¿'Corrientazo' valdrá 20.000 pesos en 2026? Tocará almorzar a punta de empanada o pasar 'filo'
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Visitar sitioLa presidenta de Acodres Bogotá explicó qué está impulsando el alza del precio del corrientazo y platos en restaurantes de la ciudad. El panorama es complicado.
El corrientazo es, quizá, el indicador más cotidiano del costo de vida en Bogotá. No es una cifra abstracta: es el almuerzo que millones de trabajadores pagan a diario. Cuando ese plato sube, el golpe se siente de inmediato en el bolsillo. Y en 2026, el tradicional corrientazo de 15.000 pesos ya quedó atrás.
“En Bogotá el corrientazo hoy se está moviendo en un promedio de entre 14.000 a 18.000 pesos”, afirma Liliana Montaño, presidenta de la Asociación Colombiana de la Industria Gastronómica (Acodres) Bogotá Región, en diálogo con Valora Analitik.
El precio varía según la zona. “Hay localidades residenciales que tienen un corrientazo de 14.000, 15.000 pesos, pero hay zonas comerciales y empresariales que lo tienen incluso desde 16.000 pesos. Y ya están tocando los 26.000 pesos”, advirtió la líder gremial.
La comparación anual muestra la magnitud del ajuste. “Hacia estas mismas épocas encontrábamos precios entre 11.000 y 14.000 pesos”, señala Montaño. Es decir, el incremento ha sido de entre 3.000 y 4.000 pesos por plato, lo que representa una variación de “entre el 22 % y el 30 %”. Según la dirigente, “ese almuerzo diario al encarecerse está encareciéndose más que la misma inflación general”.
¿Qué impulsa el alza del precio de los almuerzos y el ‘corrientazo’?
Los datos oficiales respaldan esa presión desde el lado de los alimentos. En enero de 2026, la inflación anual fue de 5,35 %. Dentro de ese resultado, la carne de res y sus derivados registró una variación de 11,73 % y fue la subclase que más aportó dentro del grupo de alimentos, con 28 puntos básicos. El plátano presentó una variación de 23,79 % y contribuyó con 0,09 puntos porcentuales.
Al revisar los ingredientes que componen el corrientazo, el plátano fue el producto con mayor aumento interanual (35,1 %); la porción de 250 gramos pasó de 460 a 714 pesos. El fríjol bolón subió 26,7 %, al pasar de 2.514 a 3.430 pesos por porción. La carne de res (corte chatas) aumentó 13,9 %, de 8.736 a 10.147 pesos. Aunque el tomate, el huevo y el arroz registraron caídas de 18,1 %, 15,4 % y 11,3 %, respectivamente, el efecto agregado sigue presionando el costo final del menú.
En la operación diaria de los restaurantes, ese encarecimiento se traduce en cifras concretas. “Hace un año preparar un menú de estos nos costaba 6.200 pesos en materia prima. Hoy ya estamos hablando en el orden fácil de 9.500 pesos”, explica Montaño.
El incremento en el costo directo de alimentos se ubica “entre el 25 % y el 35 %”, sin incluir mano de obra, servicios o arriendo, lo que explica por qué el precio del popular almuerzo, así como de los platos a la carta en general, han subido en el inicio del año, y lo más preocupante es que seguirían subiendo, “muchos restaurantes aún no ajustan precios y lo harán en este primer trimestre”, agrega.
La presión no se queda solo en el corrientazo. “Los restaurantes formales han tenido que ajustar sus precios este año entre un 12 % y un 18 %, según el segmento”, agrega. Sin embargo, el plato del día es el más sensible porque concentra la demanda del mediodía y funciona como ancla de precios.
El impacto también se siente en el consumo. Según el gremio, en enero disminuyó la frecuencia de comidas fuera de casa y varias compañías reportaron ventas por debajo del mismo mes del año anterior. “El consumidor está cuidando mucho más su gasto”, reconoce Montaño. Frente a ese escenario, las estrategias comienzan a cambiar: “restaurantes buscarán más promociones, no incluirán postre, cobrarán bebida por separado”.
Sostenibilidad de muchos restaurantes, en riesgo
El problema es que ese ajuste puede erosionar la rentabilidad de miles de restaurantes de los que dependen cientos de miles de empleos: “Estamos reduciendo margen de ganancia e incluso algunos están trabajando en punto de equilibrio”, afirma.
Además, el incremento de costos laborales ha sido mayor al previsto. Si bien el alza del salario mínimo de 23,7 % está en vilo por cuenta de la decisión del Consejo de Estado, en restaurantes el incremento termina siendo mayor, y con las cifras del incremento que al momento está provisionalmente suspendido, resultaría representando una cifra de “entre el 30 % y el 35 % por la estructura de turnos nocturnos y dominicales que manejamos en el sector de restaurantes”, explica Londoño.
A esto se suma un riesgo estructural. “Somos un sector resiliente, pero este panorama puede poner en riesgo la subsistencia de muchos restaurantes”, advierte la presidenta de Acodres Bogotá, “el tiempo para alcanzar el punto de equilibrio, que antes rondaba seis meses, ahora puede extenderse hasta un año”.
El corrientazo de 15.000 pesos ya es historia en Bogotá. Incluso, Montaño señaló que en zonas comerciales y empresariales “ya están tocando los 26.000 pesos”, lo que anticipa que el almuerzo de 20.000 pesos podría convertirse en la nueva referencia en 2026.
Salir a comer se ha convertido en una decisión cada vez más calculada para los hogares, mientras los restaurantes intentan sostener empleo y operación en medio de una estructura de costos creciente.
Si el corrientazo es el termómetro del costo de vida, la señal en 2026 es clara: el plato más representativo del mediodía bogotano ya refleja una presión que va más allá de la inflación promedio y que podría consolidar precios cercanos a los 20.000 pesos como la nueva normalidad.
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