Del Petro que comenzó la presidencia “no queda ni la sombra”: María Jimena Duzán
La periodista, férrea defensora del presiente, lo ve ahora actuando sin cordura, sin autocrítica, y lo peor: “delirante”, “parece haber perdido la brújula”.
Que una de las periodistas más críticas del expresidente Álvaro Uribe y férrea defensora del actual mandatario de Colombia, Gustavo Petro, le encuentre aspectos negativos dice mucho de lo que pasó en Colombia en los últimos cuatro años. María Jimena Duzán le reclama a la izquierda la autocrítica que la debe caracterizar, porque es su consigna no solo de acción política, sino incluso moral.
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“A la izquierda no le gusta que se le critique, y menos a Gustavo Petro. Es una de las cosas que tiene que entender la izquierda, y es su grado de resistencia a las críticas que se hacen de periodistas independientes, como es el caso mío y de otros tantos colegas que hay en el país”, dijo la periodista en su podcast ‘A fondo con María Jimena Duzán’, comentado una muy dura columna que escribió sobre el jefe de Estado en el diario El País, de España.
Duzán se detiene en la decisión de Petro de no reconocer al presiente electo Abelardo de la Espriella por cuenta de que hubo un presunto fraude, “cuyas pruebas no ha podido presentar” ante la Fiscalía y tituló su columna ‘Petro y la urgencia de la cordura’, lo cual sugiere, porque no lo afirma, que el mandatario está actuando con insensatez, imprudencia, falta de juicio, en fin, con algún grado de enajenación.
“Cada vez es menos inspirador, más delirante”
Para la periodista, es claro que al presidente Petro el poder lo cambió en su paso por la Casa de Nariño. “El Petro que llegó al poder hace cuatro años es muy distinto al que va a salir el 7 de agosto”, escribe en el diario español. “El de hoy tiene más pelo, pero poco le queda de ese talante que le permitió leer el país y materializar la voluntad de cambio, acometiendo reformas sociales que por primera vez combatieron la inequidad”.
Y hace una comparación de las imágenes entre el primer discurso que pronunció el mandatario en la Plaza de Bolívar durante su posesión y su intervención en el más reciente consejo de ministros. Quizá Duzán se refiera al talante que tenía el presidente y que “le permitió leer el país” y al supuesto cuero cabelludo poblado de ahora.
Pero las imágenes revelan más detalles. Una cosa fue el presidente del 7 de agosto de 2022, impecable de traje y corbata, más la banda presidencial terciada. Lucía simplemente espléndido, impecable, y dueño de sí mismo. Y otra cosa es el descompuesto mandatario que regaña a sus ministros, con un buzo cuello de tortuga negro, sobre el cual llevaba una enorme camisa de yin, desteñida en la parte de los hombros, desabotonada hasta el pecho y arremangada.
El Petro del comienzo de su mandato, según Duzán, fue “digno y transparente, […] capaz de decirle a la fiscalía que investigara a su hijo Nicolás y a su hermano Juan Fernando con todo el peso de la ley, cuando estallaron los primeros escándalos de corrupción que hasta hoy comprometen a varios miembros de su familia”. Pero, de ese Petro “estadista, disruptor, que incomodaba al establecimiento con su fuerza política y no con insultos, no queda ni la sombra”.
Hay que poner los pies en la tierra
“El Petro que deja el poder parece haber perdido la brújula”, continúa Duzán en su columna de El País. “Cada vez es menos inspirador, más delirante y, por si fuera poco, está demostrando que es un mal perdedor. En lugar de aceptar el resultado electoral que dio de ganador a Abelardo De La Espriella —por escasos 248 mil votos— y de empezar a prepararse para pasar a la oposición, ha embarcado a la izquierda en la tesis del fraude electoral que él mismo ha ido revelando en sus cuentas de X, como si fuera un activista y no un presidente”.
También saca a relucir una de las más agudas críticas que se le han hecho a Petro por cuestionar el sistema electoral colombiano. “Resulta insólito ver al primer presidente de izquierda cuestionando al mismo sistema electoral que lo eligió hace 4 años y que además lo haga con base en unas denuncias etéreas, que ni siquiera han sido presentadas ante los organismos pertinentes”, escribe Duzán.
Otro episodio al que se refiere la periodista es la idea de la izquierda, encabezada por el candidato perdedor, Iván Cepeda, de convocar a una desobediencia civil. “No se dan cuenta que su insistencia por armar este muñeco tan difícil de explicar les quita legitimidad ante sus electores y le da municiones a Abelardo de La Espriella para afinar aún más su venganza y para justificar señalamientos sin fundamento, como el de referirse a Petro como el ‘jefe de la mafia’”.
“Que alguien les diga que imponer condiciones a un presidente electo al que no se le reconoce legítimamente es como pedirle peras al olmo”, advierte Duzán en su columna. “Para enfrentar a un gobierno como el que promete Abelardo de La Espriella, al parecer muy dispuesto a invertir su capital político no en gobernar, sino en ver cómo persigue a la oposición y cómo cumple con su sueño de extraditar al presidente Gustavo Petro, se necesita legitimidad y tener los pies en la tierra”.
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