Belleza bajo filtro: ¿estamos perdiendo autenticidad por los estándares irreales de las redes sociales?
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Visitar sitioLas redes sociales promueven una belleza inalcanzable que impacta la autoestima y la percepción personal.
En la era contemporánea, la presencia de la belleza ha alcanzado nuevos niveles de exposición a través de las redes sociales. Plataformas digitales como Instagram y TikTok están inundadas de imágenes que parecen alcanzar una perfección inalcanzable: rostros simétricos, cuerpos tonificados, pieles impecables y escenas de vida cuidadosamente orquestadas. Pero esta proliferación no representa únicamente una celebración de lo estético, sino que ha transformado la belleza en una medida pública y objeto de comparación constante. Según lo expuesto en el análisis de Diario Occidente, el fenómeno no radica únicamente en la existencia de estos modelos ideales, sino en la tendencia generalizada de confundir las imágenes editadas con la realidad misma.
Las imágenes que circulan en redes sociales no son resultado del azar. Detrás de cada publicación suele haber una planificación minuciosa: selección de ángulos favorecedores, uso estratégico de iluminación, aplicación de filtros y retoques digitales, además de la influencia de procedimientos estéticos muchas veces invisibles al público. Pese a saber que estas imágenes están manipuladas, el efecto psicológico permanece; el cerebro tiende a procesar las imágenes, reales o alteradas, como auténticas. Esto provoca un impacto emocional directo, generando inseguridad, sensación de insuficiencia y un proceso de comparaciones incesantes.
En contraste, la llamada belleza real trasciende la superficialidad de un instante detenido. Tal y como señala el texto, esta belleza vive en el movimiento, la naturalidad y la autenticidad de la experiencia corporal, con sus texturas, marcas y transformaciones. Sin embargo, el entorno digital prioriza lo que puede obtener mayor aprobación social—expresada en “me gusta” y visualizaciones—, restando valor a lo genuino y diverso por no ajustarse a la idea estándar de perfección.
Este fenómeno afecta especialmente la relación personal con el cuerpo. Muchas personas dejan de mirarse con objetividad, convirtiendo el espejo en juez y la cámara en referencia principal. El cuerpo, entonces, se percibe como un objeto que debe ser corregido para ajustarse a los modelos dominantes. A pesar del discurso que promueve la diversidad, los algoritmos de las redes sociales suelen reforzar ciertos patrones estéticos, excluyendo manifestaciones auténticas como arrugas, cicatrices o transformaciones naturales.
La búsqueda por alcanzar estas expectativas digitales perpetúa la ansiedad y la insatisfacción, en particular cuando se perciben los cambios naturales del cuerpo como pérdidas, y no como parte de una evolución vital. Según el artículo, esta presión afecta principalmente a las mujeres, quienes soportan una carga adicional por “mantenerse” jóvenes o dentro de los estándares. A pesar de esto, no se trata de condenar las redes sociales; reconocen que estos espacios pueden ser fuentes de creatividad y expresión, siempre que se consuma su contenido de manera consciente y crítica.
Entre las sugerencias destaca la importancia de diversificar el contenido que se consume y diseñar un espacio digital menos nocivo—seguir cuentas más auténticas, reducir el tiempo frente a la pantalla y observar con compasión la propia imagen. Reconocer que la belleza es una experiencia y no una imagen estática, reduce el desgaste emocional y permite una relación más sana con uno mismo. Finalmente, recuerda que la verdadera liberación radica en dejar de comparar la vida real con la belleza digital, reconociendo que el valor propio trasciende cualquier filtro o estándar virtual.
¿Por qué los estándares de belleza en redes sociales tienden a ser homogéneos?
Los algoritmos que dirigen el contenido de las redes sociales priorizan mostrar aquellas imágenes que reciben mayor interacción, generalmente las que replican ciertos rasgos y cuerpos idealizados. Aunque se habla constantemente de diversidad, lo que logra visibilidad y aprobación suele ajustarse a parámetros limitados acerca de juventud, complexión e incluso etnicidad. Esto genera un círculo en el que la variedad de la belleza real queda relegada, reforzando una visión homogénea y limitante.
Comprender este funcionamiento es crucial porque explica por qué tantas personas, al navegar por estas plataformas, confrontan sensaciones de insuficiencia o exclusión. La dinámica de las redes tiende a invisibilizar lo genuino de la vida cotidiana—sus imperfecciones, diferencias y cambios—, invitando a los usuarios a preguntarse si el contenido que consumen refleja realmente la pluralidad del mundo o simplemente un ideal imposible de mantener fuera de la pantalla.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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