La espía que no aceptó la misión de matar a Fidel Castro

Marita Lorenz no fue capaz de cumplir la orden que le había encomendado la CIA.

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Marita Lorenz vive en Baltimore, EE.UU.| Pantallazo Los Informantes

Lorenz, alemana de nacimiento, conoció a Fidel cuando solo tenía 18 años a bordo del barco de pasajeros que tripulaba su padre. Ella lo recuerda como el más alto y el más guapo de un grupo de barbudos que subieron a la nave. Después de seis horas de conocerse, el comandante le escribió un “te quiero” en una servilleta y le robó el primer beso, publicó Los Informantes.

Esa misma noche, Fidel la llevó al hotel Hilton, que era el cuartel general de la revolución, y de madrugada se despidió de ella con la promesa de hacerla primera dama de Cuba. Una semana después, él la llamó y le dijo que si quería regresar a la isla para que trabajara como su secretaria. Antes de colgar ya la esperaba un hombre en la puerta con la misión de llevarla a La Habana, relata el informe.

Lorenz relató:

Hizo mandar un avión de Aerolinea Cubana. Yo fui la única persona en el avión. Había azafatas y capitán, pero ningún otro pasajero.

Ella se fue a vivir a una habitación del hotel Hilton, y pasó a ser una de las personas más cercanas de Fidel, tanto que le firmaba papeles en blanco y Lorenz decidía las ordenes, revela el programa.

Los Informantes

Marita cuenta la vez que supo que estaba embarazada y se lo dice a Fidel, su respuesta fue:

¡Eso es fantástico! ¡Tendremos un hijo cubano-alemán!”

A los ocho meses, Lorenz sufrió un desmayo repentino. Ella asegura que fue drogada y le provocaron el parto, solo escuchó el llanto de un bebé, pero no lo vio.

Lorenz regresó a Nueva York, donde era esperada por agentes de la CIA que le dijeron que Fidel había matado el bebé y que ella era la única que podía salvar al mundo del comunismo. Ella recordó en la entrevista lo que le mandaron a hacer:

Usted conoce bien los movimientos de Fidel, y solo tiene que dejar esto en su café y después se va. Y yo les pregunté, ¿quieren que lo envenene?, ¿cierto?”.

Marita aceptó, conservaba la llave del hotel donde había vivido durante casi un año y el uniforme revolucionario que solía vestir en La Habana, ella narró: “Así que volví con esas estúpidas pastillas, las guarde en el bolsillo de mi pantalón y pensé debo botarlas antes de llegar al aeropuerto José Martí,  y las metí en un tarro de crema. Las pastillas nunca lo despertarían, era algún tipo de veneno, así que lo boté todo al inodoro. Estaba asustada y enojada”.

En sus manos tuvo la vida de Fidel Castro, pero en los documentos de la CIA aparece que fracasó. Ella no mató a Fidel y no le dieron pensión.

En 1981, con un permiso especial del gobierno cubano, Lorenz pudo volver a la isla y conocer ese bebé del cual solo había oído un llanto. Ahora se llamaba Andrés, tenía 28 años y era médico. Lo cuidó una pareja mayor que también había cuidado a Fidel cuando era niño, relató Los Informantes.

Pero esta es solo una de las historias de Lorenz, una mujer que a los 5 años sobrevivió a un campo de concentración nazi y emigró con su familia a Nueva York. Dentro de sus movimientos en la CIA conoció a Lee Harvey Oswald, inculpado de asesinar a John F. Kennedy; fue amante de Marcos Pérez Jiménez, el dictador venezolano que subió al poder en los años 50, con él que tuvo una hija.

Sin embargo, ella, a sus 76 años, solo añora volver a Cuba y caminar con Fidel por el malecón de La Habana, finaliza la nota del programa.

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