A 25 años del terremoto en Quindío: así cambió Colombia tras una de sus mayores tragedias naturales

Nación
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El terremoto de 1999 cambió para siempre al Quindío y revolucionó la gestión del riesgo en Colombia.

Hace casi tres décadas, el departamento del Quindío atravesó uno de los episodios más trágicos de su historia reciente: el terremoto del 25 de enero de 1999. Con una magnitud de 6.2 según la escala de Richter, el sismo devastó buena parte del territorio, dejando un saldo alarmante de víctimas, además de innumerables daños materiales. Esta catástrofe, ampliamente cubierta por medios nacionales como Crónica del Quindío, marcó un antes y un después tanto en la vida de los habitantes como en la memoria colectiva del Eje Cafetero.

El impacto del terremoto se sintió mucho más allá de la destrucción física. El sismo alteró radicalmente la cotidianidad de los sobrevivientes: familias desgarradas por la pérdida de seres queridos, viviendas colapsadas y comunidades que se vieron obligadas a iniciar de cero. La respuesta inmediata cayó sobre los hombros del Estado colombiano, sus fuerzas armadas, los organismos de socorro y la Fuerza Pública, quienes jugaron un papel crucial durante los primeros días de caos y desconcierto, restableciendo el orden y atendiendo la emergencia.

Uno de los testimonios que ilustran el carácter humano de la tragedia es el del coronel Yanni Alexánder Melo Restrepo, actualmente jefe de Estado Mayor y segundo comandante de la Octava Brigada del Ejército Nacional. Melo Restrepo experimentó en carne propia la devastación, inicialmente como un ciudadano común en Armenia. En sus palabras, el desastre representó una ruptura dolorosa: “Si hay una experiencia que marcó nuestras vidas, es el terremoto de Armenia. Ver familiares y amigos que perdieron la vida fue una etapa que dejó heridas profundas en lo más hondo del corazón”.

Esta experiencia colectiva forzó una reacción cohesionada entre las instituciones. De acuerdo con Alberto Rosas Londoño, quien en ese entonces era director de la Defensa Civil Seccional Quindío, las primeras horas estuvieron dominadas por el desorden y la desarticulación institucional. Tanto los Bomberos como la Policía Nacional y el Ejército Nacional sufrieron daños que limitaron su capacidad inicial de respuesta. Ante tal panorama, se recurrió a la militarización de la ciudad para poder garantizar condiciones mínimas de seguridad, permitiendo así el ingreso de los equipos de emergencia y salud, según relata Rosas en su libro Rosas y espinas, hacia la gestión del riesgo de desastres.

La situación de caos se agravó por fenómenos de saqueo y problemas de orden público. No obstante, la posterior convocatoria del Comité Regional de Emergencias permitió fortalecer la coordinación y articular la respuesta. Con el cierre de la ciudad y operaciones disuasivas lideradas por la Octava Brigada, apoyada por tropas de otras regiones, se contenía el vandalismo y se protegía a la población, prioridad comunicada y difundida en los medios de comunicación nacionales.

A medida que avanzaban los días, la labor del Ejército Nacional se extendió al apoyo logístico y operacional en la distribución de ayuda humanitaria. El centro de acopio principal, el antiguo Idema, se convirtió en el eje de la logística para la entrega de alimentos y suministros a los sectores más golpeados de Armenia y municipios vecinos. Esta colaboración entre las Fuerzas Militares, los equipos de socorro y las autoridades civiles fue esencial y ampliamente documentada.

A juicio del periodista Roberto Jairo Betancourth Escobar, uno de los encargados de reportar aquellos días críticos, la presencia y compromiso de los soldados fue fundamental para sostener a la ciudadanía durante la crisis más dura que haya enfrentado el departamento.

Este desastre no solo dejó secuelas en el tejido social del Quindío, sino que también provocó un replanteamiento nacional sobre la gestión integral del riesgo de desastres. De la experiencia surgió la necesidad de fortalecer protocolos, articular capacidades institucionales y profesionalizar la respuesta ante emergencias. El Ejército Nacional, como parte de este aprendizaje, consolidó la Brigada de Prevención de Desastres, que ha tenido later relevancia tanto en Colombia como en operaciones internacionales. Así, después de 27 años, el aniversario del terremoto es recordado no solo como una fecha trágica, sino como un punto de partida hacia una mejor preparación, organización y respuesta del Estado colombiano ante futuros desastres naturales.

¿Qué es la gestión del riesgo de desastres y por qué fue relevante tras el terremoto?
La gestión del riesgo de desastres es el conjunto de acciones y políticas destinadas a identificar, reducir y controlar los riesgos que pueden provocar desastres naturales o provocados por el ser humano. Tras el terremoto de 1999, su importancia se hizo evidente ante las graves fallas iniciales de coordinación interinstitucional y la insuficiencia de protocolos claros, lo que llevó a un proceso de ajuste y fortalecimiento en todos los ámbitos gubernamentales y de socorro. Esta transformación estructural permitió al Estado colombiano optimizar sus recursos y capacidades para responder con mayor eficiencia ante catástrofes, convirtiendo la tragedia en un aprendizaje colectivo y permanente.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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