Medio siglo de heavy metal y cinco visitas después, Iron Maiden volvió a extasiar a Bogotá

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Tiempo de lectura: 12 min
Escrito por:  David Aponte Caballero
Actualizado: 2026-10-12 11:23:16

La banda británica convirtió el Vive Claro en un viaje por sus primeros años, con clásicos inmortales, gran puesta en escena y el regreso de ‘Infinite Dreams'

Iron Maiden convirtió el Vive Claro de Bogotá en un territorio de euforia colectiva. La banda británica celebró sus 50 años de historia con un repertorio construido a fuerza de guitarras memorables y una puesta en escena que hizo honor a su leyenda. El domingo 11 de octubre ofreció un espectáculo de esos que justifican cada salto, cada grito y cada momento de espera.

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La cita hizo parte de la gira ‘Run For Your Lives’, con la que la banda celebra sus 50 años y recorre una etapa fundamental de su trayectoria. En su quinta visita a Colombia, Iron Maiden desplegó una selección de canciones que conectó distintas generaciones de seguidores y convirtió el concierto en una experiencia que fue mucho más allá de la nostalgia.

Desde los primeros acordes hasta el último coro, el público respondió con una energía desbordada. Hubo momentos para saltar, otros para contemplar la dimensión teatral de la producción y varios en los que la música pareció suspender el tiempo. Entre todos ellos sobresalió uno especialmente esperado: el regreso de ‘Infinite Dreams’, una joya de 1988 que volvió a ocupar un lugar privilegiado en el repertorio en vivo.

Iron Maiden arrancó con sus raíces y desató la primera locura en Bogotá

Antes de que la banda se adueñara del escenario, ‘Doctor Doctor’, el legendario cover a UFO, sirvió para encender los ánimos. Los asistentes ya cantaban, saltaban y se preparaban para una noche que prometía recorrer buena parte de la historia del heavy metal.

Después llegó ‘The Ides of March’, instrumental que instaló una atmósfera de tensión y dramatismo, acompañada por imágenes que evocaban los primeros años de Iron Maiden: hasta la icónica 22 Acacia Avenue se pudo ver en los apoyos visuales que la banda escogió para su noche en Bogotá.

De fondo, la presencia de Eddie, la inconfundible mascota de la banda, con hacha en mano, reforzó el vínculo con ‘Killers’, el segundo álbum de estudio de la agrupación. La producción visual no se limitó a decorar el escenario: ayudó a construir una narración que acompañó la música y dio sentido a cada etapa del espectáculo.

Con ‘Murders in the Rue Morgue’, ‘Wrathchild’ y ‘Killers’, el Vive Claro terminó de entrar en combustión. Los saltos de la multitud sacudían las cámaras que transmitían las imágenes en las pantallas, mientras el bajo del jefe Steve Harris marcaba el pulso de una presentación que sonaba tan contundente como exigía la ocasión.

De hecho, en ‘Killers’, Eddie (de carne y hueso) hizo su primera aparición sobre el escenario para enfrentarse a Bruce Dickinson. El personaje, protagonista recurrente de los conciertos de Iron Maiden, volvió a demostrar que su presencia es mucho más que un recurso visual: es parte de la identidad narrativa de la banda y el público claro que respondió con euforia al verlo.

Dickinson también encontró espacio para conectar con el público. Saludó, agradeció la respuesta de los asistentes y presentó ‘Phantom of the Opera’ con una referencia a los libros y las películas que han explorado esa historia, antes de recordar que Iron Maiden también tiene una canción dedicada a ella.

“Ha habido libros, ha habido películas, pero lo más importante hay una canción de Iron Maiden… Phantom of the Opera”.

La respuesta fue inmediata. El clásico del álbum debut desató otra ola de saltos y coros, incluido el ya familiar ‘oe, oe, oeeee, Maiden, Maiden’. La intensidad creció todavía más con ‘The Number of the Beast’, una de las composiciones que consolidaron la dimensión internacional de la agrupación y que permitió apreciar la potencia vocal y el dominio escénico de Dickinson. ¿Qué sería de una celebración de 50 años sin uno de los himnos de la banda?

‘Infinite Dreams’ y ‘Seventh Son of a Seventh Son’: la mística se apoderó del Vive Claro

Después de semejante descarga de energía llegó uno de los episodios más esperados de la noche. ‘Infinite Dreams’, publicada en el álbum ‘Seventh Son of a Seventh Son’, apareció en el repertorio para transportar al público a un universo diferente.

Antes de interpretarla, Dickinson habló de los sueños extraños, una introducción que preparó el terreno para una canción en la que las atmósferas, los cambios musicales y la narrativa tienen tanto peso como la potencia instrumental.

El Vive Claro entró entonces en otra dimensión. La respuesta no se limitó a la euforia habitual: hubo una sensación de expectación compartida ante una canción que llevaba décadas ausente de los escenarios de la banda. Iron Maiden había recuperado el tema para esta gira en 2026, después de no interpretarlo en directo desde 1988. ‘Infinite Dreams’ fue lo que muchos fans soñaron durante años, por más redundante que suene. 

La emoción continuó con el bloque dedicado al álbum ‘Powerslave’. ‘Powerslave’, ‘2 Minutes to Midnight’ y ‘Rime of the Ancient Mariner’ conformaron una secuencia de enorme exigencia musical, con la que la agrupación mostró por qué aquellas composiciones siguen siendo piezas centrales de su legado.

