Quemas ilegales de madera en la sabana de Bogotá incrementan la contaminación y el riesgo de incendios forestales
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El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.
Visitar sitioDurante el primer semestre de 2024, la CAR reportó 27 intervenciones contra quemas en la región.
La sabana de Bogotá y las zonas boscosas circundantes viven bajo una amenaza constante que impacta directamente la calidad del aire: cada cinco días, aproximadamente, las autoridades deben intervenir para detener quemas ilegales de madera a cielo abierto. Esta situación, de acuerdo con datos de la Corporación Autónoma Regional (CAR) citados por El Espectador, responde principalmente a la producción informal de carbón vegetal, una práctica persistente que no solo afecta gravemente las condiciones atmosféricas locales, sino que representa un detonante clave de incendios forestales, justo cuando la región se prepara para el fenómeno de El Niño, caracterizado por periodos de sequía.
Según las cifras de la CAR, entre enero y junio de este año se contabilizaron 27 operativos en flagrancia junto a la Fuerza Pública, lo que da cuenta del esfuerzo institucional ante un problema que mantiene su ciclo sin mayores variaciones. Los infractores suelen recolectar residuos de madera y objetos desechados —como muebles, guacales, incluso materiales con metales y fibras— que luego son sometidos a combustión incompleta: un proceso que libera gases contaminantes muy cerca de zonas urbanas y permite la obtención de carbón vegetal destinado a la venta ilegal.
El mapa de alertas ambientales ubica cuatro zonas críticas en esta problemática. En primer lugar, Nemocón es el municipio más afectado, ubicado en la cuenca alta del río Bogotá y señalado como uno de los focos de mayor contaminación atmosférica. Las localidades de Ciudad Bolívar y Soacha —en el área sur— mantienen una alta ocurrencia de este tipo de quemas, impactando especialmente a las comunidades periféricas. Ráquira, ya en Boyacá pero bajo jurisdicción ambiental de Cundinamarca, presenta el segundo mayor número de intervenciones, influenciando municipios vecinos por la dispersión de contaminantes.
Constanza Zúñiga, directora jurídica de la CAR, enfatizó ante El Espectador que la quema indiscriminada de estos elementos causa graves daños al aire y al suelo, mientras que las fogatas clandestinas suponen un riesgo para la salud pública. Además, la preocupación se acentúa en tiempos de sequía, como advierten los expertos: "Ante la inminente ausencia de lluvias por el fenómeno de El Niño, estas fogatas artesanales se convierten en la principal amenaza para la activación de incendios de gran magnitud", indicó la entidad. La falta de controles técnicos y sistemas de mitigación agrava el panorama, ya que, según el balance del año anterior, el 73 % de las emergencias ambientales atendidas tuvieron origen en estas prácticas.
Las autoridades anunciaron que mantendrán operativos estrictos en la periferia de Bogotá y Cundinamarca, priorizando el interés colectivo sobre cualquier beneficio individual, con la aplicación rigurosa de las normas ambientales vigentes.
¿Cuáles son las consecuencias ambientales de las quemas ilegales de madera en la sabana de Bogotá?
De acuerdo con la CAR y las cifras difundidas por El Espectador, las quemas ilegales de madera para producir carbón vegetal deterioran de forma grave la calidad del aire y el suelo. Además, contribuyen a la destrucción de la vegetación nativa, esencial para la regulación del agua en la región. Esta contaminación afecta a las comunidades de los alrededores y es responsable del 73 % de las emergencias ambientales recientes.
¿Por qué las quemas ilegales aumentan el riesgo de incendios durante el fenómeno de El Niño?
El fenómeno de El Niño trae consigo ausencia de lluvias y sequías prolongadas. En ese contexto, las fogatas artesanales asociadas a la producción ilegal de carbón vegetal se convierten en una amenaza directa, ya que se realizan sin controles técnicos ni mecanismos de mitigación de temperatura u oxigenación, aumentando de forma considerable la probabilidad de incendios forestales de gran magnitud.
Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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