Gigantesco negocio le cree a De la Espriella y anuncia que duplicará su tamaño en Colombia
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La icónica marca estadounidense asumió el control directo de sus ventas en el país y se fijó la ambiciosa meta de duplicar su negocio en el país.
Lo que empezó como un simple logo tapado en uno de los estadios del Mundial de Fútbol de 2026 en Estados Unidos terminó siendo la oportunidad de oro para Levi’s. La famosa marca de pantalones no solo le sacó provecho a la situación, sino que capturó las miradas de millones de hinchas en todo el mundo para volver a ponerse de moda y quedar en el centro de la conversación. Esta jugada demuestra la habilidad que ha tenido la compañía para mantenerse viva tras más de 150 años de historia, y ahora, bajo el liderazgo de su jefa mundial, Michelle Gass, la firma tiene los ojos puestos en América Latina, con México, Brasil y Colombia como sus principales objetivos de crecimiento.
El cambio en Colombia viene con toda. Desde hace dos años, la casa matriz en Estados Unidos tomó las riendas directas del negocio en el país, dejando a un lado los intermediarios. Desde ese momento, aceleraron el ritmo de expansión y ya completan 107 tiendas, además de reforzar su alianza con las tiendas Falabella. Javier Contreras, gerente general de Levi’s en Colombia, le contó a Portafolio que el plan en esta nueva etapa es modernizar todos los locales para que los colombianos encuentren una experiencia totalmente diferente y alineada con lo que se vende en las grandes capitales del mundo.
Para lograrlo, la marca ya inauguró una gigantesca tienda principal en la Zona T de Bogotá. Pero los planes no paran ahí: para finales de agosto de este año alistan la reapertura con cara nueva de su punto de venta en el centro comercial El Tesoro, en Medellín, y abrieron un espacio exclusivo de 70 metros cuadrados en el Falabella de Parque Colina, en el norte de la capital colombiana. La meta final es gigante: Levi’s quiere duplicar el tamaño de su negocio en Colombia durante los próximos años, impulsados por un crecimiento sostenido que ya lleva dos años seguidos subiendo a doble dígito. Según Contreras, hoy la misma ropa que se consigue en París, Tokio o San Francisco llega al mismo tiempo a las vitrinas colombianas.
Una de las claves del éxito ha sido combinar la ropa importada con la confección local. Aprovechando la larga experiencia textil de departamentos como Antioquia, muchos de los jeans que compran los colombianos se fabrican en talleres nacionales con los mismos hilos, lavados y controles de calidad que exige la casa matriz en Norteamérica. Además, la marca está dejando de ser un espacio exclusivo para hombres. El mercado de las mujeres ha crecido tanto que ya representa casi la mitad de las ventas de la compañía, gracias a que las compradoras locales adoptan de inmediato los nuevos diseños de moda. La marca pasó de vestir a mineros en 1873 a imponer su línea de ropa de trabajo urbana de uso diario, demostrando que en Colombia todavía hay mucha tela por cortar.
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