Modelos japonesas que fueron obligadas a hacer porno cuentan sus historias

Hombres que se hacen pasar por agente de casting las engañan y obligan a tener relaciones frente a las cámaras.

 
Mujer acostada en cama
iStock

Se dio a conocer el caso de un hombre que las convencía de firmar un contrato, pero cuando las jóvenes asistían al primer día de trabajo, se daban cuenta que habían sido engañadas para hacer pornografía.

Saki Kozai, de 24 años, contó su historia a AFP y dijo que todo empezó cuando un supuesto reclutador de modelos la paró en una calle de Tokio, prometiéndole posar en anuncios publicitarios.

Ahora tiene 30 años y forma parte de las mujeres que salen a la luz para clamar que actuaron obligadas y como consecuencia de lo sucedido, es adicta a los tranquilizantes y acabó aislándose porque la agencia la convenció de que rompiera los vínculos familiares.

La industria pornográfica japonesa genera miles de millones de dólares, según el sector, y produce unas 30.000 películas al año.

En junio fueron capturados tres reclutadores acusados de haber obligado a una mujer a aparecer en más de 100 vídeos pornográficos. Le pasó lo mismo que a Saki Kozai, creía que iba a ser modelo.

La asociación japonesa Lighthouse, que lucha contra el tráfico de seres humanos, afirma haber sido contactada en los primeros meses de este año por 60 actrices que intentan huir del sector, muchas más que el año anterior.

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Un informe de la organización de defensa de los derechos humanos Human Rights Now, con sede en Tokio, ha elaborado una lista de tácticas usados por los reclutadores para atrapar a sus presas. Amenazan con multas financieras astronómicas si intentan romper los contratos o bien las convencen de que no encontrarán otro empleo.

Otras veces los reclutadores desembarcan en los campus universitarios o en casa de sus víctimas para exigir dinero a los padres si ellas se niegan a trabajar, afirma el documento.

El año pasado, el tribunal del distrito de Tokio puso fin al intento de una agencia de extorsionar 24 millones de yenes (213.000 euros, 239.000 dólares) a una mujer que no quería actuar en una película porno, una victoria judicial inusual.

Koazi y otras mujeres víctimas de estos engaños esperan que con sus historias se cree conciencia y se pueda buscar una solución para evitar que otras mujeres caigan en estos engaños.

Fuente: AFP

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  • - AFP

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