
El arroz con corazones y mollejas: la receta colombiana que rescata tradición y sorprende el paladar
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El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.
Visitar sitio¿Te animarías a preparar un arroz con corazones y mollejas de pollo, legado de sabor colombiano?
En la gastronomía colombiana, los ingredientes tradicionales destacan por sus preparaciones llenas de historia y sabor. Así ocurre en la receta que incorpora corazones y mollejas de pollo, dos insumos presentes en la mesa de muchos hogares del país. Para iniciar, estos cortes deben cocinarse en agua con sal, pimienta y adobo, condimentados al gusto según la costumbre culinaria local. Esta cocción asegura su suavidad y prepara las piezas para mezclarse armónicamente con los demás componentes del platillo.
En una sartén o caldero, la cebolla larga picada, tomate y pimentón rallado se convierten en la base aromática del sofrito, núcleo de la identidad gastronómica nacional. Luego, el aceite achiotado aporta color característico, acento fundamental en muchas recetas regionales. Aquí se integran el ajo picado, sal y un toque adicional de pimienta, elementos que profundizan el perfil de sabores y provocan un aroma tentador. Los corazones y mollejas, junto con la zanahoria rallada, se añaden al sofrito y todo se deja sofreír durante cinco minutos. Este proceso intensifica los sabores y ofrece una textura tierna al paladar.
Posteriormente, se incorpora la taza de arroz y el caldo obtenido en la primera cocción de las vísceras, clave para infundir el platillo con su sabor auténtico y particular. El arroz absorbe estos jugos mientras cocina lentamente. Cuando el grano empieza a secarse, se suma el perejil previamente lavado y finamente picado, añadiendo frescura y una nota herbal que complementa la intensidad de las vísceras. Finalmente, tras mezclar, se tapa la preparación —idealmente empleando papel aluminio— y se termina de cocer a fuego bajo. Al servir, la receta resulta un equilibrio entre tradición y creatividad al alcance de cualquier cocina nacional.
Según el diario El Espectador, el arroz, base de este plato, tiene una profundidad histórica relevante. Aunque se sospecha que el arroz fue sembrado por primera vez hace más de 7.000 años en el Sudeste Asiático, y no llegó a Europa de forma documentada sino hasta el siglo XVIII a través de Portugal —país actualmente catalogado como el mayor consumidor europeo de arroz— su historia en Colombia inicia tras la llegada de Cristóbal Colón en 1493, aunque con escaso éxito inicial. El primer cultivo documentado propiamente ocurrió hasta 1961 en el Valle del Magdalena. Luego, la siembra se difundió a regiones como Armero, Venadillo, Alvarado y Mariquita en Tolima, Campoalegre en Huila y Meta.
Este trasfondo demuestra cómo ingredientes y técnicas se han adaptado y expandido, dando lugar a platos que son testimonio del intercambio cultural y de los saberes que constituyen la actual mesa colombiana. La invitación para quienes experimentan en la cocina reafirma ese espíritu: la búsqueda de nuevos sabores y la revaloración de insumos tradicionales continúa, alimentando el patrimonio culinario y manteniéndolo vigente en el tiempo.
¿Por qué se utilizan corazones y mollejas en algunas recetas colombianas?
La utilización de corazones y mollejas en la cocina colombiana está profundamente relacionada con el aprovechamiento integral de los alimentos y los saberes ancestrales transmitidos entre generaciones. Estos ingredientes, denominados vísceras, solían ser menos valorados comercialmente, pero eran protagonistas en la mesa familiar por su sabor, bajo costo y tradición. Su empleo se convirtió en una característica de identidad popular y, hoy en día, refuerza la riqueza y diversidad del recetario nacional.
Además, su cocinado es ejemplo de ingenio gastronómico, pues transforma cortes poco convencionales en preparaciones con texturas y sabores distintivos. Así, la tradición de emplear estos insumos permanece vigente y se adapta a nuevas tendencias culinarias, preservando vivas las raíces y la memoria de la alimentación cotidiana colombiana.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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