Los primeros mejores amigos: nuevos hallazgos revelan que la historia entre perros y humanos es mucho más antigua
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Visitar sitioNuevos estudios extienden la antigüedad del lazo entre humanos y perros mucho más allá de lo pensado.
Dos investigaciones publicadas simultáneamente en la reconocida revista Nature han descubierto nuevos aspectos sobre la antigüedad y profundidad del vínculo entre los perros y los humanos. Según los análisis detallados de ADN realizados por investigadores de la Universidad de Oxford, este lazo se remonta mucho más lejos de lo que se asumía previamente. Mientras la comunidad científica creía hasta hace poco que los primeros registros genéticos de perros domesticados databan de hace unos 10.900 años, el estudio identificó restos de perros en yacimientos arqueológicos que tienen entre 16.000 y 14.000 años de antigüedad, pertenecientes al Paleolítico Superior tardío. En ese periodo, las sociedades humanas eran estrictamente cazadoras-recolectoras y la agricultura aún no había surgido, lo que sitúa a los perros como compañeros mucho antes de la consolidación de las sociedades agrícolas.
De acuerdo con lo publicado en Nature, la presencia de perros ampliamente distribuida hace 14.000 años indica que estos animales ya estaban plenamente integrados en distintos grupos humanos y participaban activamente en la vida social y cultural. Este hallazgo desafía la idea tradicional que vinculaba el auge de la domesticación canina con el desarrollo de la agricultura y sugiere que la interacción entre humanos y perros se había establecido mucho antes, con redes de contacto e intercambio de ejemplares a largas distancias. Así, los perros formaban parte de redes de interacción entre diversos grupos humanos, lo que evidencia movimientos y conexiones inesperadas para la época.
El primer estudio se focalizó en el continente europeo, identificando y analizando más de doscientos restos antiguos de cánidos, que incluían animales de hace más de 10.000 años. Gracias a técnicas avanzadas de recuperación de ADN, los investigadores distinguieron claramente entre lobos y perros, reconstruyendo así sus líneas genealógicas. Entre los hallazgos clave se destaca un perro de 14.200 años hallado en Suiza, que comparte ascendencia con perros encontrados en lugares muy diversos del planeta. Los datos apuntan a que los perros europeos no surgieron de procesos de domesticación independientes, sino que descendían de una población común y, desde tiempos extremadamente antiguos, acompañaron a los humanos en sus desplazamientos y migraciones, mezclándose genéticamente.
Lachie Scarsbrook, académico de la Universidad de Oxford y coautor principal, subrayó el valor de estos descubrimientos al situar la domesticación canina al menos cinco mil años antes de lo que se pensaba, y al demostrar que perros y lobos no solo eran diferentes biológicamente sino también en la manera en que los humanos interactuaban con ellos ya desde hace unos 16.000 años, durante la última Edad de Hielo.
Por otra parte, ese mismo ejemplar antiguo de Suiza resultó más próximo en términos genéticos a los perros europeos de épocas posteriores que a los asiáticos, lo cual prueba que la diversificación de las poblaciones caninas comenzó antes de lo que se estimaba. El segundo estudio amplió el análisis a regiones como Turquía, el Reino Unido y los Balcanes, revelando que, apenas después del final de la última glaciación, ya existía una población canina homogénea distribuida por Europa y Anatolia. Esto significa que los perros, lejos de permanecer aislados en pequeñas comunidades, eran objeto de intercambios y desplazamientos entre grupos humanos separados tanto geográfica como culturalmente.
Sin embargo, los científicos aún desconocen el papel exacto que estos perros desempeñaban en las sociedades paleolíticas; su función social, económica o simbólica no ha quedado claramente establecida en los registros actuales, abriendo espacio para futuras investigaciones en este ámbito.
¿En qué consisten los análisis de ADN antiguo utilizados en estos estudios?
El avance significativo de estas investigaciones reside en el uso de análisis de ADN antiguo, que implica recuperar el material genético de restos arqueológicos como huesos o dientes muy antiguos para luego compararlo con el de poblaciones actuales o de otras épocas. Gracias a este método, los científicos pueden identificar diferencias y relaciones entre especies extintas y actuales, así como rastrear los orígenes comunes y las rutas de dispersión de los animales domesticados. Estos estudios permitieron distinguir, por ejemplo, restos de lobos y perros en muestras arqueológicas y reconstruir las redes de contactos genéticos entre diferentes regiones en la prehistoria, abriendo nuevos caminos para comprender la historia temprana de la coevolución entre humanos y animales domésticos.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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