El secreto de los tardígrados: ¿pueden estos “osos de agua” sobrevivir al próximo apocalipsis nuclear?
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Visitar sitioUn diminuto animal es clave para entender cómo la vida resistiría tras un apocalipsis nuclear.
La posibilidad de una guerra nuclear representa una de las mayores amenazas para la existencia de la vida en la Tierra, debido a las consecuencias catastróficas que podría desencadenar. No se trata únicamente de la destrucción inmediata que causan las explosiones de las armas nucleares, sino también del larguísimo efecto ambiental que conllevan. Según información publicada en Diario Occidente, la comunidad científica ha modelado los efectos secundarios de un conflicto nuclear a gran escala, destacando la preocupación por el llamado “invierno nuclear”. Este fenómeno se caracterizaría por el oscurecimiento duradero de la atmósfera terrestre, generado por ingentes cantidades de hollín suspendidas en el aire, capaces de bloquear la luz del sol durante años y reducir drásticamente las temperaturas globales. Como resultado, las cosechas fracasarían, los ecosistemas colapsarían y una hambruna planetaria pondría en jaque a la mayoría de las especies animales y vegetales.
En ese contexto límite, resulta relevante preguntarse si algún organismo podría resistir. Entre los candidatos más notables se encuentran los tardígrados, diminutos seres conocidos coloquialmente como “osos de agua”. Estos animales, con un tamaño menor a un milímetro y forma invertebrada, presentan una estructura corporal segmentada acompañada de ocho patas provistas de garras. Pese a su apariencia modesta, los tardígrados poseen un sistema nervioso, aparato digestivo y musculatura, integrándose plenamente al reino animal. Desde su descubrimiento en 1773, la ciencia ha identificado más de 1.300 especies distribuidas prácticamente en todo el globo. Los tardígrados se encuentran en ambientes tan diversos como los musgos, líquenes, suelos húmedos o sedimentos marinos, así como en regiones polares y cumbres de gran altitud, lo que atestigua una adaptabilidad extraordinaria.
Precisamente esta adaptabilidad ha despertado el interés de la comunidad científica. Según los datos del artículo de Diario Occidente, los tardígrados tienen la capacidad de sobrevivir a condiciones ambientales extremas gracias a un proceso llamado criptobiosis. Cuando se enfrentan a situaciones críticas –como deshidratación, temperaturas extremas, radiación o presión elevada– los tardígrados descienden su metabolismo a niveles casi nulos, pierden más del 95% del agua de su cuerpo y adoptan una forma conocida como "tun". En este estado, su resistencia es tal que pueden soportar temperaturas desde cerca del cero absoluto hasta por encima de los 150 grados Celsius, sobrevivir presiones superiores a la de las profundidades oceánicas, tolerar altos niveles de radiación o incluso el vacío espacial. Experimentos citados por la publicación han demostrado que algunos tardígrados han soportado la exposición directa a la radiación cósmica en el espacio exterior.
La explicación de su increíble supervivencia radica en su biología singular: producen proteínas específicas para proteger su ADN y reemplazan el agua interna por azúcares y otras moléculas que estabilizan sus componentes celulares. De este modo, logran permanecer años o incluso décadas inactivos, hasta que las condiciones ambientales vuelven a ser favorables y pueden “despertar”.
Si bien los tardígrados no tendrían la capacidad de restablecer ecosistemas completos después de un evento nuclear apocalíptico, constituyen, según la evidencia científica, uno de los ejemplos más notables de vida animal con posibilidades reales de persistir aun en las condiciones más hostiles imaginadas por el ser humano. Su discreta presencia en el planeta recuerda que la clave de la supervivencia no depende del tamaño ni la complejidad aparente, sino de una extraordinaria capacidad de adaptación ofrecida por la evolución.
¿Por qué los tardígrados logran sobrevivir a condiciones en las que la mayoría de los seres vivos perecerían?
Esta pregunta resulta esencial para comprender el fascinante caso de estos “osos de agua”. Su habilidad para entrar en criptobiosis y soportar escenarios extremos es objeto de estudio para la ciencia, pues rompe los límites de la biología animal tal como se entiende tradicionalmente. Este mecanismo, que detiene casi por completo el metabolismo y permite la recuperación tras largos periodos inactivos, sugiere rutas evolutivas inusitadas que podrían ampliar el horizonte sobre la resistencia de la vida en otros contextos.
El estudio de los tardígrados no solo ofrece una respuesta sobre la posible supervivencia al desastre nuclear, sino que también inspira investigaciones en biotecnología, medicina y astrobiología. Entender los secretos de su resistencia podría, en el futuro, aportar avances en la protección celular o en la exploración de ambientes extraterrestres igualmente hostiles.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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