Cómo preparar puré de calabaza: recomendaciones para elegir la mejor variedad, hornear y conservar

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El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.

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La variedad castilla suele encontrarse en mercados locales durante la temporada de cosecha otoñal.

El puré de calabaza, conocido en muchos países de latinoamérica como auyama, es una preparación básica, versátil y valorada tanto por su sabor como por su historia. De acuerdo con la información de El Espectador, para obtener un sabor más intenso y una mejor textura, lo recomendado es elegir la calabaza castilla, también llamada auyama grande. Esta variedad, además de aportar dulzura y cremosidad, es ideal por su bajo contenido de agua, lo que permite que el puré conserve una consistencia homogénea y destaca en diferentes platos.

El procedimiento empieza con la selección de la calabaza indicada: es preferible optar por una que no esté hueca, lo que puede comprobarse con suaves golpes en la corteza. Tras lavarla cuidadosamente, se parte por la mitad y se le extraen semillas y filamentos. Es importante no desechar estas semillas, pues pueden tostarse y emplearse en otras recetas. Luego, la pulpa se pincela con aceite si se desea, y se lleva al horno a 200 °C durante cerca de una hora, con la cáscara hacia arriba. Esta técnica evita que el interior se reseque, logrando una pulpa suave y fácil de procesar al finalizar el horneado. Una vez tibia, la pulpa se separa con una cuchara y se tritura hasta alcanzar una textura lisa. Si la calabaza tiene mucha agua y menos sabor, el puré puede reducirse a fuego bajo hasta obtener la concentración deseada. Este puré es ideal para utilizar en preparaciones posteriores o bien almacenarlo en porciones en el congelador hasta por tres meses, permitiendo así tenerlo listo para otras recetas.

La historia de la calabaza remonta sus semillas a culturas antiguas de México, América del Sur y el este de los Estados Unidos, desde el año 5500 a. C. Según El Espectador, las antiguas calabazas diferían notablemente en tamaño, sabor y textura comparadas con las versiones actuales. Originalmente duras y amargas, fueron adaptadas por los nativos americanos, que seleccionaron las más dulces y cultivables. La calabaza se secaba y conservaba fácilmente, por lo que resultó vital para la supervivencia durante duros inviernos. Además, sus semillas se usaban como alimento y medicina, y tanto la pulpa como la cáscara tenían usos prácticos en el hogar.

¿Cuál es el mejor tipo de calabaza para hacer puré y cómo se conserva?

La calabaza castilla o auyama grande es la más recomendada por su sabor y textura. Al preparar el puré y no usarlo de inmediato, conviene dividirlo en porciones y congelarlas, ya que puede conservarse hasta tres meses en el congelador sin perder calidad.

¿Por qué hornear la calabaza es mejor que cocinarla en agua?

Hornear la calabaza mantiene la concentración de sabor y la textura cremosa, ya que la cocción en agua aumenta el contenido de humedad y puede diluir el sabor. El horneado, según El Espectador, permite obtener una pulpa mucho más suave y sabrosa.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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