Curules de paz: cinco mujeres ganan espacio en el Congreso, pero persisten barreras para la igualdad
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El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.
Visitar sitioCinco mujeres logran curul de paz en Congreso, pero ¿la paridad real sigue siendo un reto pendiente?
Los recientes comicios de las Circunscripciones Transitorias Especiales para la Paz (Citrep) reflejaron una ligera mejoría en la presencia femenina en el Congreso de Colombia. Según reportó El Espectador, cinco mujeres lograron asegurar una de las 16 curules de paz, lo que representa un ascenso comparado con el periodo 2022-2026, donde solo tres mujeres habían llegado a este espacio. No obstante, esta subida aún resulta modesta y exhibe la persistencia de barreras para una participación femenina más amplia, especialmente considerando que el esquema vigente mantuvo el formato de binomios mixtos por norma: es decir, cada lista obligatoriamente debe estar conformada por un hombre y una mujer, pero solo quien reciba más votos se queda con la curul correspondiente.
Este diseño legal, definido por el proyecto de ley estatutaria radicado por el Ministerio del Interior, fue establecido para promover la equidad, pero en la práctica no garantiza una representación equilibrada. Así lo advirtió la Misión de Observación Electoral (MOE), citada por El Espectador, al evidenciar que la paridad formal en las listas no siempre se traduce en igualdad real al momento de la asignación de los escaños. Situaciones como la de la Citrep 8 (sur de Córdoba y Bolívar) lo demuestran: aunque la candidatura principal la encabezaba Mayerlis Angarita, reconocida lideresa de la Corporación Narrar para Vivir, terminó electo el otro integrante de la fórmula, Luis Ramiro Ricardo Buelvas, por haber obtenido mayor votación interna.
Entre las cinco mujeres elegidas para el periodo legislativo 2026-2030 figuran dos reelectas: Karen Juliana López, representante de la circunscripción 16 (Urabá antioqueño), y Karen Manrique, quien ganó nuevamente en Arauca. Si bien ambas han demostrado resiliencia y liderazgo, el caso de Manrique está actualmente bajo escrutinio debido a investigaciones relacionadas con un escándalo en la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), lo que ha puesto en suspenso su permanencia según decisiones pendientes de la Corte Suprema de Justicia.
El panorama de las nuevas representantes incluye distintas trayectorias marcadas por experiencias de desplazamiento y violencia. Laura Vanessa Díaz, abogada y líder en Córdoba; María Janeth Sabogal, contadora tolimense cuyo activismo nació de tragedias familiares durante el conflicto armado; y Tatiana Judith Gaona, de la región de Catatumbo, cuya campaña fue objeto de controversias y quien es señalada en su territorio por sus presuntas conexiones políticas y por denuncias de vínculos con actores armados, completan el grupo.
Pese al incremento relativo en la representación femenina, la participación de mujeres se mantiene limitada en estas circunscripciones. Tal como sostuvo la MOE, la obligatoriedad de conformar listas mixtas en vez de permitir fórmulas exclusivamente femeninas restringe las posibilidades de una igualdad sustancial. Varias organizaciones y defensoras de derechos han propuesto enmendar estas reglas para fomentar candidaturas integradas solo por mujeres, pero dichas recomendaciones no han sido adoptadas, y esta última ronda de elecciones, según El Espectador, volvió a evidenciar los desafíos para alcanzar la paridad en la política de paz en Colombia.
¿Cuál es la figura de la “silla vacía” y cómo puede afectar la representación de las circunscripciones de paz?
La figura de la “silla vacía” es una disposición legal en el Congreso de Colombia que implica que si un congresista es removido de su cargo por sanciones judiciales o disciplinarias, el escaño no se remplaza con el siguiente candidato de la lista, como usualmente sucede. En cambio, la curul queda vacante hasta el siguiente periodo legislativo. Esta medida busca evitar la perpetuación de redes políticas corruptas y castigar prácticas como la parapolítica o la corrupción.
En el contexto de las curules de paz, el uso de la “silla vacía” tiene implicaciones adicionales. Tal como lo explicó El Espectador en relación al caso de Karen Manrique en Arauca, la aplicación de esta figura podría dejar a toda una región sin representación en este espacio legislativo especial. Esto preocupa, ya que las circunscripciones de paz fueron ideadas para dar voz y representación directa a comunidades afectadas por el conflicto, por lo que la ausencia de su delegado puede dejar vacíos en la interlocución y la defensa de sus derechos.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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