Jessy, la jaguar que cambió el destino de Barrancabermeja: así renació la convivencia en el Magdalena Medio
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Visitar sitioUna foto inesperada de una jaguar y una disputa entre vecinos cambiaron la historia ambiental de Santander.
El 11 de junio de 2017, una cámara trampa instalada por el profesor Jhon Mario Flórez Salazar y su grupo de estudiantes del Instituto Universitario de la Paz, capturó la primera imagen de una jaguar hembra en las cercanías de Barrancabermeja, Santander. Esto sucedió después de reportes sobre la presencia de un gran felino cazando en una finca de búfalos, siendo la revelación de esa fotografía el origen de una verdadera transformación en la forma en que los habitantes del Magdalena Medio se relacionan con los jaguares. Flórez, un biólogo con experiencia en Parques Nacionales, se vio impulsado a trascender el aula y abordar los problemas reales de pérdida de biodiversidad, motivado por la urgencia de salvar a felinos como Jessy, la jaguar hembra identificada en la foto, y evitar que corrieran la misma suerte mortal que otros tantos por conflictos con actividades humanas.
La labor de Flórez y la recién fundada organización Cuidar La Tierra no fue sencilla: debían ganar la confianza de productores y vaqueros, enseñarles que estos felinos no representaban una amenaza inevitable y demostrar que con cambios en las prácticas de manejo del ganado era posible coexistir. Las cámaras trampa no solo revelaron que Jessy compartía territorio con un macho, Luka, sino que el comportamiento de ambos evidenció que cualquier ataque a los búfalos obedecía a una oportunidad brindada por descuidos humanos, no a una inclinación natural de atacar animales domésticos.
Las tragedias no tardaron en llegar: Luka desapareció de las cámaras en 2020, y tras meses de silencio, la comunidad confirmó que había sido víctima de represalias por daños bajo explicaciones que ya habían sido aclaradas por los investigadores. Aun así, Jessy persistió, fundando una dinastía documentada año tras año por los registros fotográficos. Su historia se volvió símbolo de resistencia en un paisaje que ha perdido más del 55% de su hábitat natural y registra una transformación superior al 74%, lo que hacía aún más extraordinario su logro de alcanzar, y superar, la esperanza de vida de un jaguar en estado silvestre.
El nacimiento de descendientes de Jessy y la sucesión territorial entre machos—Luka, Balám y después Pipatón—mostró cómo el pequeño relicto de bosque en la finca San Isidro, preservado por una disputa entre vecinos que impidió su conversión en potrero, se convirtió en bastión clave para la conservación. La actitud de los propietarios de la finca, aliada con la educación ambiental promovida por la fundación, selló una alianza virtuosa: implementar sistemas productivos regenerativos—como la rotación de pastoreo, exclusión de agroquímicos, y manejo adecuado de cuerpos de agua—redujo los incidentes con jaguares, garantizó la seguridad del ganado y fortaleció el equilibrio ecológico, inspirando a otras empresas de la zona.
Esta experiencia sentó las bases para proyectos de mayor envergadura, como la creación de la Estación Biológica Jaguar Ipacarai y el Triángulo de la Vida, una red de 14.000 hectáreas pensada como corredor clave no solo para jaguares, sino también para la protección del agua que alimenta la ciénaga de San Silvestre, vital para Barrancabermeja. La estrategia se expandió a otras fincas como El Diviso, promoviendo la restauración ecológica, turismo de naturaleza y bancos de biodiversidad financiados por compensaciones ambientales, inspirando un cambio cultural tangible en productores y comunidades: niños y adultos han comenzado a ver en la conservación no solo una obligación, sino un motivo de orgullo e identidad regional.
Toda esta revolución silenciosa encontró un hito en 2025, con la confirmación de la tercera generación de jaguares en la zona, y el establecimiento del primer censo regional del felino, Jaguar ID. El proyecto, promotor de metodologías de identificación individual y bancos genéticos a partir de muestras no invasivas, aspira a suplir la histórica carencia de datos sobre el jaguar en Colombia. Simultáneamente, el ejemplo de coexistencia y turismo regenerativo, inspirado en modelos de éxito como el Pantanal brasileño, impulsa a familias como la de Gustavo Adolfo Gutiérrez a emprender proyectos de turismo ecológico educativo dentro del área, posicionando a la región como referente de armonía entre producción, conservación y cultura.
Este proceso evidencia que una pequeña porción de bosque—preservada casi por azar—puede sustentar a una población viable de jaguares, catalizando cambios de mentalidad y práctica que se expanden por todo el Magdalena Medio. Sin embargo, el reto continúa: el establecimiento de redes de monitoreo, la consolidación de esquemas de compensación y la restauración a gran escala serán determinantes para asegurar que historias como la de Jessy no sean la excepción, sino la regla que marque el futuro del jaguar colombiano.
¿Qué es un banco de biodiversidad y cuál es su papel en la conservación del jaguar?
Ante el avance de la pérdida de hábitats y el impacto de las actividades productivas, surgen iniciativas como los bancos de biodiversidad, donde empresas pagan para financiar la conservación y restauración de ecosistemas críticos como compensación por su huella ambiental. En el caso de los proyectos en el Magdalena Medio, parte de las fincas son reconvertidas y gestionadas como áreas prioritarias de protección, permitiendo que los jaguares y otras especies encuentren refugio mientras se incentiva la producción sostenible y el turismo ecológico.
La relevancia de esta pregunta radica en entender que la conservación ya no es tarea única de organismos estatales o ambientalistas; la articulación con el sector productivo y la posibilidad de transformar la economía local mediante alianzas público-privadas y la responsabilidad social empresarial abre nuevas vías para la pervivencia de especies amenazadas y la restauración del equilibrio ecosistémico. El banco de biodiversidad no solo asegura espacios físicos protegidos, sino que promueve una cultura regenerativa indispensable en regiones de alto conflicto ambiental.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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