Opinión

Andrés Piñeros Latorre

Periodista de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, con trayectoria en El Espectador, Radio Melodía, Colprensa, el diario La República y El Periódico de Bogotá.

Buscando la punta de los nudos gordianos en la información de los medios colombianos

La línea entre la verdad y la mentira se pierde. En breves minutos o tan solo segundos, la información es desplazada

Las informaciones en Colombia son como una enorme madeja de lana o hilo, totalmente enredada. A pesar del esfuerzo por encontrar la punta de la cuerda, el origen de tremendo nudo gordiano no aparece. Son tantos los problemas y dilemas, que habría que destacar un “batallón” de investigadores, ya sea fiscales o periodistas, para lograr explicar los fenómenos diversos que ocurren uno tras otro sin parar.

No hay que ir muy lejos, pero tal vez sí tener buena memoria y una capacidad de distanciarse de los hechos concretos, para lograr interpretar y comprender lo sucedido. Otro aspecto es entender que algunos temas no deberían tener una prescripción tan corta. Es decir, el plazo de vencimiento de la investigación no tendría que ser tan corto.

Ese es el caso de escándalos como Odebrecht, que parece pasarán al olvido en los próximos días, con tan solo tres años de haberse dado los sucesos. Así, de manera indirecta, entre más importantes son los protagonistas menos fuerte resulta la justicia.

De otro lado, como en la física, el impacto de noticias como el escándalo de Uribe-Samper ha sido tan fuerte y ha copado por todos lados a los medios, tanto tradicionales como redes sociales, que probablemente en pocos días la discusión terminará y, fácilmente, pasará al olvido.

Mientras tanto hay eventos que, aunque son bastante importantes, duran apenas uno o dos titulares. El grave asunto de la aftosa es uno de ellos. Una epidemia que está poniendo en crisis un renglón clave de la economía, tanto para la producción como la alimentación, hacia el interior y exterior del país. Sin embargo, la información rápidamente va pasando a las páginas interiores de los medios.

Otra historia, de la que apenas se oyeron comentarios, sin lograr resolverse, es la de la extraña explosión que se dio en un edificio al norte de la capital. Donde inicialmente se dijo que se trataba de una explosión de residuos, de basura, por acumulación de gases, que destruyó los hogares de muchos bogotanos de origen sencillo.

Y hablando de pequeñas y misteriosas tragedias, estuvo la del fuego que apareció en el hotel del Agora, la construcción vecina de Corferias. Afortunadamente todo no fue más que un susto, ya que al estar esta construcción a pocos metros del recinto donde se celebraba Agroexpo, los bomberos pudieron reaccionar a tiempo.

Cada día aparecen más y más nudos gordianos, en esas madejas en que se han convertido los hechos noticiosos que gracias a las redes sociales, a la posibilidad de convertir en acontecimientos cualquier situación que sea posible captar a través de la lente de un celular.

Pero con mayor razón, es importante que los periodistas, ya sean de profesión o afición, entiendan la importancia de lo que antes manejaban las unidades investigativas en los diarios o revistas, que permitían desenredar las madejas. Organizar los hechos para lograr hacer entender el cómo y el porqué de los sucesos a sus audiencias.

Ahora pasan demasiadas cosas al mismo tiempo. En tan solo breves instantes los famosos twitts, Facebook e Instagram “torpedean” las redes. Donde lo que importa no es entender lo que sucedió, reflexionar sobre los acontecimientos, sino alcanzar a que la memoria capture los sucesos, pero no la memoria de los individuos, sino la del iphone o android. A la manera de breves chistes, de eso que llaman gifs, los temas de conversación terminan apoyándose en los whatsaps o messenger de los celulares.

La línea entre la verdad y la mentira se pierde. En breves minutos o tan solo segundos, la información es desplazada. Al final lo que importa es el efecto, la sensación, la emoción que se genera en la audiencia, en esa persona ubicada frente a un equipo electrónico, donde hay una expresión digital, virtual, que difícilmente se puede valorar en su real dimensión, en su veracidad.

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