Pánico en lujoso sector del Chicó (Bogotá): cables botan fuego cada vez que llueve en la zona
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Habitantes del norte de Bogotá completan una década de angustia exigiendo que las peligrosas redes eléctricas sean soterradas de una buena vez.
Chispas, estruendos y el fantasma latente de un incendio residencial mantienen en vilo desde hace más de una década a los habitantes del exclusivo sector de Chicó Navarra, en la localidad de Usaquén. El foco del peligro se concentra sobre la calle 103, entre las carreras 21 y 23, donde las redes de media tensión de Enel Colombia se han convertido en una pesadilla recurrente cada vez que se registran fuertes precipitaciones, ráfagas de viento o cuando las ramas de los árboles rozan el tendido eléctrico.
La dramática situación saltó a la arena política de la mano del concejal Juan David Quintero, quien expuso la alarmante desidia institucional que ha rodeado este caso durante diez largos años de gestiones infructuosas. “Esto no puede seguir pasando. En la calle 103, entre carreras 23 y 21, en el barrio Chicó Navarra, los cables de media tensión de Enel llevan años generando explosiones cada vez que llueve fuerte, hay viento o una rama entra en contacto con la red”, denunció enfáticamente el cabildante.
Los residentes de la zona no se han cruzado de brazos ante el peligro inminente. Durante este decenio, la comunidad ha agotado todas las vías administrativas posibles: han interpuesto múltiples reclamos formales, derechos de petición e incluso promovieron una acción de tutela en los estrados judiciales para obligar a una intervención urgente. Sin embargo, la respuesta sistemática por parte de Enel Colombia se ha limitado a culpar a la vegetación y a la falta de poda de los árboles circundantes por las fallas operativas de su propia infraestructura.
PELIGRO LATENTE EN USAQUÉN POR CULPA DE @EnelColombia 🚨
¡AHORA LOS CABLES ESTÁN EXPLOTANDO A PUNTO DE CAUSAR INCENDIOS EN LOS CONJUNTOS! 😡
Esto no puede seguir pasando. En la calle 103, entre carreras 23 y 21, en el barrio Chicó Navarra, los cables de media tensión de Enel llevan años generando explosiones cada vez que llueve fuerte, hay viento o una rama entra en contacto con la red.
Los vecinos llevan más de 10 años denunciando el problema. Han presentado reclamos, derechos de petición e incluso una tutela. La respuesta de @EnelColombia , según la comunidad, insiste en señalar a los árboles como responsables. Necesitamos respuestas @EnelColombia @Bogota
La propia comunidad señala que existen alternativas: instalar cables protegidos o soterrar la red. Mientras pasan los años, los cables siguen expuestos y las explosiones continúan.
Con la aprobación de nuestra propuesta, ahora la alcaldía de @Bogota podrá quitar esos cables en desuso, soterrar los nuevos que vengan y empezar a colocar bajo tierra los que están en uso.
Todo esto pagado por @EnelColombia, no por los bogotanos.
HAGAMOS QUE BOGOTÁ FUNCIONE ❤️
— Juan David Quintero (@JD_Quinteror) October 6, 2026
Ante la nula efectividad de los pañitos de agua tibia, los habitantes pusieron sobre la mesa dos soluciones técnicas viables para erradicar el riesgo: instalar cables protegidos o ejecutar el soterramiento definitivo de las redes en todo el corredor vial. Esta exigencia cobra especial relevancia en medio de la discusión normativa que se adelanta en el Cabildo Distrital. Quintero recordó que una propuesta promovida desde su curul abre una ruta jurídica para que la Alcaldía de Bogotá retire de una vez por todas los cables en desuso, entube las nuevas instalaciones y comience a llevar bajo tierra el cableado activo que hoy pone en jaque a la ciudadanía.
El concejal fue tajante al advertir que los multimillonarios costos de estas intervenciones no deben salir de los bolsillos de los contribuyentes bogotanos, sino que deben correr por cuenta de la compañía eléctrica: “Todo esto pagado por Enel Colombia, no por los bogotanos”. Mientras se definen responsabilidades y se ejecutan las obras correctivas, las familias de la calle 103 continúan mirando al cielo con temor cada vez que tormentas y ráfagas amenazan el sector, exigiendo soluciones de fondo antes de que el chispazo de una noche cualquiera derive en una tragedia mayúscula de proporciones incalculables en el norte de la capital.
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