Pavlova: el dulce que enfrenta a Australia y Nueva Zelanda y rinde tributo a una musa del ballet
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El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.
Visitar sitio¿Quién inventó realmente la Pavlova? Descubre el misterio y el vínculo con la mítica bailarina rusa.
El nacimiento de la Pavlova constituye uno de los debates gastronómicos más fascinantes del siglo XX. A pesar de que existen varias teorías en torno a su origen, la controversia más significativa se mantiene entre Nueva Zelanda y Australia. Ambas naciones reivindican la autoría de este emblemático postre y, aunque no hay un consenso definitivo sobre cuál de las dos tiene la razón, lo cierto es que el plato forma parte destacada del patrimonio culinario de la región. De acuerdo con datos recogidos por El Espectador, el punto común e indiscutible en la historia de la Pavlova es su dedicatoria: se creó en honor a Anna Pavlova, la famosa bailarina de ballet ruso, cuya gracia sirvió de inspiración para dar nombre y forma a esta especialidad dulce.
La Pavlova sobresale principalmente por su delicadeza y contraste de texturas. El postre se elabora a partir de merengue –clara de huevo y azúcar– que, al hornearse, consigue una capa externa crujiente que resguarda un interior cremoso y tierno. A este merengue, se le añade fécula de maíz, ingrediente clave que ayuda a mantener la suavidad en el centro. Trozos de fruta fresca, frecuentemente seleccionados por su acidez y jugosidad, coronan la preparación y aportan frescura, matizando así la dulzura característica del postre. Todo esto convierte a la Pavlova en una delicia que ha alcanzado las mesas de Europa y se ha integrado a las cocinas de celebraciones y ocasiones especiales.
El procedimiento de esta receta exige cierta destreza y paciencia. Como explicó El Espectador en una de sus publicaciones, primero se separan las claras de huevo y se baten junto con el azúcar, utilizando un baño María para facilitar la integración y posterior disolución del azúcar. El batido se realiza hasta obtener un merengue brillante y firme, capaz de mantener la forma y crear picos suaves. Formar pequeñas bolitas sobre una bandeja, hacer un hueco central y levantar picos en los bordes ayuda a otorgar la apariencia clásica del dulce, que no solo cautiva por su sabor sino también por su refinada presentación.
La cocción lenta a baja temperatura –alrededor de 100°C durante una hora y media– es fundamental para garantizar el contraste de texturas en cada pieza. Una vez fuera del horno, la Pavlova debe enfriarse completamente antes de ser rellenada y decorada. La propuesta de El Espectador sugiere un relleno de crema de guanábana, acompañado de trozos y bolipop de fresa, complementados por hojas de hierbabuena para añadir frescor y atractivo visual, listos para servir inmediatamente.
El diario también extiende una invitación a los apasionados de la cocina a compartir nuevas ideas con la periodista Tatiana Gómez Fuentes, abriendo así la puerta al intercambio creativo dentro del ámbito gastronómico.
¿Por qué se creó la Pavlova en honor a Anna Pavlova?La pregunta sobre la relación entre la bailarina Anna Pavlova y este icónico postre surge de la curiosidad por los homenajes culinarios. Según la información incluida por El Espectador, la Pavlova fue concebida para rendir tributo a la bailarina rusa durante una de sus visitas a Australia o Nueva Zelanda, aunque ambos países difieren en los detalles de la autoría. La elección de su nombre no es casual: la textura ligera y etérea del merengue busca captar de alguna manera la gracia y delicadeza del arte de Anna Pavlova en el escenario.
Comprender esta conexión ayuda a apreciar la dimensión artística y cultural del postre, más allá de su indiscutible atractivo visual y gustativo. Así, la Pavlova sigue evocando la elegancia del ballet y la creatividad en la cocina contemporánea, recordando que los grandes platos nacen a menudo de gestos de admiración y reconocimiento hacia personajes notables.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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