Opinión

Guillermo Franco

Escribo sobre medios, especialmente.

El presunto maltrato laboral en 'La República' y el ‘equilibrio’ de ‘Vice’

Lo que hizo 'Vice' fue ofrecer una plataforma para hacer acusaciones anónimas.

El portal transcribe testimonios de 11 exempleados que describen las supuestas conductas reprochables del director del diario económico, Fernando Quijano, violatorias de la ley laboral.

Pero más allá de la inocencia o culpabilidad de Quijano, que corresponde establecer a las autoridades, y ojalá lo hagan, hay que referirse al manejo periodístico del caso. Esta no es una defensa del periodista, no faltaba más, sino un aporte para animar una discusión que enriquezca el ejercicio del periodismo.

Empecemos por este dato: los 11 testimonios contra Quijano que publicó ‘Vice’ podrían haber sido 16, pues otros 5 no quisieron que fueran publicados.

En un texto kilométrico (no menos de 50 pantallazos), Quijano es descrito como pedagogo escuelero, maltratador físico, maltratador sicológico, sexista, misógino, racista y hasta… hincha de Nacional.

El artículo continúa abajo

He aquí algunas de las citas que supuestamente prueban esos cargos:

Pedagogo escuelero

“Salió un error en un título y me puso a hacer otra plana. ‘No se dice así, sino así’. La cagué a la mitad de la plana y me tocó volverla a hacer para entregarla a Gestión Humana. Y además tenía que entregar las notas, corriendo, haciendo planas”.

Maltratador físico 

“Otra cosa que yo recuerdo que hacía era que cuando a alguien lo chiviaban, el tipo le lanzaba el periódico a uno. Cogía el periódico de la competencia y se lo tiraba a uno encima del teclado. Por ejemplo, si a mí me chiviaba ‘Portafolio’, me decía ‘Mirá, güevón, te chiviaron’ y ¡pum! le tiraba a uno ese periódico encima”… “Uno sentado en el computador, uno ahí dándole porque solo es moler y moler allá, y le tiraba el periódico encima del teclado, obviamente le cascaba a uno las manos”.

Sexista, misógino

“Yo lo que veía es que él se ensañaba sobre todo con los editores, particularmente con los editores [nota: probablemente quiso decir editoras], y con algunas de las periodistas. La percepción que yo tengo es que muchas veces se ensañaba con las mujeres, las trataba mal”.

“Cogía a las periodistas y les decía que por qué eran tan mal vestidas. Él las cogía y les decía: ‘Oiga, es que a mí las fuentes me dicen que ustedes se van muy mal vestidas a las entrevistas’.

“Recuerdo que le decía a una editora: ‘No servís para nada’. Y la frase más tenaz que escuché fue cuando le dijo: ‘Vos tenés que demostrar yo por qué te ascendí, o la gente va a decir que, porque sos bonita, yo te estoy comiendo’”.

Racista

“(…) Teníamos una compañera que es negra. Ella llevaba como 20 años en el periódico. Ella tenía un sueldo de periodista, aunque ejercía funciones de editora. Alguna vez Quijano le dijo a la editora: ‘Necesito que usted me saque a esta vieja’. Y la editora le dijo: ‘¿Por qué la voy a sacar?’. Y él: ‘Pues porque es negra’”, dijo otro exempleado.

Hincha de Nacional

“Él es súper hincha de Nacional. Una vez le puso un castigo a un periodista porque para poder entrar al estadio a ver el partido se puso una camiseta de Millos. Le puso turno al periodista por eso”.

Quijano, así, queda integrado a la larga lista de directores de medios de comunicación criticados por maltratadores por subalternos y exsubalternos, pública y privadamente, y que incluyen a Julio Sánchez, Claudia Gurisatti, Darío Arizmendi, Roberto Pombo, Yamid Amat, Martha Ortiz, Diana Calderón…

Vice hace un preámbulo en el que justifica la publicación de testimonios:

“El deber del periodismo y los medios de comunicación es permitir que aquellos temas incómodos de los que solo pocos hablan salgan a la luz pública y pasen a ser debatidos adecuadamente. En el fondo, con este artículo estamos dándole la posibilidad de expresarse a un grupo de personas, supuestamente afectadas de acoso laboral, que hasta hoy no habían encontrado una plataforma para hacerlo”, dice.

En realidad, lo que hizo ‘Vice’ fue ofrecer una plataforma para hacer acusaciones anónimas, porque con las redes sociales, lo que sobra es plataforma.

Las acusaciones anónimas no se circunscriben a lo que vivieron los ‘denunciantes’, sino de lo que fueron supuestos testigos, de lo que escucharon o lo que les contaron terceros.

Y se justifican por el temor que les infunde el efecto que una denuncia de estas características pueda causar a sus carreras. Asume que Quijano tiene un poder infinito en los medios.

¿Pero qué puede salir de una búsqueda exclusiva de detractores de cualquier persona, por ejemplo, del director de La República? ¿Qué podría salir de una convocatoria a exempleados de El Tiempo, RCN o cualquier medio para que hablen de sus jefes o la empresa que los sacó, si salieron en malos términos?

Solo puede salir un trabajo ‘periodístico’ incompleto, sesgado, carente de ‘verificación’. Publicar un trabajo así equivale a implícitamente validar las afirmaciones anónimas.

El equilibrio del portal no consistió en hacer ese ejercicio de verificación de las acusaciones o escuchar otras voces favorables al personaje acusado (como ejercicio de contrastación), sino darle a este la oportunidad de responder anónimos.

Quijano se abstuvo de hacerlo y aprovechó la oportunidad de la mediocridad de ciertos periodistas y otros que usan su posición para obtener prebendas (que, dicho sea de paso, también contiene acusaciones graves contra los periodistas):

“Como le escribí ayer tengo el principio de no responder acusaciones anónimas, máxime cuando vienen de personas que han sido retiradas de una sala de redacción exigente y muy competitiva como la nuestra, que debe protegerse de los periodistas negociantes, que fallan en las cifras, en los nombres, en la ortografía, que no estudian, en general, que no dieron la talla para ser formadores de opinión económica, empresarial o financiera.

Todos los días tratan de llegar al periodismo económico personas que solo ven en este oficio viajes, cocteles, becas, comidas e invitaciones, todo a cambio de noticias falseadas o tendenciosas; defecto que combinan con mala preparación, poco estudio y mala escritura. Son las lacras profesionales con las que debemos luchar frecuentemente”.

¿Por qué Vice no llamó otros 11 o 16 que hayan tenido una buena experiencia con Quijano, solo como ejercicio de contrastación? ¿Por qué no llamó a la mujer afro echada? ¿Por qué no llamó a las mujeres que participaron en el episodio en el que las conminaba a trabajar más duro para que nadie dijera que habían ascendido ‘dándolo’?

¿Indagó Vice si existen denuncias por hechos tan graves en el Ministerio del Trabajo, en Recursos Humanos de La República o testimonios en poder del sindicato? Y sigue un largo etcétera de preguntas que han debido formularse.

Los anónimos hubieran sido un insumo para una buena investigación. Nada más.

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