Ferrari responde por el caos en Colombia: ¿por qué los clientes se quedaron sin sus carros?
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Clientes de Ferrari en Colombia, que desembolsaron más de 2.000 millones de pesos por carros de lujo, enfrentan ahora una incertidumbre tras cierre de vitrina.
Lo que comenzó como un problema manejado con total discreción entre los círculos exclusivos de coleccionistas de vehículos de lujo, ha estallado en un escándalo de dimensiones millonarias. La noticia sobre el cierre de la lujosa vitrina de Ferrari en el norte de Bogotá ha dejado a decenas de clientes en una situación crítica: pagaron por vehículos de alta gama, como el modelo Roma Spider —cuyo costo supera los 2.000 millones de pesos, sumando impuestos y personalización—, y hoy no tienen ni el carro ni la devolución de su dinero.
La crisis comenzó a revelarse cuando el representante suplente de Autos Italianos de Colombia, Henry Ávila, notificó que ya no formaba parte de la firma y recomendó a los compradores buscar asesoría jurídica para intentar recuperar sus inversiones. Posteriormente, se confirmó que Ferrari Norteamérica retiró la franquicia que operaba en Colombia y Panamá debido a que esta fue vendida sin la debida autorización de la marca.
A través de una carta fechada el 14 de julio de 2026, la nueva administración, ahora en manos de Autos de Alta Gama Holdings Inc., explicó el enredado entramado financiero que desembocó en este colapso. Según el documento, en octubre de 2024, el grupo empresarial otorgó un préstamo respaldado con la totalidad de las acciones de las distribuidoras en Colombia y Panamá. Al no poder pagar dicho préstamo, el 25 de mayo de 2026, las acciones fueron dadas en pago a Autos de Alta Gama Holdings Inc., que asumió el control total de las sociedades.
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El golpe definitivo llegó el 4 de junio de 2026, cuando Ferrari North America, Inc. notificó la terminación inmediata de los acuerdos de importación y distribución. Desde ese momento, las compañías perdieron toda facultad operativa, acceso a sistemas, garantías y capacidad para gestionar cualquier trámite vinculado a la marca italiana.
La nueva administración, que busca deslindarse de las decisiones tomadas por sus antecesores, asegura haber encontrado inconsistencias financieras, operativas y documentales tras tomar el control. En su comunicación, los nuevos responsables han sido tajantes: los fondos, anticipos y abonos recibidos antes del cambio de propiedad están bajo revisión y, por ahora, no cuentan con información verificada para garantizar plazos, entregas o devoluciones. “Establecer plazos o soluciones anticipadas podría generar expectativas que, en el estado actual, no es posible garantizar”, concluyó la misiva, dejando a los clientes en una incertidumbre absoluta sobre el futuro de su dinero.
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