Opinión

Ariel Peña

En la actualidad soy columnista de Minuto30, el Espacio, Debate, Periodismo sin Fronteras y el Centro de Pensamiento Primero Colombia

Lucha de clases o 'vendetta' marxista

Esta práctica es igual a la de cualquier mafia.

De manera farisea en los últimos días, cabecillas guerrilleros y personajes proclives al totalitarismo, hablan de un supuesto “odio” porque algunos ciudadanos adversos al proceso de paz han cuestionado la claudicación de parte del gobierno.

Y eso si es el mundo al revés, ya que la estafa comunista del marxismo-leninismo que es seguida por las bandas narcoterrorista de las Farc y el Eln, es en los últimos 100 años para la humanidad, la madre del odio, la mentira y el crimen, pues no hay que olvidar que el comunismo es responsable de más de 150 millones de asesinatos perpetrados por los marxistas más conspicuos como son: Pol Pot, Stalin, Lenin, Mao Zedong, Kim Il Sung, Fidel Castro, y desde luego a las bandas armadas marxistas en Colombia les toca su parte de responsabilidad en esa calamidad.

El principio marxista de la lucha de clases es ni más ni menos que una ‘vendetta’, cuya práctica es igual a la de cualquier mafia.

El odio es el común denominador de la secta marxista-leninista, de ahí la consigna que ha enseñado el comunismo totalitario, a sectores ignorantes y atrasados que ha influenciado, acerca de que para ser un buen revolucionario “hay que amar al pueblo y odiar a su enemigo”, pero ¿cuál pueblo?

Si la fauna comunista tiene su propia semántica y, al término pueblo le colocan un significado diferente del que conocemos el resto de mortales.

Indiscutiblemente el odio es un patrimonio inamovible del marxismo, por ello no se explican las posturas hipocráticas de los miembros de ese engendro, ya que para que exista la lucha de clases debe haber un odio inmenso.

Hasta donde se sabe, ni las Farc ni el Eln piensan abjurar de la lucha de clases, tampoco el resto de mamertería que abraza el esperpento marxista, pues la diabólica lucha de clases según las entelequias totalitarias es el motor de la historia, entonces la batalla de ideas se tiene que poner al orden del día para frenar las intenciones hegemónicas comunistas que buscan avasallar al verdadero pueblo colombiano, y por ello no hay que confundir la lucha de clases con la lucha social.

La lucha social es inherente a la casi totalidad de los seres humanos, porque durante nuestra existencia tenemos necesidades tanto materiales como espirituales, lo que significa que las personas nacemos con necesidades, trascurre la vida en medio de esas necesidades y hasta la muerte de una u otra forma necesitamos del apoyo de los demás, por lo que la vida es una lucha permanente.

Como diría un dirigente de la Segunda Internacional de los trabajadores a finales del siglo XlX “el movimiento lo es todo, el objetivo final no es nada” con esa afirmación se desenmascararon los dogmas absolutistas de Karl Marx.

La lucha de clases planteada en el Manifiesto Comunista en 1848, promueve un ajuste de cuentas o ‘vendetta’, en donde supuestamente se pretenden vengar las injusticias cometidas en toda la historia.

Para ello los seguidores de la cáfila marxista en sus diferentes denominaciones por la concepción mágica de ese engendro, se creen iluminados para dominar a sus semejantes, creando dictaduras a perpetuidad con ejemplos claros en Cuba, Norcorea, China y Vietnam, y en Latinoamérica quieren imponer la misma fórmula con el socialismo del siglo XXl y el foro de Sao Pablo.

Desde luego Colombia hace parte del proyecto totalitario, y de ahí que se continua con la combinación de todas las formas de lucha, en donde las bandas narcoterroristas de las Farc y el Eln son parte importante del entramado.

Así que una cosa es la lucha social movida por nobles ideales para el bienestar de las gentes y, otra muy distinta es la lucha de clases que utiliza medios perversos para instaurar una esclavitud permanente en contra de los pueblos.

Porque las clases existen en la Zoología y la Botánica con los animales y las plantas, pero los seres humanos somos únicos e irrepetibles, y a las diferencias sociales y económicas hay que darles el titulo de estrato o nivel, pero nunca de clase, porque la terminología marxista no solo impulsa el odio, sino que busca con la violencia llevar a confrontaciones crueles, igual al caso colombiano en donde el comunismo totalitario le declaro hace 52 años la guerra al estado y la sociedad para tomarse el poder, utilizando sus bandas armadas.

La fabula de la lucha de clases se basa en el fetiche del materialismo histórico, en donde hasta el sátrapa de Mao Zedong, decía que esa era una ley objetiva independiente de la voluntad del hombre. Semejante exabrupto es propio de la fantasía enfermiza y burocrática producida por el marxismo, pues el oscurantismo del comunismo totalitario no tiene en cuenta el pensamiento ni el querer de las personas, sino que como cualquier secta religiosa cree de manera cerril en la superstición, cuando menciona al materialismo histórico y la inevitabilidad como leyes determinantes.

De la misma manera que el marxismo leninismo en una forma mendaz, dice luchar a favor de los pobres y en contra del capitalismo (que tiene diferentes acepciones), el nazismo y el fascismo también manejaban esa predica falaz, ya que tanto Hitler como Mussolini hablaban a favor de las masas necesitadas antes de llegar al poder, lo que significa que desde la visión del marxismo leninismo este par de genocidas podrían aparecer también como “padres del proletariado”.

El comunismo en Latinoamérica amenaza la democracia, usando diferentes marcas, para descrestar ingenuos, principalmente porque las viejas oligarquías que han parasitado con el manejo del estado durante largas décadas tienen un complejo de inferioridad frente al marxismo, de pronto asustadas con la monserga comunista del materialismo histórico y la inevitabilidad, creyendo el cuento tonto de que el futuro de la humanidad es del socialismo basado en el marxismo.

Por ello, dichas oligarquías más preocupadas en sus privilegios que en el futuro de sus países, no le han dado la lucha ideológica al comunismo totalitario, entonces esa tarea le corresponde hoy por hoy a las capas medias de la sociedad unidas con los sectores populares, y también a los estamentos nacionales e internacionales interesados en defender la libertad, porque si hay algo que asusta a los marxistas es el debate ideológico, ya que eso los paraliza, porque son huérfanos de argumentos para defender el bodrio marxista.

Al marxismo-leninismo hay que marginarlo de la lucha social, que es diametralmente opuesta a la tal lucha de clases, pues las reivindicaciones de los pueblos no pueden ser usurpadas por el totalitarismo, cuyos miembros buscan conquistar el poder político para montar dictaduras oprobiosas, envileciendo a las masas y echando para atrás la rueda de la historia; de ahí que hay que destacar que en Colombia se empieza a consolidar la movilización social de una manera destacada, como ocurrió con las marchas en contra del gobierno de Santos el pasado primero de abril, que independientemente de la agrupación política que las haya convocada se circunscriben dentro de la lucha social y política, que es un patrimonio antropológico e histórico de la humanidad desde que existe sobre la faz de la tierra.

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