La palma de cera al borde del adiós: ¿podremos salvar el árbol símbolo de Colombia antes de que desaparezca?
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Visitar sitioLa supervivencia de la palma de cera peligra: ¿qué amenaza al árbol nacional y su ecosistema único?
La palma de cera, emblema natural de Colombia y conocida como la monocotiledónea de mayor altura en el mundo, enfrenta un grave proceso de envejecimiento sin reemplazo generacional. Aunque su silueta domina paisajes emblemáticos como el Valle de Cocora, la realidad detrás de estos imponentes árboles es alarmante: la mayoría son sobrevivientes de antiguos bosques hoy convertidos en potreros, y su población se encuentra en franco declive debido a la falta de individuos jóvenes que aseguren la continuidad de la especie, según advirtió El Diario.
La biología de la palma de cera es notablemente lenta y delicada. Un ejemplar puede pasar más de 57 años en una etapa denominada “fase de roseta”, durante la cual permanece a ras de suelo, invisible y vulnerable ante el pisoteo o pastoreo del ganado. Expertos consultados por El Diario señalan que la mínima intervención de un animal basta para truncar el ciclo de vida de estos árboles, cuyo promedio puede alcanzar hasta 170 años. Los cambios en el uso de la tierra, especialmente la expansión ganadera y la exposición directa al sol, han hecho prácticamente imposible que las plántulas sobrevivan. Si no se toma acción, para el año 2090 se prevé la desaparición total de las palmas en estos potreros.
La extinción de la palma de cera no solo representa una pérdida para la diversidad vegetal. El loro orejiamarillo (Ognorhynchus icterotis), ave declarada en peligro crítico durante los años noventa cuando apenas quedaban 81 ejemplares, depende enteramente de la palma. Usa sus troncos huecos para anidar, se refugia bajo sus copas y se alimenta de sus frutos. Un positivo repunte en la población del loro, que ahora suma más de 2,600 individuos gracias a proyectos de la Fundación ProAves, no elimina la amenaza: el ave depende de que existan nuevas palmas adultas para reproducirse en el futuro cercano.
Frente a este panorama, la cuenca del río Tochecito constituye el principal bastión de esperanza: alberga el palmar más grande del mundo, con aproximadamente 600,000 ejemplares, cifra que representa un 85% de la población nacional. El anuncio en 2024 de la creación de un "paisaje protegido" ahí, gracias al acuerdo entre 18 fincas que han cerrado áreas a la ganadería, ofrece una posible ruta de recuperación natural para la especie.
Colombia, con la Ley 61 de 1985, declaró la palma de cera como su Árbol Nacional y prohibió desde entonces su tala, reforzando las sanciones en 2021 con la Ley 2111. La vigilancia ambiental, especialmente durante festividades religiosas como el Domingo de Ramos, es constante y ha reducido en gran medida la explotación de esta especie con fines tradicionales.
Con la palma de cera como indicador de la salud de los bosques andinos, se hace imprescindible comprender que no basta con plantar nuevos individuos, sino que es fundamental restaurar los ecosistemas y aislarlos de las presiones humanas, permitiendo su recuperación natural y la supervivencia de especies asociadas. El reto está en transformar el turismo y la legislación en herramientas de conservación efectiva que aseguren el futuro del símbolo arbóreo de Colombia.
¿Por qué la palma de cera tarda tanto en crecer y cuál es el significado de su “fase de roseta”?
La palma de cera exhibe un ciclo de vida extremadamente lento. Su “fase de roseta” es un periodo inicial que puede prolongarse por más de cinco décadas, durante el cual la planta no desarrolla aún un tallo visible, pero sí consolida una roseta de hojas al ras del suelo. Esta estrategia de crecimiento permite a la especie acumular energías para alcanzar, eventualmente, una altura impresionante y sobrevivir en ecosistemas de alta montaña.
Durante esta etapa, la palma es especialmente vulnerable a daños físicos y a las alteraciones del entorno, como el pastoreo y la exposición al sol. La comprensión de este fenómeno es clave para diseñar estrategias de conservación efectivas, ya que la supervivencia de la especie depende en gran parte de proteger esta fase juvenil y restaurar el contexto natural del bosque de niebla donde crece.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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