¿Qué pasaría si el tráfico deja de pasar por Cajamarca? El caso Gualanday prende las alarmas
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La emergencia en la vía hacia La Línea reabre el debate sobre el futuro económico de Cajamarca, un municipio que depende del corredor para mover su comercio.
La emergencia que mantiene restringido el paso por el corredor de La Línea, a la altura de Cajamarca (Tolima), no solo encendió las alarmas por la movilidad entre el centro y el occidente del país. También abrió una pregunta que inquieta a comerciantes, transportadores y productores agrícolas: ¿qué pasará con el municipio si la solución definitiva implica cambiar el paso tradicional de los vehículos?
(Vea también: ¿Qué pasaría si se cierra La Línea? Alertan por riesgo para el abastecimiento y la economía del país)
La preocupación no surge de la nada. A pocos kilómetros existe un antecedente que todavía recuerdan los tolimenses: Gualanday, un municipio cuya economía cambió radicalmente cuando el desarrollo vial desvió el flujo vehicular que durante décadas sostuvo buena parte de su comercio.
El caso Gualanday: cuando una obra benefició al país, pero golpeó a un pueblo
Con la construcción de la doble calzada y el viaducto, miles de vehículos dejaron de atravesar Gualanday. El resultado fue inmediato para restaurantes, cafeterías, ventas de frutas, estaciones de servicio, talleres y pequeños negocios que dependían de los viajeros.
Aunque el municipio logró reinventarse apostándole al turismo y a otros sectores, la transformación económica fue profunda y obligó a cientos de comerciantes a buscar nuevas formas de subsistir.
Cajamarca tiene una ventaja, pero también un riesgo mayor
A diferencia de Gualanday, Cajamarca no vive únicamente del tráfico de paso. Su fortaleza está en el campo.
Conocida como una de las principales despensas agrícolas del país, desde este municipio salen diariamente más de 1.400 toneladas de alimentos, entre arracacha, fríjol, frutas y hortalizas que abastecen mercados como Bogotá, Ibagué, Valle del Cauca y el Eje Cafetero.
Por eso, el mayor riesgo no sería únicamente perder clientes en restaurantes o estaciones de servicio. El verdadero problema aparecería si una afectación prolongada o una modificación definitiva del corredor incrementa los tiempos y los costos del transporte, reduciendo la rentabilidad de los agricultores y dificultando la salida de las cosechas.
La emergencia obliga a pensar más allá del derrumbe
Mientras la Gobernación del Tolima, Invías y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo trabajan para atender la emergencia en el sector de Calle Larga, el caso también deja una reflexión sobre el futuro del corredor.
El país necesita una vía segura y eficiente entre el centro y el puerto de Buenaventura, pero esa solución también deberá considerar el impacto que tendría sobre municipios como Cajamarca, cuya economía depende tanto del comercio generado por el tránsito vehicular como de una logística eficiente para movilizar su producción agrícola.
La experiencia de Gualanday demuestra que una gran obra puede impulsar la competitividad nacional, pero también transformar para siempre la realidad económica de las poblaciones que crecieron alrededor de una de las carreteras más importantes de Colombia.
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