Sabiendo en dónde estaba, durante la presentación de ‘Rime of the Ancient Mariner’, Dickinson evocó la grandeza del cóndor y advirtió sobre el albatros, una referencia que preparó a los asistentes para la historia inspirada en la obra de Samuel Taylor Coleridge. La producción recreó el carácter sombrío de la canción con imágenes y escenas que acompañaron sus pasajes más dramáticos. La narración de la muerte a bordo acentuó la sensación de frío y desolación, antes de que la banda retomara la fuerza instrumental de una de sus composiciones más ambiciosas. De verdad, durante ‘Rime of the Ancient Mariner’ se congeló el Vive Claro.

‘Run to the Hills’ devolvió al público a los coros multitudinarios. El grito colectivo acompañó uno de los himnos más reconocibles de Iron Maiden, pero la siguiente parada reservaba otra clase de emoción.

Con ‘Seventh Son of a Seventh Son’, la banda recuperó la atmósfera mística del disco homónimo. La imagen de Eddie, inspirada en la portada del álbum, dominó el fondo del escenario, con una representación de sus entrañas que parecía cobrar vida al ritmo de la música.

La interpretación fue creciendo por capas. Adrian Smith desplegó pasajes de guitarra cargados de dramatismo, a los que se sumaron Dave Murray y Janick Gers. Las melodías, los cambios de intensidad y la interacción entre los músicos elevaron la canción hasta convertirla en uno de los momentos más sobrecogedores del espectáculo.

En la batería, Simon Dawson asumió el reto de ocupar el lugar de Nicko McBrain, quien se retiró de las giras de Iron Maiden en diciembre de 2024. El músico británico, conocido por su trabajo junto a British Lion, el proyecto de Steve Harris, se integró a la formación para esta nueva etapa y respondió con una ejecución sólida, sosteniendo la potencia y la precisión rítmica que exige un repertorio de cinco décadas. Su presencia también marcó un nuevo capítulo en la historia de una banda que sigue adelante sin renunciar a la identidad que la convirtió en una leyenda del heavy metal.

Si el bloque de ‘Powerslave’ había destacado por su potencia, el de ‘Seventh Son of a Seventh Son’ encontró su fuerza en la atmósfera. Fue una demostración de que Iron Maiden puede mantener al público en movimiento y, al mismo tiempo, dejarlo suspendido en una composición que exige atención y entrega.

Alejandro Pérez, periodista de Arcadia, lo manifestó a Pulzo: “Lo del ‘Seventh Son of a Seventh Son’ no fue no fue normal. La mística fue demasiada”.

Eddie, los grandes himnos y un cierre que conectó generaciones

La aparición de Eddie como soldado acompañó ‘The Trooper’, otro de los momentos en los que la teatralidad de Iron Maiden se hizo protagonista. El personaje recorrió el escenario blandiendo su sable, mientras Dickinson ondeaba e intercambiaba las banderas de Colombia y Gran Bretaña. La escena reunió dos elementos esenciales de la banda: la fuerza de sus canciones y la capacidad de convertirlas en pequeñas representaciones teatrales.

‘Hallowed Be Thy Name’ elevó todavía más la tensión. Dickinson apareció encerrado en una celda, como un condenado que espera la horca, mientras los guitarristas y Harris se concentraban en el centro del escenario. La pantalla amplificó la historia y acompañó la salida del vocalista de su encierro. Al final, la imagen de Dickinson con la soga en las manos remató una interpretación que hizo de la puesta en escena un elemento inseparable de la música.

Después llegó ‘Iron Maiden’, la canción homónima que no podía faltar en una celebración de medio siglo. El tema reafirmó la identidad de una agrupación que ha construido su trayectoria alrededor de un sonido reconocible y de un repertorio que continúa pasando de una generación a otra.

Tras una pausa, necesaria para una banda de 50 años en la altura de Bogotá, el discurso de Winston Churchill sirvió como antesala de ‘Aces High’. La introducción abrió paso a otro clásico de ‘Powerslave’, que convirtió el regreso de la banda al escenario en una nueva explosión colectiva. Todos los presentes volaron, haciendo honor a la canción.

La atmósfera cambió con ‘Fear of the Dark’. La oscuridad del recinto y el coro de los asistentes crearon una de las imágenes más reconocibles de los conciertos de Iron Maiden: miles de voces acompañando una canción que hace tiempo dejó de pertenecer únicamente a sus autores.

El cierre llegó con ‘Wasted Years’, la única representante de ‘Somewhere in Time’ en el repertorio de la noche. La elección fue especialmente significativa para quienes han acompañado a la banda a lo largo de los años. La letra, atravesada por el paso del tiempo y la necesidad de valorar el camino recorrido, encontró un eco particular en un concierto dedicado a celebrar cinco décadas de música.

Desde su primera presentación en Colombia, el 28 de febrero de 2008, Iron Maiden ha regresado al país para reencontrarse con una comunidad que mantiene intacta su pasión. El concierto del Vive Claro volvió a reunir a seguidores que han crecido con sus canciones y a quienes se sumaron después a una historia que continúa escribiéndose en los escenarios.

Cincuenta años después de sus comienzos, Iron Maiden conserva la capacidad de convertir un repertorio en una experiencia colectiva. La noche bogotana tuvo guitarras descomunales, personajes que parecían escapar de las portadas de sus discos, momentos de oscuridad y canciones que hicieron temblar el recinto. Pero también dejó algo más difícil de medir: la emoción de escuchar en vivo temas que acompañan a sus seguidores desde hace décadas y descubrir que todavía pueden provocar la misma euforia. Con ‘Wasted Years’, el concierto terminó mirando hacia atrás sin quedarse atrapado en el pasado. Porque la historia de Iron Maiden se construye con los años que han transcurrido, pero también con los que todavía quedan por vivir al ritmo de su música.

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