Hombre se masturba en baños públicos por razones humanitarias

Lo hace por una razón: donar su esperma a parejas homosexuales o que no pueden tener hijos; ya tiene 22 criaturas.

 
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Además, Ari Nagel, un profesor de matemáticas de 40 años que vive en Brooklyn, Nueva York, es un tipo de buen corazón y buena pinta, pues no cobra por sus favores y, para quienes consideren que sus rasgos son atractivos, mide 1,90, es saludable y tiene ojos azules, señala The New York Post.

El hombre se dio a la tarea de hacer felices a las mujeres desde hace 12 años, durante los cuales ha ayudado a traer al mundo a 22 niños de 18 mujeres de diferentes etnias y condiciones socioeconómicas.

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Por lo general, Nagel acuerda una cita con una mujer en un sitio público, por seguridad de ella, él entra al baño, obtiene su muestra de esperma en un vaso desechable, sale del baño, se la da a la mujer, ella entra al baño de damas y se insemina.

Claro que a veces Nagel hace el favor completo, y es que tiene sexo con ellas para embarazarlas, a veces con la pareja al lado de la mujer “mientras le sostiene la mano y le da apoyo”, dice este ‘profe semental’, quien tampoco cobra por eso.

Pero tener un gran corazón no le ha servido de mucho, pues de los 22 hijos que ha engendrado, ha sido demandado por paternidad por los primeros 5 vástagos: “Eso me quita más de la mitad de mi sueldo pero yo lo sigo haciendo, eso sí, pidiéndoles a las mujeres que ayudo que por favor no me vayan a demandar”.

Este hombre es diferente de cualquier donante de esperma que se conozca, pues mantiene relación de amistad con varias de las mujeres que ha inseminado y hasta conoce a sus hijos, a los cuales a algunos les ha dado el apellido. Muchas de ellas también le piden que pase un tiempo con los niños, a lo cual él accede sin objetar.

Algo que también llama la atención es su alto índice de éxito cuando de embarazar a una mujer se trata, algo que según él, se debe a una alta densidad de espermatozoides de 85 millones por milímetro: “En la Clínica Mayo me dicen que nunca habían visto nada igual”, se ufana, aunque informes de esa clínica dicen que un conteo normal está entre 15 millones y 200 millones por milímetro.

A pesar de los líos jurídicos que esto le ha acarreado, el hombre dice no arrepentirse y asegura que lo seguirá haciendo, pese a que siente que ya se está volviendo viejo para “hacer el trabajo”.

“Desde el punto de vista financiero estoy en bancarrota, pero estoy muy feliz en cómo han resultado las cosas. Qué más puedo pedir, tengo 22 millones en el banco, representados en mis hijos”, apunta.

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