La culebrilla no es solo cosa de edad: alertan sobre el riesgo oculto para quienes viven con enfermedades crónicas

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Solo 1 de cada 2 mayores de 50 sabe que una enfermedad crónica aumenta el riesgo de herpes zóster.

De acuerdo con una reciente encuesta global llevada a cabo por la farmacéutica GSK en el contexto de la Semana de Acción contra el Herpes Zóster, existe un desconocimiento significativo sobre los factores que incrementan el riesgo de esta enfermedad. Aunque el envejecimiento ya se reconoce como uno de los principales factores, el estudio, que recogió respuestas de más de 6.000 adultos en 10 países, revela que un 46% de los encuestados mayores de 50 años desconoce que vivir con una enfermedad crónica puede aumentar aún más la probabilidad de desarrollar herpes zóster.

Profundizando en los resultados, el 35% de quienes participaron en la encuesta considera que el control de su enfermedad de base elimina el riesgo adicional, mientras que uno de cada cuatro llega a pensar que su condición no afecta el sistema inmunológico, desconociendo el vínculo entre las patologías crónicas y la vulnerabilidad ante infecciones virales. No obstante, el herpes zóster representa un riesgo prácticamente universal: el 99% de los adultos podría desarrollar la enfermedad, especialmente a medida que la competencia del sistema inmune disminuye con la edad.

Los datos recopilados por GSK subrayan que las personas inmunocomprometidas, ya sea por vivir con diabetes tipo 1 o 2, enfermedad renal crónica, afecciones cardiovasculares o respiratorias, enfrentan un riesgo 51% superior de padecer herpes zóster. Esto se atribuye al impacto de estas enfermedades sobre la función inmunológica y a la mayor posibilidad de reactivación del virus varicela-zóster, agente que permanece latente tras la varicela inicial y que puede manifestarse años después en forma de dolorosas lesiones cutáneas.

Además de la elevada incidencia, los efectos sobre la vida diaria son notables. Según la encuesta, un 42% de los pacientes manifestó experimentar un dolor intenso, hasta el punto de limitar sus actividades diarias. El 31% reportó efectos emocionales adversos o aislamiento social, y el 25% señaló que subestimó la gravedad del cuadro clínico. Citando al doctor Víctor Saravia, gerente médico senior de vacunas de GSK Colombia, estos resultados ponen de manifiesto no solo el riesgo clínico, sino también la falta de información y de diálogo médico-paciente, considerando que el 54% de los encuestados nunca ha hablado del tema con su médico, a pesar de acudir regularmente a consulta por otras afecciones.

El herpes zóster, conocido popularmente como “culebrilla”, es una enfermedad provocada por la reactivación del virus de la varicela-zóster. Además del dolor y las lesiones cutáneas, puede complicarse con neuralgia posherpética, una afección marcada por dolor persistente que puede durar meses o incluso años y que afecta profundamente la calidad de vida.

Para reducir el riesgo, los expertos recomiendan fortalecer el sistema inmune a través de hábitos saludables y, especialmente, valorar la vacunación como una herramienta preventiva. Detectar los síntomas a tiempo y consultar al médico en las primeras 72 horas es fundamental para iniciar un tratamiento eficaz y evitar complicaciones severas. En suma, tanto las personas con enfermedades crónicas como los adultos mayores deben priorizar la información, la prevención y el diálogo clínico para mitigar el impacto de esta enfermedad.

¿Por qué la comunicación médico-paciente es tan relevante en la prevención del herpes zóster?
En el contexto de las enfermedades infecciosas asociadas a la edad y las condiciones crónicas, el diálogo entre paciente y profesional de la salud resulta fundamental para identificar riesgos, aclarar dudas e implementar estrategias preventivas efectivas. La encuesta citada por GSK destaca que más de la mitad de los encuestados nunca abordó el tema del herpes zóster con su médico, a pesar de tener un seguimiento regular para otras patologías.

Esta falta de comunicación puede dar lugar a una subestimación del peligro real y a una baja adopción de medidas preventivas, como la vacunación. Por tanto, fomentar conversaciones informadas no solo incrementa el conocimiento sobre la enfermedad y sus riesgos, sino que también empodera a los pacientes para tomar decisiones que protejan su salud a largo plazo.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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