Opinión

Ariel Peña

En la actualidad soy columnista de Minuto30, el Espacio, Debate, Periodismo sin Fronteras y el Centro de Pensamiento Primero Colombia

El sindicalismo, la izquierda y el marxismo

El atraso ideológico de algunos pueblos latinoamericanos conduce a echar en el mismo saco al sindicalismo, la izquierda y el marxismo.

En el caso colombiano la situación es todavía más confusa, pues en los llamados grandes medios de comunicación hay “líderes de opinión”, cuyo desconocimiento en la materia es craso, y promueven enormemente el desconcierto, con lo que la falta de discernimiento no permite que estos temas se aproximen a la realidad.

En primer lugar al esperpento marxista no le podemos dar una ubicación especifica en el espectro político, ya que es un híbrido que se viste de muchas maneras o se camufla y mimetiza en organizaciones democráticas, y asume un papel progresista o de izquierda cuando está en la oposición, pero al tomarse el poder cambia la postura, y se vuelve ultraderechista creando monarquías sanguinarias eternas como sucede con los Castro en Cuba o los Kim en Corea del Norte.

El marxismo-leninismo es una logia, cuyos miembros se creen predestinados para esclavizar a los demás seres humanos, porque sus dogmas del materialismo histórico y la inevitabilidad los llevan a un mesianismo enfermizo, como si al igual que los profetas judíos del Antiguo Testamento que menciona la Biblia, tuvieran un señalamiento divino.

En cuanto al sindicalismo, no se puede olvidar que el comunismo totalitario ha sido enemigo de la lucha de los trabajadores, y Lenin consideraba a los sindicatos como una simple correa de transmisión del partido o sea que son un objeto que se usa para la toma del poder.

Precisamente no hay que pasar por alto que lideres antimarxistas como Ronald Reagan y Lech Walesa quienes fueron presidentes de EE. UU y Polonia, respectivamente, antes de asumir la más importante dignidad de sus naciones habían sido sindicalistas destacados, y al ser enemigos acérrimos del comunismo totalitario, se convirtieron junto al papa San Juan Pablo ll en los protagonistas de la caída del muro de Berlín, que condujo a la debacle de la Unión Soviética.

La izquierda se consideraba en la revolución francesa como una corriente que buscaba las transformaciones sociales y el cambio de gobierno, luego el marxismo o comunismo totalitario que siempre pretende montar camarillas perennes en la dirección del estado, de acuerdo a las enseñanzas de la revolución francesa no se puede ubicar específicamente en la izquierda, de ahí hay que aseverar que el marxismo por su ceguera y superstición es antihistorico y no tiene ni vigencia ni defensa, y lo único que le ha aportado a la tierra son grandes desgracias y sufrimientos.

Entonces en buen romance excluyendo al marxismo-leninismo; para que exista una izquierda auténtica, civilizada, democrática y pluralista, tendríamos que en el caso político colombiano esa izquierda estaría conformada esencialmente por la social democracia, sectores del liberalismo, organizaciones sociales y sindicales (respetando el libre examen) y grupos libertarios, entre otros.

Hay asuntos morales que se ventilan en la mencionada izquierda como el aborto, la eutanasia, el matrimonio gay, la adopción de niños por parte de parejas homosexuales etc; cuestiones que si las miramos desde el punto de vista del liberalismo clásico, se deberían de tomar como comportamientos individuales en una actitud frente a la vida que la sociedad y el estado deben de analizar, buscando no perjudicar a otros, ya que la libertad de la persona acaba en donde comienza la de los demás; haciendo énfasis en la responsabilidad propia del individuo y la sociedad en su conjunto; así que la conducta personal solo se restringe cuando afecta a otros, y el respeto y la tolerancia deben de ser premisas fundamentales para no agredir ni material ni moralmente al ciudadano.

Otra situación frente al comportamiento ético y moral del individuo es el marxismo cultural, diseñado por la escuela de Fráncfort a principios de los años veinte del siglo pasado del cual como su máximo exponente se puede considerar al comunista italiano Antonio Gramsci muerto en 1937, quien enseñaba a desordenar y lumpenizar a las masas para volverlas más afectas a un Estado marxista.

Teniendo en la actualidad ejemplos patéticos del marxismo cultural, en el caso del gobierno chavista venezolana quien estimula la delincuencia, trayendo como consecuencia una enorme cantidad de homicidios, que son el patrimonio de los colectivos bolivarianos, y desde luego estos son agenciados por el régimen, para que la población viva con miedo y en permanente zozobra y, así no se logre liberar de una dictadura que pasó de los 18 años.

Pretendiendo la camarilla narcochavista en Venezuela perpetuar el sistema; y al igual que el vecino país, todos los gobiernos comunistas han utilizado el marxismo cultural, para evitar que la ciudadanía pueda llevar una vida ordenada y decente, ya que ello atentaría en contra de la alienación marxista que busca defender la nomenclatura que enajena a los pueblos que han caído bajo su férula.

La incompatibilidad entre sindicalismo y marxismo es inocultable, sin dar lugar a encuentros, porque desde la aparición del comunismo totalitario,  siempre este aspiró a tener el dominio de las organizaciones de los trabajadores, no para propiciar las reivindicaciones sociales y económicas de los obreros sino para utilizarlos como herramienta, buscando la toma del poder político para implementar una dictadura en donde a los primeros que se atropella es a los trabajadores, por ello fue que se repudiaron las tesis de Karl Marx en la primera y segunda internacional de los trabajadores en el siglo XlX.

Así que el destino del marxismo igual que el nazismo, el fascismo y el apartheid es el basurero de la historia, pues su carácter absolutista e inhumano no le da cabida dentro de la civilidad, la ética y la lógica.

Entre la izquierda autentica y el sindicalismo sí hay afinidades, eso sí respetando el pluralismo, porque la autonomía sindical es el centro de gravedad del accionar de los trabajadores, pues no se puede permitir que sectas como el marxismo manipulen la lucha obrera, por ello no deben existir vínculos entre las organizaciones de los trabajadores y el comunismo totalitario, ya que eso encamina a una situación kafkiana, o como se dice tradicionalmente es revolver el agua con el aceite.

Los partidos socialistas de Europa renegaron del marxismo en la década de los setenta del siglo XX, para que fueran considerados como organismos democráticos.

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