Un ministro bachiller reafirma la (¿pobre?) idea que hay en Gobierno Petro sobre el mérito
El mandatario sigue con su línea de nombrar en cargos de dirección a personas sin los conocimientos ni la experiencia para desempeñarlos. ¿Para qué estudiar?
Con la designación en las últimas horas de Luis Alfredo Acosta Zapata como nuevo ministro de la Igualdad no ocurre nada nuevo. No hay que sorprenderse. Es la constatación de la idea que tiene el Gobierno del presidente Gustavo Petro en el sentido de que para ocupar los altos cargos del Estado no son necesarios el mérito y la competencia. Hay que decirlo con claridad: no se trata de que Acosta Zapata sea indígena o que solo haya alcanzado el grado de bachiller. Se trata de que tendrá un rol en el que debe aplicar competencias complejas. Su caso también confirma una de las más severas críticas que se le hacen al Gobierno: que es una caquistocracia, es decir que está manejado por los peores, las personas más incompetentes, o, en palabras de sus más severos detractores, ineptas.
La caquistocracia (o kakistocracia, del griego kakisto: peor / kratos: poder), en oposición a aristocracia (el gobierno de los mejores), es un término que están haciendo reflotar en el mundo de la política los populismos de todos los pelambres, de derecha o de izquierda. Es cierto que todos los gobernantes, para pagar favores políticos, por simple proximidad, por cuotas, cálculos políticos e incluso presiones, designan a colaboradores inútiles. En todos los gobiernos de Colombia ha habido, sin excepción. Pero la diferencia se marca cuando ese tipo de nombramientos dejan de ser la excepción y pasan a ser la regla.
Bachiller como ministro de Igualdad
Acosta Zapata —que tiene para mostrar como formación académica su título de bachiller, y como experiencia haber sido coordinador nacional de la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic), profesor indígena y jefe de la guardia indígena, sin haber estado en el sector público— se suma a una larga lista de casos en los que el Gobierno del presidente Petro ha postulado o nombrado a personas sin experiencia. La representante a la Cámara Katherine Miranda advierte que, con ese perfil, Acosta Zapata deberá trazar políticas públicas y manejar recursos, entre otras delicadas funciones, por lo que duda de sus capacidades para ser ministro. La revista Semana desempolvó que, en 2012, el hoy designado ministro de Igualdad fue “el promotor de la agresión a soldados en Toribío, que terminó con un sargento llorando”.
El anuncio de la designación de Acosta Zapata se hace cuando aún no se disipa la polvareda que viene levantando el caso de Juliana Guerrero, la joven a la que el Gobierno Nacional intentó a toda costa instalar como viceministra de Juventud (la alcanzó a designar en el mismo Ministerio de la Igualdad que ahora va a liderar Acosta Zapata) sin tener las cualidades para ello, incluso presentando un título profesional espurio pues se graduó en la Fundación de Educación Superior San José sin presentar la prueba Saber Pro, requisito indispensable en Colombia para obtener un título universitario. En los últimos días se conoció que Guerrero pagó por ese título los impuestos respectivos en la Dian.
La también representante a la Cámara Catherine Juvinao aseguró que en esta institución de educación superior opera un “cartel de expedición de títulos irregulares”, especialmente para algunos aspirantes a conseguir un puesto con el Gobierno. Esta semana se supo que uno de los estudiantes de la Fundación de Educación Superior San José, funcionario del Gobierno, se graduó de cuatro profesiones el mismo día. Y hoy está en medio de la tormenta Nelfy Melo Morales, secretaria del despacho del presidente Petro, que se graduó de tres carreras distintas el mismo día. “El caso de Juliana Guerrero es apenas la punta del iceberg”. “Los expiden [los títulos] a la medida de las necesidades de las entidades del Gobierno Petro”, dijo Juvinao en Caracol Radio, y reclamó por la inoperancia del ministro de Educación, Daniel Rojas Medellín, en este caso.
Precisamente, con el ministro Rojas, el presidente Petro, en una situación bochornosa pero célebre, había dado una muestra del desprecio que siente por la formación académica y el mérito. Hace un año, Rojas —que también accedió al cargo con poca experiencia— reprobó su tesis de maestría en Ciencias Económicas en la Universidad Nacional. Para el jurado, el trabajo de Rojas no cumplía con los estándares requeridos y presentaba debilidades argumentativas y de rigor teórico. “[Rojas] Está estudiando y no fue capaz de pasar la maestría, hombre. Que no se preocupe porque yo hice una maestría y ni tuve tiempo de presentar la tesis, así que usted va por delante de mí”, dijo Petro, y con eso el mandatario también puso el foco sobre su propia formación académica.
