"Cantaba y se tocaba la cabeza": testigo revela hecho premonitorio antes de la muerte de Yeison Jiménez
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Una de las personas que atendió a Yeison Jiménez en un restaurante en el municipio de Belén, minutos antes de la tragedia, contó lo que hizo el artista.
Minutos antes de la trágica muerte del cantante Yeison Jiménez el pasado 10 de enero, se conocieron detalles inéditos de sus últimas horas con vida, relatados por personas que compartieron con él un momento cotidiano, marcado por la música, la comida y una alegría que hoy resulta profundamente conmovedora.
(Vea también: Testigo que vio cómo murió Yeison Jiménez contó cómo fueron los 5 minutos de agonía de la avioneta)
Según el testimonio recogido por el programa ‘La red’, el artista había salido del municipio de Málaga con destino a Paipa, donde tomaría una avioneta rumbo a Marinilla. Sin embargo, antes de continuar su trayecto, decidió hacer una pausa junto a su equipo de trabajo en el municipio de Belén.
Allí ingresaron a un restaurante conocido como Los Porritas, alrededor de las 2:00 p. m. Los jóvenes que atendieron al cantante contaron al programa que, apenas llegó, pidió seis aguapanela para todos. Minutos después, solicitó seis truchas con sus respectivos acompañamientos y dejó claro que no había afán: “Que se demoraran lo que tuvieran que demorarse, pero bien asaditas”, habría dicho con amabilidad.
Mientras esperaba el almuerzo, el ambiente se llenó de música. Uno de los testigos relató que el artista comenzó a cantar de manera espontánea, interpretando una canción cuya letra hoy estremece a muchos: “Cuando yo me muera no quiero que lloren”. Según el relato, mientras entonaba esas palabras, se tocaba la cabeza y se pegaba, en retrospectiva, algunos interpretan como un presagio, aunque en ese momento todo se vivió con naturalidad y alegría.
Otra de las personas que lo atendió aseguró que el cantante comió dos truchas y bebió su aguapanela, siempre sonriente, cantando y compartiendo con Jefferson Osorio, su mánager, y el resto del equipo. “Estaba muy feliz, alegre, comía y cantaba”, recordaron, resaltando la energía positiva que transmitía.
Antes de irse, accedió con gusto a tomarse fotografías con el personal del restaurante, dejando un recuerdo imborrable para quienes jamás imaginaron que ese encuentro sería el último. Cerca de las 3:00 p. m., el grupo salió rumbo a Paipa, sin saber que esas horas previas quedarían marcadas como una despedida silenciosa.
Hoy, estos relatos cobran un valor especial entre seguidores y seres queridos, pues muestran al artista en su faceta más humana: cercano, generoso y profundamente conectado con la música, incluso en los instantes finales de su vida.
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