Solidaridad y resiliencia en Colombia: la respuesta ciudadana tras el terremoto del 10 de agosto

Nación
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El sismo dejó a comunidades enteras dependiendo del apoyo mutuo ante la emergencia humanitaria.

La reconocida antropóloga estadounidense Margaret Mead fue interrogada en una ocasión sobre el origen de la civilización. Contrario a lo que muchos esperaban, su respuesta no giró en torno a monumentos grandiosos, avances militares o prodigios de la técnica. Mead señaló que el inicio de la civilización se encuentra en un hallazgo arqueológico: un fémur humano de cientos de miles de años que mostraba señales de haber sanado tras una fractura. De acuerdo con ella, este hecho revela el momento en el que un grupo humano decidió detener su marcha para cuidar a uno de los suyos herido, dejando atrás el simple instinto de supervivencia y mostrando valores como clemencia, ternura y solidaridad. Así, afirma, nació lo que hoy conocemos como civilización humana.

En este contexto, la reciente tragedia del terremoto del 10 de agosto en Colombia pone a prueba y también exhibe esta misma dimensión solidaria que Mead destacaba. Los estragos causados afectaron profundamente a miles de familias: algunas perdieron seres queridos, muchas otras sus casas, sus negocios o los medios con los que aseguraban su sustento. Frente a este dolor, según se señala en la reflexión del texto, toda la nación colombiana ha respondido con un activo esfuerzo de ayuda.

La reacción nacional no se ha limitado a las instituciones estatales responsables ni a los cuerpos especializados de emergencia y rescate. La respuesta crucial ha sido protagonizada por las personas comunes: colombianos y colombianas que, espontáneamente, han formado cadenas humanas para transportar comida, escombros y elementos vitales; que han removido ruinas para liberar a víctimas humanas y también animales; que han repartido agua y alimento sin recibir órdenes ni esperar recompensa alguna. Este impulso, que emerge de lo más profundo del corazón colectivo, remite a aquel gesto constitutivo de civilización descrito por Mead: no dejar atrás a ninguna persona doliente, sino ayudarle a sanar y a reintegrarse a la vida común.

De acuerdo con el testimonio de expertos como Gustavo Wilches —mencionado en el texto como un conocedor del tema de desastres y de la responsabilidad estatal para afrontarlos—, Colombia debe continuar preparándose como sociedad para enfrentar mejor futuras crisis. Tanto él como entidades como la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá y la Federación Nacional de Sociedades de Mejoras Públicas de Colombia insisten en que la solidaridad es un pilar de la civilidad y una herramienta esencial contra la indiferencia y la violencia. Los días recientes han sido prueba de que, ante los desafíos, la civilización colombiana resurge de la solidaridad genuina y la fraternidad social.

Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

¿Por qué Margaret Mead consideraba la solidaridad como el origen de la civilización?

Margaret Mead interpretó el hallazgo de un fémur antiguo, que presentaba evidencia de recuperación tras una fractura, como prueba de que los primeros seres humanos practicaban el cuidado y la compasión. Según explicó, cuidar de un individuo herido significó ir más allá del instinto de supervivencia, dejando ver valores como clemencia y solidaridad, lo que para ella marcó el inicio de la civilización.

¿Cómo ha respondido la sociedad colombiana tras el terremoto del 10 de agosto?

De acuerdo con el texto proporcionado, la sociedad colombiana respondió al terremoto movilizándose en acciones de ayuda espontánea y solidaria. Las personas, más allá de las instituciones, formaron cadenas humanas, ofrecieron alimento y asistencia, y trabajaron juntos para rescatar y auxiliar a las víctimas, demostrando un sentido de fraternidad y civilidad en los momentos de crisis.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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