Las promesas de Uribe en Domingo de Ramos: bajar impuestos y subir salarios

La oferta la hizo después de abandonar el Congreso, cuya sesión de este día estaba dedicada a escuchar a las víctimas del conflicto.

Álvaro Uribe
Álvaro Uribe| Twitter Álvaro Uribe

Pero el senador y jefe del Centro Democrático no solo dijo eso: también anunció que bajará el impuesto predial. Ese combo de tres beneficios que tocan directamente el bolsillo lo tendrán los colombianos “si el año entrante hay un gobierno de compañeros nuestros”.

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En su improvisada y airada intervención en plaza pública (en la Plaza de Bolívar de Bogotá, para ser exactos) y ante unas pocas personas, el expresidente hizo recordar inevitablemente el discurso del político en campaña que aspira a conseguir el voto de los electores.

Uribe había salido del Congreso aduciendo que no se le había respetado el derecho a la réplica para responder a las acusaciones que le hizo Gloria Gaitán, hija de Jorge Eliécer Gaitán. Estaba junto a otros miembros de su bancada en las escalinatas del Capitolio. Él estaba sentado.

En un intercambio con algunas personas que estaban allí, comenzó por hacer alusiones al clima, sin mayores pretensiones: “Está bastante frío el día, pero hay que mantener el corazón caliente”, dijo, y ante esa sola expresión, alguien gritó: “¡Este sí fue un buen presidente!”, y el senador, de inmediato, se levantó, se abotonó el saco, y no dejó pasar la oportunidad.

“Para hablarle a esta comunidad aquí, llamemos a los comunicadores”, pidió a su séquito, y después contó por qué había dejado el recinto del Congreso, pero de inmediato pasó a sus obras de gobierno: “Yo cerré 460 entidades del Estado, porque gastaban y gastaban burocracia. Esa plata hay que meterla en Familias en Acción, hay que meterla en salud, hay que meterla en la universidad, hay que ponerla en el Sena…”.

Además de hablar de las víctimas, de las Farc como victimarias y de los paramiliatres (a los cuales su gobierno, según dijo, los “enfrentó, metió a la cárcel y los extraditó”, en suma, los “acabó”), se refirió a una nueva víctima en Colombia: la economía.

Entre vivas y bravos del reducido grupo que lo aplaudía, y ya con un tono más afectado y agitando sus brazos, Uribe también habló de la salud, de la Ley 100 (“Si quedó mala, que la reformen”) y acusó al gobierno de Santos de entregar Caprecom y Saludcoop “a políticos corruptos”.

Pero, de repente, alguien le gritó: “¡Gracias por acabar las horas extras, señor expresidente!”.

“¡Yo no acabé las horas extras!”, repuso el senador.

“¡Muchas gracias por los paramilitares! ¡Muchas gracias por la pobreza que se ve ahorita!”, continuó, irónico, el que le gritaba.

La rechifla contra el espontáneo se agudizó, y Uribe dio su explicación: “Yo disminuí recargos para que hubiera trabajo por la noche en hospitales, en clínicas, en restaurantes… ¡No acabé horas extras!”. Y ahí soltó su promesa ya un poco descompuesto: “Pero mire: ¡si el año entrante hay un gobierno de compañeros nuestros, hay un compromiso solemne: bajar los impuestos, congelar el predial y subir os salarios!”.

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