Del triciclo al horno: el panadero que convirtió la tradición familiar en el arte de la paciencia y el sabor
El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.
Visitar sitioDescubre cómo la tradición familiar y la paciencia transforman el arte de la panadería en Colombia.
El interés por la panadería puede nacer a temprana edad, envuelto en el calor familiar y las tradiciones heredadas. Según la entrevista publicada por El Espectador, la afición del panadero comenzó alrededor de los 14 años, durante los fines de semana en que preparaba pizza junto a sus padres. Este primer contacto con la masa, lejos de ser una experiencia profesional, fue netamente recreativo y familiar. La complicidad entre padre e hijo durante estas jornadas fue el punto de partida del entretenimiento y el gusto por las masas. Lo que en principio parecía un simple pasatiempo, resultó estar más conectado con su linaje de lo que imaginaba, pues, aunque su padre se dedicaba a la cocina por hobby y era hijo de inmigrantes italianos, años más tarde descubriría que también había trabajado como hornero en su juventud. Esta revelación, acompañada de fotos y risas familiares, consolidó el vínculo del protagonista con los orígenes panaderos de su familia.
Su inclinación por la panadería, por encima de la cocina en general, obedece a las particularidades del oficio. En la entrevista se aclara que la panadería requiere una precisión milimétrica: control de gramajes, temperatura y múltiples variables, lo que la distingue de la cocina tradicional, donde hay margen para correcciones improvisadas. En panadería, los errores rara vez se pueden corregir; si una receta falla, no hay forma de improvisar, lo que exige disciplina y paciencia de quien la practica.
La panadería colombiana, de acuerdo con el entrevistado, está marcada por una extraordinaria diversidad de ingredientes y técnicas. Mientras que en países europeos predomina la harina de trigo, en Colombia existe una amplia variedad de panes y hojaldres elaborados a partir de distintos almidones y harinas, como maíz y sagú, además de productos autóctonos como el pan de bono y el pan de yuca con quesos frescos locales. Esta riqueza de combinaciones da lugar a una panadería heterogénea, que, aunque pueda parecer caótica, fusiona sabores y texturas únicas.
El auge reciente del pan de masa madre en Colombia ha supuesto un reto para los paladares locales, acostumbrados a panes enriquecidos y suaves. No obstante, el panadero entrevistado destaca la importancia de adaptar recetas europeas, reduciendo la dureza de la corteza y logrando una miga húmeda y versátil, apta para todos los gustos. Con el tiempo, los clientes comenzaron a solicitar productos más tradicionales, lo que llevó a la panadería a diversificar su oferta e incluir roscones, mojicones y brioches, todos elaborados con masa madre.
Además de hornear, el entrevistado considera fundamental compartir el conocimiento adquirido, especialmente tras experimentar frustraciones personales al inicio de su aprendizaje. Su motivación para enseñar se basa en la convicción de que, detrás de un buen pan, hay mucho trabajo y dedicación, y que la paciencia y la aceptación de factores fuera de control son lecciones valiosas tanto en la panadería como en la vida. El crecimiento de su proyecto, desde vender pan en un triciclo hasta impartir cursos virtuales durante la pandemia y finalmente abrir una panadería física, es testimonio de perseverancia y adaptación a las circunstancias.
En definitiva, la panadería, más allá de ser un oficio, representa un proceso de formación personal y comunitaria. El mensaje para quienes sienten curiosidad o temor por iniciarse en este arte es claro: la paciencia y la voluntad de aprender, incluso desde casa mediante recursos como YouTube, abren la puerta a una actividad entretenida y gratificante, que puede disfrutarse de forma profesional o como un pasatiempo.
¿Por qué la paciencia es tan esencial en la panadería?
En la entrevista, el panadero destaca que tanto en la elaboración del pan como en la vida, la paciencia es una virtud central. El proceso de panificación conlleva tiempos de espera que no pueden acelerarse sin afectar el resultado final: las mezclas deben fermentar adecuadamente, la levadura debe actuar a su propio ritmo y muchos factores pueden incidir, desde la temperatura ambiente hasta la calidad de los ingredientes. Aprender a aceptar estos tiempos enseña a los panaderos a lidiar con la incertidumbre y a no buscar siempre el control absoluto.
La esencia de la paciencia en la panadería, entonces, trasciende la técnica: es una lección vital para quienes la practican. Saber esperar el momento adecuado y comprender que, a pesar del esfuerzo, pueden surgir imprevistos involucra aprender a gestionar la frustración y a apreciar el proceso, no solo el resultado. De esta manera, la panadería se convierte en un espacio de formación de carácter y resiliencia.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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