El futuro del cannabis medicinal en Bogotá: ¿puede Colombia liderar el mercado global con nueva regulación?

Nación
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El futuro del cannabis medicinal en Bogotá depende de una norma clave que redefinirá el sector en 2025.

El sector del cannabis medicinal en Bogotá vive un momento de especial expectación, especialmente entre las empresas dedicadas a esta industria. El Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima), entidad con sede en la capital, enfrenta el desafío de expedir, antes de marzo, la normativa técnica necesaria para que el cannabis medicinal pueda ser explotado comercialmente tanto en Bogotá como en el resto del país. La decisión que adopte el Invima no solo incidirá directamente en el sistema de salud nacional, sino también en la consolidación de Colombia como un jugador relevante dentro de una industria global valorizada en cerca de 26.920 millones de dólares para 2026, según proyecciones internacionales citadas por El Espectador.

Esta nueva reglamentación es impulsada por el Decreto 1138 de 2025, que pretende solucionar vacíos regulatorios heredados de periodos anteriores y que han alimentado la incertidumbre entre diferentes actores: médicos, pacientes, empresarios e inversionistas. Muchos de estos últimos han establecido operaciones y laboratorios en Bogotá, lo que reafirma la condición estratégica de la ciudad para el desarrollo del sector. La actualización normativa fija como objetivo no solo clarificar el uso y aplicación del cannabis medicinal, sino también establecer estándares que permitan integrar estos productos a la medicina convencional bajo los mismos criterios que cualquier otro fármaco.

Así, el Invima está encargado de delinear el marco regulatorio en aspectos esenciales como la producción, la formulación y la dispensación del cannabis medicinal a nivel nacional. Entre los retos principales está la actualización de los procedimientos relacionados con el acondicionamiento y la dispensación, junto con la creación de controles de calidad y la definición de estándares analíticos obligatorios para compuestos activos como el THC y el CBD. Se apunta a dejar atrás la visión del cannabis como una mera alternativa terapéutica y posicionarlo formalmente dentro del campo médico.

Para cumplir esos fines, se establecerán antes de marzo ocho directrices esenciales, que involucran desde las Buenas Prácticas de Elaboración hasta normas sobre etiquetado y publicidad, concediendo especial importancia a la trazabilidad de la planta mediante la interoperabilidad con el sistema SEED del Ministerio de Justicia, lo que permitirá seguir el proceso completo desde el cultivo hasta el paciente.

No menos relevante es el desafío de superar la desconfianza histórica del personal médico. Con la reglamentación en camino, se definirán los productos aptos, las patologías específicas y los criterios clínicos de formulación, además de establecer protocolos homogéneos para la prescripción y el seguimiento médico. La vigilancia de calidad garantizará que los productos presenten la misma potencia y composición en cada lote, cumpliendo con la obligación de ofrecer información clara sobre uso y riesgos.

La culminación de este proceso normativo representa una oportunidad crucial para Bogotá: además de fortalecer la seguridad jurídica y la confianza del sector salud, permitiría ubicar a Colombia en una posición favorable dentro del mercado internacional de cannabis medicinal. El desenlace de este proceso, por tanto, está llamado a convertirse en un referente tanto para la capital como para el país en general.

¿Qué diferencia al cannabis medicinal de los productos recreativos?

Esta pregunta es relevante en el contexto colombiano porque la regulación, hasta ahora, no siempre ha distinguido claramente entre usos medicinales y recreativos del cannabis. El nuevo marco normativo prioriza la definición de sustancias, control de calidad y protocolos médicos para el cannabis medicinal, deliberadamente distintos de los establecidos para los productos recreativos. De acuerdo con los datos citados de El Espectador, los cannabinoides regulados por el Invima, como el THC y el CBD, tendrán parámetros específicos según su destinación terapéutica, con protocolos de trazabilidad y prescripción estandarizados.

Esta distinción garantiza que los pacientes accedan a productos seguros, de composición y potencia uniformes, mientras que la industria cuenta con criterios claros para producir y comercializar estos medicamentos. A diferencia de los productos recreativos, los medicinales estarán sujetos a control médico y vigilancia sanitaria, lo que marca un hito en la profesionalización y legitimidad del cannabis en Colombia.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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