Danza y resiliencia: jóvenes del Pacífico colombiano bailan para transformar sus vidas y comunidades

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Descubre cómo la danza impulsa el cambio social para jóvenes del Pacífico colombiano en zonas de conflicto.

En el Pacífico colombiano, una región marcada por el conflicto armado y la precariedad económica, la danza ha comenzado a abrir caminos insospechados para muchos jóvenes. En municipios como Francisco Pizarro (Tumaco), Barbacoas y Roberto Payán, distintos colectivos juveniles han abrazado el baile no solo como una práctica artística, sino como una verdadera herramienta para organizarse, fortalecer lazos comunitarios y proyectar un futuro diferente, según lo reportado por El Colombiano.

Esta dinámica cobra especial relevancia dentro del proyecto Al Paso de la Paz, una iniciativa liderada por Diana Cortés en el marco de su trabajo de grado en la Maestría en Gestión y Producción Cultural y Audiovisual de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano. El objetivo principal de este proyecto fue llegar a jóvenes afrodescendientes entre los 14 y los 28 años, llevándoles formación artística, acompañamiento psicosocial y capacitación en gestión cultural. Más allá de la enseñanza tradicional de la danza, Al Paso de la Paz se propone fortalecer los procesos ya presentes en las comunidades, dotando a los participantes de herramientas para sostener sus colectivos y hacerlos perdurables en el tiempo.

Diana Cortés narra cómo la danza fue, en su propia vida, una vía de escape y transformación tras haber llegado desplazada de la violencia y la pobreza en Cali. Su experiencia personal se transformó en una inquietud colectiva: si la danza pudo significar una nueva oportunidad para ella, ¿podría convertirse también en esa chispa para otros? Así nació primero el colectivo Pacific Dance y, posteriormente, el proyecto Al Paso de la Paz.

Uno de los puntos diferenciadores del programa radica en su apuesta por la gestión cultural. Cortés resalta que, a menudo, las iniciativas artísticas tienen una vida corta, limitada por la duración de sus recursos. Por eso, se brindó formación en formulación de proyectos, participación en convocatorias y creación de materiales de circulación artística, buscando dotar a los colectivos de una autonomía real.

Este proceso estuvo acompañado de un componente psicosocial, esencial en territorios donde la violencia y la presión de grupos armados forman parte del día a día. Diana Cortés enfatiza que bailar en un contexto de constante lucha otorga a la danza un valor diferente: los jóvenes participantes llegan a los ensayos con historias duras de conflicto, pobreza y tensiones familiares. Los talleres, entonces, integraron conversaciones sobre salud mental y manejo de emociones, construyendo espacios de encuentro y cuidado colectivo.

En el ámbito artístico, la propuesta apostó por las danzas afrourbanas, que fusionan elementos urbanos contemporáneos con raíces tradicionales afrodescendientes. Cortés explica que usualmente las expresiones culturales del Pacífico se asocian a lo tradicional, pero subraya que la cultura es dinámica y que las nuevas creaciones urbanas de los jóvenes también forman parte de la identidad del territorio.

El proyecto concluyó con la creación de cuatro coreografías de danzas afrourbanas, presentadas en el festival “Tumaco siente la danza”. Sin embargo, como afirma Cortés, el verdadero impacto de la iniciativa va más allá del escenario: radica en la transformación vital de los jóvenes y la construcción de tejido comunitario a través del arte.

¿Qué implica la gestión cultural en la sostenibilidad de proyectos artísticos en contextos vulnerables?

La pregunta sobre la gestión cultural es crucial en el contexto de iniciativas como Al Paso de la Paz, donde muchos colectivos dependen de apoyos externos que suelen ser temporales. Explicar en qué consiste la gestión cultural y su función en la continuidad de proyectos permite entender cómo los jóvenes pueden desarrollar autonomía a largo plazo. Esta pregunta adquiere importancia en territorios marcados por la inequidad y el conflicto, ya que la autosostenibilidad es clave para que los procesos artísticos no terminen con el cierre del financiamiento externo, sino que se conviertan en parte integral del tejido social.

La gestión cultural se refiere al conjunto de habilidades y herramientas que permiten formular proyectos, participar en convocatorias y planificar la circulación de los trabajos artísticos. Esta perspectiva permite a los colectivos juveniles mantener la continuidad y el impacto de sus procesos, aún en escenarios adversos, ampliando así sus posibilidades de incidencia en la comunidad.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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