Adolfo Zableh Durán
Opinión de Adolfo Zableh Durán

Adolfo Zableh Durán es periodista barranquillero de la Universidad Javeriana. Ha trabajado como empleado de planta,  colaborador y columnista en Pulzo.com, SoHo, Semana, El Tiempo, Fucsia, Terra, KienyKe, Futbolred, Diners, Caracol Radio, Señal Colombia, Credencial, Carrusel, Don Juan, Publimetro, Rolling Stone Latinoamérica y Cartel Urbano, entre otros.

Que Colombia sea el país del año es motivante, pero no tapa problemas

Con la paz a medio camino y con problemas ambientales, sociales, de polarización, corrupción y otras perlas, dan ganas de devolver el premio

 
Aficionado Brasil agradece a Colombia
La tragedia del Chapecoense ha unido más a los pueblos de Brasil y Colombia / Foto: Getty

País del año suena a mejor papá del mundo, leyenda que aparece en camisetas y pequeñas copas de plástico bañadas en dorado que se pueden comprar por monedas en cualquier miscelánea.

Pero eso dijo la revista The Economist y cualquier reconocimiento que venga del exterior, no importa el tamaño, lo recibimos con el júbilo de haber ganado el mundial de fútbol.

No se trata de salir a renegar del reconocimiento, que bastante amargados estamos ya, pero tampoco da para hacer fiestas. Yo salgo a la calle y no me siento en el país del año, ni siquiera en el barrio del mes. Tampoco me siento en el caos que nos pinta la oposición, pero lo que pasa con Colombia es que es una casa.

Tiene la sala y un par de cuartos en orden, y el resto de los espacios hechos un desastre: goteras en el comedor, fugas de gas en la cocina, filtraciones en los baños, y así hasta llegar al garaje. 

Bien aclararon en la revista que el premio se le daba a las mejoras hechas, no al estado actual del país, de ahí que venciéramos a Islandia y Canadá, naciones bien aburridas, pero infinitamente más desarrolladas que la nuestra.

En Islandia todo está tan organizado que cualquiera podría morirse del tedio (de hecho se suicidan por montones). Colombia, en cambio, exige tener el instinto de supervivencia bien afilado para volver sano y salvo a casa todas las noches, y eso también tiene su mérito. 

Fue la búsqueda de La Paz la que nos puso en el mapa del galardón, pero La Paz sola no alcanza. Es como cuando vamos mal en el colegio y tras ganar un par de exámenes, que no nos garantizan pasar el año, el profesor nos motiva a ver si seguimos por ese camino.

Motivación que le llaman. País del año es de esos premios políticamente correctos, como los Nobel, que los dan no solo por la obra del ganador, sino el lugar del mapa done está ubicado. Lo reparten para que haya en el papel el equilibrio geopolítico que en la práctica no existe. Por eso ganadores en años pasados fueron Myanmar y Túnez.

Con la paz a medio camino y con problemas ambientales, sociales, de polarización, corrupción y otras perlas, dan ganas de devolver el premio. No más esta semana salió la noticia de que 60 niños son abusados sexualmente al día, según Medicina Legal. Es un taxímetro. Abusan más de niñas de diez años que de mujeres de 20. Colombia, el país de la pedofilia también.

Colombia país del año produce lo mismo que Colombia país más feliz del mundo, cualquier cosa. Semejante año, el más duro que recordemos en mucho tiempo, y de lo mejorcito fue Colombia. Así tenía que ser después del 2016 que nos gastamos.

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