiguo Secretariado (cúpula) de las Farc, Julián Gallo ostentó una de las cinco curules en el Senado producto del Acuerdo de Paz, al lado de Sandra Ramírez Lobo Silva, Pablo Catatumbo, Imelda Daza, y Ómar Restrepo. En la Cámara estuvieron Sergio Marín, Jairo Cala, Luis Albán, Germán Gómez y Pedro Baracutao. Pero el tipo de responsabilidades como las que les ha señalado la JEP y el hecho de que sus nombres no han obtenido el favor de los votantes hicieron que dentro de Comunes se surtiera un proceso de selección de candidatos para las elecciones de este domingo.
Para intentar que Comunes continuara con representación en el Congreso de la República, solo quedaron Sandra Ramírez —esposa del fallecido Manuel Marulanda Vélez, alias ‘Tirofijo, máximo líder y referente de las Farc— y Jairo Cala, que se postularon por sendos escaños en el Senado; y Luis Albán y Germán Gómez, que se candidatizaron para la Cámara de Representantes. Los cuatro salieron a buscar votos dentro de la coalición Fuerza Ciudadana.
Así, hoy la figura más representativa de Comunes es la senadora Sandra Ramírez, única exguerrillera que buscaba seguir en el Congreso, pero en su contra también pudieron jugar las graves acusaciones de personas que se consideran sus víctimas y que, en palabras de la periodista Diana Giraldo, la señalan de “ser la mujer que llevaba menores de edad a los comandantes de las Farc para favores sexuales y de obligar a las mujeres a abortar contra su voluntad”.
La senadora de Comunes interpuso una tutela en defensa de su buen nombre, alegando que nadie puede señalarla como responsable de estos delitos pues no existe ninguna condena en su contra. A finales del año pasado, la Corte Constitucional le ordenó a Giraldo retractarse en aras de proteger el “derecho al buen nombre y a la honra” de Ramírez. Pero, al margen del debate jurídico y la disputa política, es claro que Comunes arrastra el peso de medio siglo de guerra que, a Colombia, a juzgar por el resultado de las elecciones en las que ha participado ese partido, le cuesta digerir.
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