Hospitales al límite en Antioquia: historias de angustia en la crisis de urgencias que golpea a miles

Nación
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Colapsan hospitales en Antioquia: urgencias saturadas y pacientes sin atención digna por crisis de la Nueva EPS.

El Hospital San Rafael de Itagüí se ha consolidado como uno de los pocos refugios médicos disponibles para los usuarios de la Nueva EPS que requieren atención de urgencias. Esta situación se produce en un contexto complejo, dado que la Nueva EPS —entidad bajo intervención del Gobierno Nacional— enfrenta crecientes dificultades para financiar la atención de sus afiliados, quienes, ante el rechazo de gran parte de la red hospitalaria, deben recorrer amplias distancias para recibir asistencia, como lo reportó El Colombiano.

La carga de pacientes ha recaído de manera desproporcionada sobre algunos hospitales públicos, que, pese a los riesgos financieros, continúan recibiendo enfermos sin considerar el incremento de las deudas a su favor. Un testimonio que ilustra esta incertidumbre es el de Juliana Roldán, cuyo padre, de 65 años y diagnosticado con epilepsia, sufrió una crisis neurológica. Gracias a que contaban con un servicio privado de ambulancia, EMI, pudieron acceder rápidamente al San Rafael, aun cuando el proceso de atención resultó desgastante debido a la congestión de los servicios y la escasez de especialistas que, según relató, se tradujo en largas esperas para procedimientos esenciales como el ecocardiograma.

Datos suministrados por la Secretaría de Salud de Antioquia el martes 14 de abril evidenciaron la dimensión del problema: la ocupación promedio de urgencias alcanzaba el 120% en el Valle de Aburrá y el 116% en Antioquia, con hospitales emblemáticos, como el San Vicente Fundación y la Clínica Universitaria Bolivariana, presentando sobreocupaciones superiores al 190%. Por su parte, al menos 27 hospitales del departamento funcionaban por encima de su capacidad instalada. Este nivel crítico de saturación motivó a la Alcaldía de Medellín a declarar emergencia hospitalaria, buscando así presionar mediante acciones legales que el Gobierno Nacional garantice recursos suficientes para la sostenibilidad del sistema.

Los estragos para los usuarios se reflejan en escenas como las descritas por Llerince Muñoz Mejía, quien presenció cómo su madre de 76 años, afectada por bronquitis, debió esperar en silla hasta estabilizarse debido a la falta de camas. Casos semejantes abundan en centros como la Unidad Hospitalaria de Metrosalud de Belén, donde pacientes llegan exhaustos tras recorrer numerosos hospitales y son testigos de situaciones indignas, como personas tendidas en el suelo a la espera de atención.

La crisis trasciende los límites de Medellín. En hospitales de municipios como Turbo y Apartadó, los niveles de ocupación superan ampliamente el 150% y, en casos extremos, como el Hospital Francisco Valderrama de Turbo, llegan al 326%. Todo esto mientras la deuda acumulada por las Entidades Promotoras de Salud (EPS) con la red hospitalaria en Antioquia asciende ya a $8 billones, un pasivo que representa no solo una cifra, sino pacientes expuestos a demoras e incluso a riesgos de vida, como enfatizó el alcalde Federico Gutiérrez.

El problema encuentra su raíz más profunda en el incumplimiento de pagos por parte del Gobierno Nacional y las EPS intervenidas, una situación por la que la alcaldía ha solicitado sanciones judiciales a los responsables, pues, de acuerdo con decisiones previas, deberían haberse puesto al día con sus obligaciones para prevenir el colapso hospitalario. No obstante, los testimonios y los datos oficiales confirman que la crisis permanece y amenaza con agravarse mientras los compromisos sigan sin cumplirse.

¿Qué consecuencias genera la emergencia hospitalaria para la población más vulnerable?

Ante el desbordamiento de la capacidad de los hospitales en Antioquia, especialmente en el Valle de Aburrá, la población más vulnerable resulta la más afectada. Personas de la tercera edad, pacientes crónicos, niños y quienes carecen de afiliación activa a sistemas de salud deben enfrentar largas esperas y, en ocasiones, condiciones indignas para acceder a atención básica. Los relatos recogidos en hospitales, como los de pacientes en sillas u obligados a esperar en el suelo, reflejan el riesgo aumentado de complicaciones médicas y la amenaza que representa la actual coyuntura para quienes menos posibilidades tienen de buscar alternativas.

La saturación hospitalaria, la escasez de personal e insumos y la falta de respuestas oportunas por parte del Estado comprometen la calidad de la atención y exponen a los pacientes a daños adicionales. Estos efectos se agravan en regiones apartadas donde las opciones son todavía más limitadas, acentuando la urgencia de que se tomen medidas contundentes y sostenibles. ¿Qué otras soluciones pueden implementarse para proteger a estas personas mientras persista la crisis de financiamiento en el sistema de salud?


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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