Pillan mentira de Petro en discurso en sur de Bogotá: ¿Colombia produce carros eléctricos?
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Durante su discurso presentando el balance de su Gobierno, el mandatario dio algunos datos que no corresponden a la realidad de exportaciones en Colombia.
La controversia económica y política no se hizo esperar luego de las polémicas declaraciones entregadas por el presidente saliente Gustavo Petro durante su discurso conmemorativo del 20 de julio, celebrado en el sur de Bogotá, específicamente en la localidad de Ciudad Bolívar.
En medio de su intervención ante la ciudadanía tras el desfile militar, el mandatario aseguró con total vehemencia que el país dio un giro histórico en su aparato productivo e industrial, afirmando de manera textual que Colombia ya se consolidó como un productor y exportador masivo de carros eléctricos, contrastando esta supuesta realidad con el pasado al señalar que antes ni siquiera se exportaba una sola bicicleta. Sin embargo, estas afirmaciones chocaron de inmediato contra la realidad técnica y comercial del sector automotriz nacional, desatando una ola de reacciones entre analistas económicos y expertos en la materia que salieron a desmentir tajantemente las cifras oficiales.
Una de las voces más críticas y detalladas frente a este pronunciamiento fue la del reconocido analista económico Víctor Grosso, quien durante su intervención en los espacios informativos de Blu Radio desmenuzó los datos reales que configuran el panorama actual de la industria en el territorio nacional. Según explicó Grosso con cifras y argumentos técnicos en mano, las declaraciones del jefe de Estado carecen de un sustento real en los mercados internacionales y locales.
El especialista indicó que, si bien es cierto que en el país existen algunos esfuerzos muy puntuales y limitados de ensamblaje enfocado en el transporte masivo de pasajeros —como ciertos modelos de buses eléctricos—, estas operaciones industriales dependen enteramente de la importación masiva de componentes, partes, chasises y tecnología provenientes fundamentalmente de mercados asiáticos. Se trata, por lo tanto, de ensamblajes específicos y de bajísimo volumen que distan por completo de constituir una cadena de producción nacional autosuficiente.
Es falso que Colombia exporte carros eléctricos!! Otra gran mentira!! Las importaciones se han incrementado pero no se producen! Hay un plan para llegar a hacerlo . pic.twitter.com/mmpOr8yk2L
— Henry Forero J. (@HENRYFOREROJ) July 20, 2026
Profundizando en el análisis, Grosso fue categórico al referirse al segmento de los vehículos particulares, aclarando que en este rubro Colombia opera de manera exclusiva como un mercado netamente importador. Las familias y ciudadanos que adquieren un automóvil eléctrico en el país compran unidades completamente terminadas que son fabricadas en el exterior, con un fuerte predominio de marcas y factorías ubicadas en China, varios países de Europa y México.
Por esta razón, el experto descartó de forma tajante la narrativa oficial que intenta posicionar a Colombia como un centro neurálgico o un polo exportador de vehículos impulsados por energías limpias. Afirmar que el país funciona como un hub exportador en esta materia carece de sustento empírico y contradice los reportes de importaciones y comercio exterior que manejan los gremios organizados del sector automotriz.
La distancia entre el discurso oficial y los datos reales del mercado pone una vez más sobre la mesa el debate en torno al manejo de las cifras económicas por parte del gobierno saliente. Mientras el Ejecutivo defiende un legado de transformación industrial y un supuesto salto exportador apalancado en la transición energética, los gremios y analistas insisten en que la infraestructura productiva de Colombia aún enfrenta enormes rezagos estructurales.
Para consolidar una industria de vehículos eléctricos se requiere no solo voluntad política, sino ecosistemas complejos de proveeduría de autopartes, desarrollo de tecnología propia, incentivos tributarios estables y una cadena de suministro de minerales críticos que el país actualmente no posee a escala industrial. De esta manera, el episodio deja en evidencia cómo la retórica gubernamental choca persistentemente con la frialdad de las estadísticas económicas, dejando al descubierto una brecha considerable entre los logros pregonados desde el poder y los verdaderos retos que afronta la economía nacional.
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