¿Orgullo, escepticismo o indiferencia? El Metro de Bogotá avanza entre expectativas y divisiones ciudadanas
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El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.
Visitar sitioEl 70% de bogotanos usaría el metro, pero el orgullo y la aceptación aún dividen a la ciudad.
La edificación del metro en Bogotá avanza y, junto con la materialización de esta megaobra, también evoluciona la opinión de los habitantes respecto al sistema de transporte más esperado de la ciudad. Según información reportada por El Espectador, mientras la estructura física toma forma, la ciudadanía empieza a moldear una imagen propia del proyecto, marcada tanto por la expectativa como por actos que revelan cierto descontento o desaprobación, como lo son los episodios de vandalismo evidenciados en columnas grafiteadas y el manejo inadecuado de basuras en las zonas de construcción. Estos hechos no solo afectan el entorno, sino que despiertan interrogantes sobre cómo los bogotanos perciben realmente la llegada del metro y qué imaginario se está construyendo alrededor de esta iniciativa.
Recientemente la Secretaría de Cultura de Bogotá presentó los resultados de la Encuesta Bienal de Cultura: indicadores de Cultura Ciudadana y Garantía de Derechos 2025, un estudio que explora de manera precisa el sentir de la capital frente al metro. Los resultados muestran una aceptación mayoritaria, aunque distante de unánime: el 70,6% de los encuestados asegura que sí haría uso del Metro de Bogotá cuando entre en funcionamiento en 2026. No obstante, existe un sector significativo de la población – casi tres de cada diez – que manifestó no tener intención de usarlo, evidenciando la existencia de reservas o escepticismos dentro de la comunidad.
Cuando se analiza el nivel de orgullo que genera la construcción de esta obra, el escenario es aún más matizado. Aunque el 40,3% de los encuestados afirma sentirse “orgulloso” con la llegada del Metro, solamente el 13,9% asegura estar “muy orgulloso”, y un 33,3% declara sentirse “algo orgulloso”. En contraste, un 12,5% señala no experimentar ningún tipo de orgullo por el avance de la obra, lo que sugiere la persistencia de ciertas divisiones en torno al proyecto.
La percepción de necesidad de la obra muestra un respaldo notable a la infraestructura, con un promedio de 3.0 en una escala de 1 a 5 sobre la urgencia del metro. El 65,1% de quienes respondieron la encuesta considera que la llegada del metro es “necesaria” o “muy necesaria”. Sin embargo, el 34,9% ve la obra con menos importancia, catalogándola entre “poco necesaria” (19,1%) y “nada necesaria” (15,8%).
Todo esto sugiere que el metro, más allá de ser una construcción física, está convirtiéndose en un fiel reflejo de los sentimientos sociales de Bogotá: una mayoría lo ve como un paso indispensable y está dispuesta a incorporarlo en su vida diaria, pero un sector considerable se muestra indiferente o escéptico. Esto representa un desafío adicional para la administración de Bogotá, que no solo debe garantizar la puesta en marcha de la infraestructura, sino también fomentar un sentido de pertenencia e integración alrededor del sistema. El papel de estas percepciones será clave, no solo para el uso del futuro metro, sino para la convivencia y el tejido social de la capital colombiana.
¿Qué impacto podría tener la percepción ciudadana sobre el éxito operativo del Metro de Bogotá?
La manera en que los ciudadanos ven el metro de Bogotá puede jugar un papel crucial en su funcionamiento futuro. Si un porcentaje significativo de la población no siente orgullo ni necesidad por la obra, existe el riesgo de que el sistema no alcance los niveles óptimos de uso previstos por las autoridades, lo que podría influir en la sostenibilidad financiera y el ambiente de convivencia dentro de las estaciones y trenes.
Además, la apropiación social del metro es vital para garantizar que los problemas de vandalismo y cuidado del espacio público disminuyan. Si la ciudadanía logra identificar el sistema como un bien común valioso, las conductas asociadas al respeto y la protección del entorno podrían mejorar. Por eso, la percepción ciudadana no solo mide aceptación: también anticipa los retos cotidianos y organizacionales que enfrentará el metro en los años venideros.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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