Vigilantes y vecinos resguardan edificios de Cuarto de Legua tras el terremoto del 10 de agosto
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Visitar sitioUn mes después del sismo, la vigilancia y la colaboración vecinal persisten en los sectores más afectados.
El pasado 10 de agosto, un terremoto devastador dejó al barrio Cuarto de Legua y a otros sectores enfrentando una realidad marcada por edificaciones gravemente afectadas y viviendas que debieron ser evacuadas por razones de seguridad. Algunos edificios terminaron en ruinas y, aunque sus habitantes se trasladaron a lugares más seguros, los vigilantes permanecen firmes cumpliendo sus labores de protección. De acuerdo con reportes de 90 Minutos y testimonios recogidos en el lugar, estos trabajadores continúan llegando diariamente, cuidando de lo que quedó y evitando que los edificios desocupados sufran robos o incursiones.
Según Roberto Balanta, vigilante del sector, su presencia ha sido determinante para neutralizar intentos de saqueo y garantizar la seguridad, no solo de los bienes materiales sino también de los transeúntes. Balanta afirmó de manera textual: "Estamos cuidando de que personas que tratan de adueñarse de lo ajeno no se metan a los apartamentos a hacer saqueos y también, pues, que cuidar de todas las personas que transitan por aquí por la calle". Esta labor ha sido indispensable, dado que los accesos ahora expuestos, tras los daños estructurales, dejan vulnerables las edificaciones ante cualquier posibilidad de hurto.
Pero la responsabilidad de resguardar los edificios no se limita a los vigilantes. Vecinos y antiguos habitantes del barrio también han jugado un papel fundamental recorriendo el sector y verificando el estado de las infraestructuras. Así lo explicó José Alexander Ambuil, habitante y rescatista voluntario, quien indicó que después del terremoto sigue regresando al sitio para asegurarse de que todo esté en orden, señalando la importancia de esta vigilancia constante.
Sin embargo, el trabajo de los vigilantes va más allá de cuidar objetos: muchos de ellos enfrentan el dolor de ver destruidos los lugares que fueron parte de sus vidas, como recuerda Cristian Ruiz, también vigilante del sector. Para algunos, proteger los escombros significa resguardar los recuerdos y la historia compartida con compañeros fallecidos durante el sismo, como el caso del guarda Víctor Acosta, quien perdió la vida junto con otras 17 personas. Un mes después del desastre, estas personas permanecen allí, dando testimonio de una comunidad que lucha por salir adelante y que no olvida el valor sentimental de lo que protegieron por tantos años.
Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
¿Cuál es el papel de los vigilantes en la protección de los edificios tras el terremoto?
Los vigilantes han asumido el compromiso de cuidar los edificios que quedaron desocupados y vulnerables después del terremoto, con el fin de evitar robos y saqueos. Su función consiste en hacer rondas permanentes y disuadir a quienes buscan aprovecharse de la situación. Además, su presencia aporta tranquilidad a los residentes y vecinos que todavía sienten apego por el lugar.
¿Por qué los vecinos y habitantes regresan a los edificios dañados por el terremoto?
Vecinos y antiguos habitantes vuelven a los edificios afectados para revisar cómo se encuentra la infraestructura y mantener presencia en el sector. Este regreso frecuente busca evitar que el abandono facilite actos delictivos y, al mismo tiempo, responde a un sentimiento de pertenencia y a la necesidad de proteger las memorias asociadas a esos espacios.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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