Petro y el Clan del Golfo al límite: ¿se rompe el diálogo o habrá ofensiva total del Gobierno?
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El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.
Visitar sitioEl diálogo entre el Gobierno Petro y el Clan del Golfo llega a un punto crítico tras fuertes acusaciones.
El reciente intercambio de declaraciones entre el presidente Gustavo Petro y el Clan del Golfo, identificado también como Ejército Gaitanista de Colombia (EGC), evidenció la creciente incertidumbre en torno al proceso de acercamientos entre el Gobierno y este grupo armado ilegal. A través de su cuenta en la red social X, el jefe de Estado señaló que las estructuras criminales con mayor capacidad para corromper instituciones estatales provienen principalmente de las disidencias de las FARC lideradas por Iván Mordisco y, sobre todo, del propio Clan del Golfo, según información reportada en El Espectador.
Petro hizo énfasis en que el Clan del Golfo habría incumplido los compromisos adquiridos durante conversaciones en Doha, Catar, particularmente aquellos referentes a la reducción de economías ilícitas. El mandatario afirmó que la organización no erradicó ni una sola hectárea de hoja de coca en territorios clave como el Darién y el Nordeste antioqueño, ni desmontó los esquemas relacionados con la extracción ilegal de oro, actividad señalada por él como fuente de corrupción local dentro de las fuerzas estatales. Frente a estos hechos, Petro sostuvo públicamente que el Clan del Golfo debía ser objeto de acciones armadas y judiciales por parte del Estado.
La respuesta del grupo armado llegó también por la misma red social, donde exigió aclaraciones al mandatario sobre el futuro de la mesa de negociación. El EGC insistió en que ha cumplido con todos los acuerdos, acusando al gobierno de no haber correspondido de igual forma. Además, pidió una respuesta concreta acerca de si la negociación fue oficialmente cancelada, advirtiendo que de ser así detendrían todos los procesos en curso.
Esa misma noche, el Clan del Golfo insistió en que la postura de Petro representaría la ruptura definitiva de los diálogos. El grupo dirigió públicamente nuevos cuestionamientos a Álvaro Jiménez, jefe negociador del Gobierno, preguntando de manera directa si las conversaciones estaban rotas.
El Clan del Golfo es considerado la organización criminal más poderosa del país, con operaciones extendidas en el Caribe, Urabá, el nordeste antioqueño y la región del Pacífico. Según las fuentes citadas, sus principales fuentes de financiación provienen del narcotráfico, la minería ilegal y la extorsión, actividades que condicionan su peso en el panorama delictivo nacional.
El clima de confrontación pública entre el Gobierno y el grupo armado deja abierta la pregunta sobre si realmente el presidente Petro pretende poner fin a los esfuerzos de diálogo o, por el contrario, busca presionar para obtener cambios específicos en el accionar del Clan del Golfo. Hasta el momento, no existe pronunciamiento formal por parte del Ejecutivo ni de sus delegados que confirme la ruptura de la mesa de negociación.
Así, el proceso de acercamiento entre el Gobierno y el Clan del Golfo permanece envuelto en tensiones, acompañado de cruces de posiciones públicas y sin una respuesta definitiva sobre su continuidad, en un contexto donde el alcance y la efectividad de la política de paz total siguen siendo puestos a prueba.
¿Qué implica el “desmantelamiento armado y judicial” de una organización criminal?
La expresión “desmantelamiento armado y judicial” empleada por el presidente Gustavo Petro hace referencia a una estrategia que incluye tanto la intervención de las fuerzas militares y de policía como el uso de procedimientos judiciales para atacar las estructuras del Clan del Golfo. Este enfoque sugiere que el Estado no limitaría su accionar únicamente al diálogo, sino que, ante el incumplimiento de compromisos, optaría por confrontar a la organización con todas las herramientas legales y de fuerza disponibles.
Para comprender la relevancia de este término, es fundamental recordar que desmantelar una estructura criminal implica no solo la captura de sus cabecillas sino también la eliminación de sus redes de financiación y control territorial. Esta es una de las preocupaciones centrales en el contexto del proceso de paz total, ya que, según las fuentes citadas, la persistencia de economías ilegales y la capacidad de corrupción son obstáculos directos para avanzar hacia una resolución negociada del conflicto.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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