El hallazgo que podría traer respuestas: la ciencia forense tras el posible cuerpo de Octavio Cárdenas

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El hallazgo de un cuerpo reactiva el debate sobre los desafíos forenses y el drama de los desaparecidos en Colombia.

El reciente hallazgo de un cuerpo que podría corresponder a una persona desaparecida, en este caso presuntamente Octavio Cárdenas, marca el inicio de un proceso forense y judicial complejo orientado a la correcta identificación y eventual entrega del cadáver a sus familiares o su destinación final. Este tipo de procedimientos adquiere una relevancia especial en países como Colombia, donde la violencia y las desapariciones forzadas han dejado un impacto profundo y persistente en la sociedad. Según el diario LA PATRIA, la coordinación entre la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), la Fiscalía y la Sijín ilustra el esfuerzo institucional y técnico para abordar estos casos desde una perspectiva jurídica y humanitaria.

El trabajo de identificación se centra en técnicas forenses especializadas, necesarias cuando los cuerpos se encuentran en avanzado estado de descomposición o en estado esqueletizado. En situaciones donde no es posible obtener huellas dactilares, intervienen expertos en Antropología y Odontología Forense, quienes realizan tanto análisis óseos para estimar sexo, estatura, edad y singularidades somáticas, como estudios odontológicos que permiten comparar cartas dentales con registros proporcionados por familiares. Este enfoque multidisciplinario es vital para determinar características únicas que sustenten una identificación fiable.

Adicionalmente, se recolectan muestras óseas con fines de análisis genético, un procedimiento de rutina que la entidad de Medicina Legal reserva en previsión de que existan familiares con los que poder realizar pruebas de ADN. Estas muestras son cuidadosamente conservadas en laboratorios especializados, permitiendo su análisis posterior en caso de resultar necesario y asegurando la custodia adecuada incluso en procesos de identificación que pueden demorar considerablemente.

Otro aspecto clave es el minucioso registro de señales particulares en el cadáver, tales como tatuajes, cicatrices, deformidades o intervenciones quirúrgicas previas. Esta información posibilita tanto la identificación directa por parte de allegados como la conexión con bases de datos de personas desaparecidas y reportes formales. Según LA PATRIA, tras el análisis y registro, si no es posible la identificación inmediata o no se presentan familiares, el cuerpo permanece conservado hasta por 30 días antes de ser sepultado por vía estatal, respetándose así los estándares legales y de dignidad humana.

La importancia de estos protocolos se explica por el contexto nacional: informes del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) reportan más de 120,000 personas desaparecidas en Colombia desde la década de los años ochenta. El seguimiento riguroso de estos pasos no solo permite buscar y dignificar a las víctimas y sus familias, sino que también fortalece la memoria histórica y el derecho colectivo a la verdad. El panorama internacional, como describe The Guardian en el caso mexicano, presenta desafíos similares: aunque existen bases de datos forenses y protocolos avanzados, la obtención de información familiar y registros previos determina en gran medida la velocidad y precisión de la identificación.

Paralelamente, fuentes como Reuters y especialistas académicos destacan la adopción progresiva de herramientas tecnológicas avanzadas –incluida la inteligencia artificial– que prometen integrar y cruzar datos biométricos y judiciales para optimizar las búsquedas e identificar coincidencias entre registros. Sin embargo, tal como remarca la Fundación Gabo en sus manuales de ética periodística, al abordar estos procesos la narrativa pública debe priorizar el respeto a las víctimas, evitando la revictimización y apostando por una cobertura informativa responsable, basada en los derechos a la memoria y la reparación.

En suma, la inspección técnica y el proceso de análisis sobre el cuerpo hallado –posiblemente el de Octavio Cárdenas– reflejan no solo la solidez de los procedimientos forenses y judiciales en Colombia, sino también el compromiso de las instituciones con la búsqueda de justicia y la reconstrucción del tejido social que la violencia ha dañado.

Preguntas frecuentes relacionadas

¿Qué es la Antropología Forense y cuál es su papel en la identificación de cuerpos?

La Antropología Forense es una rama de la ciencia forense que utiliza métodos de la antropología física para analizar restos humanos. Se enfoca en identificar características biológicas, como la edad, el sexo, la estatura y singularidades esqueléticas, a partir de huesos y dientes. Su función es fundamental en casos donde el cuerpo se encuentra en estado de descomposición avanzada, siendo muchas veces la única vía que permite la identificación en contextos de violencia sistemática o desastres masivos.

En el proceso descrito en Colombia, los antropólogos forenses trabajan conjuntamente con odontólogos y expertos en genética, facilitando la reconstrucción del perfil biológico de la víctima. Su labor es crucial tanto en la identificación individual como en la generación de evidencias relacionadas con causas y circunstancias de la muerte, lo que alimenta tanto la investigación judicial como el derecho a la verdad de los familiares.

¿Cómo acceden los familiares a la información de cadáveres no identificados?

El acceso de los familiares a la información sobre cadáveres no identificados se realiza a través de canales oficiales, como la consulta de bases de datos nacionales manejadas por la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), Medicina Legal y la Fiscalía. Existen periodos de consulta pública en los que los familiares pueden revisar registros y fotografías morfológicas, coordinando con instituciones estatales para aportar información o realizar cotejos de ADN cuando existan restos óseos o materiales biológicos disponibles.

Este procedimiento tiene gran importancia en contextos de desaparición forzada, ya que permite a las familias acceder a la verdad sobre sus seres queridos, evitar incertidumbre y propiciar procesos de duelo. Además, la participación de la sociedad civil y organizaciones de derechos humanos ayuda a que estos datos se manejen con transparencia y sensibilidad, respetando la privacidad y los derechos de las víctimas.

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