“El apartamento 301: recuerdos, poesía y el refugio emocional de Lina Botero en Bogotá”

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El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.

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Descubre cómo Lina Botero transforma su hogar y sus recuerdos en poesía visual y refugio emocional.

Un trozo de cinta de enmascarar colocado en diagonal justo debajo de la mirilla del apartamento 301 anuncia, en letras negras, el lema “BOHEMIA & POESÍA”. Este pequeño letrero, que se integra delicadamente con la imagen de Nicanor, el gato retratado en primer plano y guardián del umbral, insinúa ya la esencia del lugar y de su habitante. Al tocar el timbre, una voz rápida y alegre responde desde el interior. Lina abre la puerta con una calidez inmediata: va vestida de negro, el cabello suelto, luce un chaleco sin mangas y completa el cuadro unas candongas doradas. La atmósfera es luminosa gracias a la amplia ventana que baña de sol los objetos desperdigados: libros amontonados, cuadros en múltiples estilos, plantas, baldosas anaranjadas. Se trata de un refugio habitado por una poetisa, fotógrafa y artista: en palabras de ella, una “poetógrafa”.

De acuerdo a la narración incluida en el artículo, Lina Botero reside en Bogotá desde hace once años. Su llegada estuvo marcada por la precariedad: contaba apenas con un colchón prestado para dormir en el piso, y la adaptación no fue sencilla. Inicialmente debió compartir habitación, pero incluso de allí tuvo que ausentarse de manera precipitada. El destino la condujo hasta el apartamento 301, espacio que, aunque estaba siendo arreglado, le pareció la manifestación clara de un deseo largamente acariciado. Según recoge el testimonio, Lina recuerda con nitidez el momento en el que supo que ese apartamento le pertenecía: insistió varias veces tocando la puerta hasta materializar su intuición de permanencia. Desde entonces, este lugar ha servido como un anclaje vital y emocional en la ciudad, convertido en su hogar y también, a nivel simbólico, en un “mapa mental”.

La relación de Lina con este espacio revela una búsqueda consciente de arraigo. A diferencia de quienes se consideran nómadas, ella admite ser de “equipaje pesado”; carga historias, no solo pertenencias materiales. Para Lina, el valor de una casa se encuentra en los detalles sensoriales: los olores, las texturas, los objetos que la reciben tras cada jornada. Por eso, se ha dedicado a coleccionar objetos disímiles pero impregnados de vivencias: cajas de fósforos, retratos de mujeres de diversas épocas, servilletas con palabras escritas a mano, tickets y recibos, flores que han secado lentamente o cartas que retratan fragmentos de antiguas conversaciones.

Esta acumulación de recuerdos va conformando no solo la decoración del apartamento, sino también su memoria viva, esa frontera delicada entre pasado y presente donde Lina construye su identidad. Así, el 301 deviene en un verdadero refugio: un lugar para trabajar en su poesía y fotografía, un espacio íntimo donde llorar, escribir y celebrar, tal como la propia Lina lo relata con genuina emoción.

¿Por qué es importante para algunas personas que su hogar conserve objetos y recuerdos?

La pregunta sobre el significado de los objetos y los recuerdos en un hogar adquiere relevancia a partir de historias como la de Lina Botero. Para muchas personas, el espacio personal trasciende la función de refugio físico: se convierte en un archivo emocional donde los objetos coleccionados atestiguan experiencias, pérdidas y celebraciones. Según se observa en el caso de Lina, esta construcción de la memoria se efectúa intencionadamente alineando lo vivido con lo material.

La tendencia a conservar fragmentos del pasado dentro del hogar responde a la búsqueda de identidad y estabilidad, especialmente en contextos de movilidad o cambios constantes. Así, el acto de recopilar y atesorar elementos aparentemente simples –como servilletas, flores secas o fotografías– permite que la memoria no se disuelva en lo cotidiano, sino que continúe viva y palpable a través del tiempo que se habita.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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