El frío no causa gripes ni resfriados: desmontamos el mito y revelamos cómo sí afecta tu salud respiratoria

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¿El frío realmente causa gripa? Descubre el verdadero rol del clima y de tus defensas en invierno.

La creencia popular de que la exposición al frío conduce directamente a resfriados y gripes está profundamente arraigada, pero la evidencia científica revela una realidad más compleja. Según El Colombiano, el frío no es la causa directa de estos males respiratorios; la verdadera relación radica en cómo las condiciones ambientales, biológicas y sociales asociadas con las bajas temperaturas incrementan la probabilidad de enfermarse. Los resfriados, la gripe y la mayoría de las infecciones respiratorias son consecuencia de virus—como los rinovirus, virus de la gripe, coronavirus, adenovirus o el virus respiratorio sincitial—, y en menor frecuencia de bacterias, las cuales suelen provocar cuadros más severos.

Para que alguien desarrolle una infección respiratoria, es imprescindible el contacto con un agente infeccioso. Así lo explica Roi Piñeiro, pediatra y vocal de la Sociedad Española de Infectología Pediátrica (SEIP), quien enfatiza que aunque el frío puede “enfriar”, no puede generar por sí solo un resfriado. Sin embargo, sí modifica el ambiente en el que los virus se transmiten y afecta la susceptibilidad de las personas. Esta combinación genera un patrón estacional, acentuando la circulación de virus respiratorios, especialmente durante los meses fríos en las regiones templadas. Por ejemplo, según John Tregoning, inmunólogo del Imperial College de Londres citado por The Guardian, los picos de contagio de los diversos virus se producen en periodos diferentes del invierno y dependen en parte de los cambios en los hábitos sociales, como el mayor tiempo que se pasa en interiores con poca ventilación.

Además de los factores sociales, las condiciones atmosféricas como el frío y la baja humedad facilitan la supervivencia y la transmisión de los virus. Estudios realizados en Estados Unidos muestran que tanto el virus de la gripe como el SARS-CoV-2 (causante de la covid) conservan una mayor capacidad infectiva en entornos fríos y secos; las partículas respiratorias también permanecen suspendidas más tiempo en el aire, aumentando las posibilidades de contagio.

El impacto del frío en la salud respiratoria se observa también a nivel fisiológico. La exposición al aire frío causa vasoconstricción en las vías respiratorias y disminuye el flujo sanguíneo, debilitando la mucosa nasal, la cual es la primera barrera de defensa contra los patógenos. Bajo estas condiciones, se altera el movimiento del moco y la producción de defensas locales como la inmunoglobulina A, permitiendo que los virus tengan una mejor oportunidad para ingresar al organismo. Investigaciones publicadas en The Journal of Allergy and Clinical Immunology respaldan que la eficacia antiviral de la mucosa nasal disminuye bajo el frío, reduciendo tanto la cantidad como la calidad de las defensas nasales.

Sin embargo, la influencia del frío no es igual en todas las personas. Según Piñeiro, hay individuos con sistemas inmunitarios que funcionan menos eficientemente a bajas temperaturas, como quienes padecen asma o rinitis alérgica, quienes experimentan una respuesta más lenta y síntomas intensificados durante estos episodios. El consenso científico indica, por tanto, que el frío amplifica los riesgos: facilita la supervivencia de los virus, debilita las defensas locales y favorece su transmisión, pero no crea la infección en ausencia de agentes patógenos.

Este entendimiento resulta esencial para la salud pública. Manal Mohammed, profesora de microbiología médica en la Universidad de Westminster, insiste en que la prevención debe centrarse en frenar la propagación de los virus mediante la vacunación, la mejora de la ventilación interior y el mantenimiento de una adecuada humedad ambiente, mientras se desmonta el mito de que el frío por sí solo causa enfermedades. Si bien abrigarse protege frente a otros riesgos y promueve el bienestar, las estrategias reales de prevención de infecciones pasan por acciones informadas y colectivas.

¿Qué es la inmunoglobulina A y por qué tiene un papel clave en la defensa respiratoria? La inmunoglobulina A (IgA) es un tipo de anticuerpo presente en las mucosas del sistema respiratorio, digestivo y otras superficies del cuerpo, y funciona como una de las principales barreras físicas contra los patógenos. Su importancia radica en que se encuentra en el moco nasal, donde ayuda a neutralizar virus y bacterias antes de que puedan penetrar en el organismo. Cuando el frío afecta la producción y acción de la IgA, como explican los expertos citados en El Colombiano, se debilita esta defensa y el riesgo de infección aumenta, haciendo más fácil la entrada de virus como los de la gripe o el resfriado.

La relevancia de la IgA fue destacada a lo largo del artículo, indicando que el descenso de sus niveles en las mucosas bajo condiciones frías constituye uno de los mecanismos clave por los cuales el frío facilita las infecciones respiratorias. Por ello, conocer este proceso ayuda a comprender cómo factores ambientales interfieren en el funcionamiento del sistema inmunitario durante el invierno y por qué la prevención va más allá del simple abrigo.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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