El mensaje no pudo ser más desolador, no solo para quienes cursan estudios superiores, sino para los que, habiéndolos culminado, participan en concursos de méritos para acceder a cargos en el Estado. Algo parecido pueden estar sintiendo los estudiantes que cumplen con sus obligaciones académicas en la Fundación de Educación Superior San José al ver el grave daño reputacional que ha sufrido esa institución pues su nombre no ha dejado de sonar, no por lo que debería ser (empleabilidad de sus graduados, investigaciones y publicaciones, o su reputación y los reconocimientos otorgados por organizaciones académicas y empleadores), sino por el señalamiento de que les vendió el título a Juliana Guerrero y eventualmente a otros.
Autoritarismo y totalitarismo desprecian mérito y competencia
A mediados del año pasado, el presidente Petro —a quien parecen no moverlo las razones técnicas, sino las intuiciones, incluso el carácter contestatario que lo conduce a tomar decisiones por irritar a la oposición, y en este comienzo de año la campaña electoral— ordenó eliminar varios requisitos para ser embajador de Colombia en el exterior, especialmente el del dominio del idioma inglés. “Cualquier hijo de obrero puede ser embajador”, dijo en su tradicional tono populista que busca igualar a la sociedad por lo bajo, desdeñando el esfuerzo, el mérito, y a quienes han alcanzado sus metas preparándose para ascender a punta de estudio.
Todo esto en respuesta a las críticas que venía recibiendo por nombramientos en cargos diplomáticos de personas sin experiencia previa en el servicio exterior. Como en el caso del ámbito de competencia del designado ministro de la Igualdad, Acosta Zapata, al mandatario le recordaron que para la representación de Colombia en el exterior los embajadores requieren tener conocimientos de unas funciones y unas instituciones que son muy complejas.
En unas líneas que resultan particularmente sobrecogedoras por la palpitante vigencia del fenómeno que analiza, la ganadora del Premio Pulitzer Anne Applebaum, en su libro ‘El ocaso de la democracia. La seducción del autoritarismo’, recuerda que el Estado unipartidista bolchevique no era meramente antidemocrático: “Era también anticompetitivo y antimeritocrático” porque “las plazas universitarias, los puestos relacionados con los derechos civiles o los cargos de responsabilidad en el gobierno y la industria no se asignaban a los más trabajadores ni a los más capaces, sino a los más leales”.
Applebaum, también profesora asociada en la London School of Economics y columnista de The Washington Post, recuerda que en ese Estado unipartidista bolchevique que impulsó Lenin hace un siglo, “las personas progresaban no gracias a su aplicación o su talento, sino porque estaban dispuestas a plegarse a las normas del partido”. Además, solo se permitía “la movilidad ascendente: los auténticos creyentes pueden progresar, una perspectiva que resulta especialmente atractiva para aquellos a quienes el régimen o la sociedad anterior no habían permitido ascender”.
Pero eso no ocurrió solo con Lenin, que sentía menosprecio por la noción de un Estado neutral, por unos funcionarios apolíticos y por una mínima objetividad en los medios de comunicación, y veía en la democracia parlamentaria “una máquina para la opresión de la clase obrera”. Applebaum recuerda que Hannah Arendt, en su obra cumbre ‘Los orígenes del totalitarismo’, ya observaba en la década de 1940 la atracción que ejercía el autoritarismo en las personas que estaban resentidas o se sentían fracasadas, cuando escribía que el Estado unipartidista del peor tipo “reemplaza de manera invariable a todos los talentos de primer orden, independientemente de sus simpatías, por necios y chiflados cuya falta de inteligencia y creatividad sigue siendo la mejor garantía de su lealtad”.
Los casos de un ministro con apenas el bachillerato, una cuasiviceministra que se graduó de manera irregular, otro ministro que no pudo sustentar su tesis de grado, así como el de virtuales embajadores “hijos de obreros” que no requieren del inglés para cumplir a cabalidad con sus funciones de representación del país en el exterior riñen con la imagen que quiere proyectar el presidente Petro con el lápiz que esgrime en la mayoría de sus intervenciones públicas, y que universalmente significa educación, formación, instrucción, ilustración, cultura, capacitación, preparación… Si al servicio del Estado puede llegar cualquiera, el mensaje que le llega a la sociedad es ¿para qué estudiar?
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