Crisis en la Universidad Nacional: ¿Está en riesgo la autonomía universitaria en Colombia?

Nación
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El Espectador es el periódico más antiguo del país, fundado el 22 de marzo de 1887 y, bajo la dirección de Fidel Cano, es considerado uno de los periódicos más serios y profesionales por su independencia, credibilidad y objetividad.

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La crisis en la Universidad Nacional reabre el debate sobre la autonomía y el futuro de la educación pública.

La universidad pública atraviesa un momento crítico en Colombia, marcado por tensiones políticas y cuestionamientos sobre su autonomía institucional. Tal como expone Moisés Wasserman en El Espectador, esta coyuntura se produce tras una serie de eventos que han alterado profundamente el rumbo de la Universidad Nacional, el principal referente de educación superior pública del país. Para comprender la dimensión de la crisis, es necesario analizar la evolución histórica del concepto de autonomía universitaria y el contexto de los hechos recientes que han puesto a prueba este principio.

El concepto de autonomía universitaria, aunque hoy frecuentemente invocado por actores con posturas opuestas, tiene raíces diversas y complejas. Wasserman explica que, en sus orígenes europeos, la universidad no era autónoma, pues respondía a los intereses y financiamiento de quienes la fundaban. Con el paso de los siglos, se convirtió en un modelo napoleónico al servicio de la iglesia o el poder estatal, manteniéndose así en regímenes autoritarios. Fue a partir del siglo XIX, con la llamada Universidad Humboldtiana, que la autonomía se definió como la libertad de investigar, enseñar y formar ciudadanos independientes de la injerencia política.

El padre Alfonso Borrero Cabal y el magistrado Carlos Gaviria han sido figuras influyentes en este debate, subrayando la importancia de que la universidad, moderna y autónoma, se gobierne sin imposiciones externas. Según la declaración de 1965 de la Asociación Internacional de Universidades (AIU), la autonomía implica la capacidad para dictar normas internas, elegir profesores y estudiantes, definir currículos y administrar recursos. En Colombia, la autonomía universitaria está respaldada constitucionalmente pero debe coexistir con la supervisión estatal para evitar ilegalidades graves.

Sin embargo, la reciente elección del rector de la Universidad Nacional mostró cuán frágil puede ser ese equilibrio. Después de un proceso regido por los propios estatutos, que incluyó consultas internas y un filtro de candidatos por parte del Consejo Superior Universitario (CSU), el nombramiento del profesor Ismael Peña fue desconocido por el gobierno. El desacuerdo público del presidente y la negativa de la ministra de Educación a firmar el acta desencadenaron una serie de acciones legales y protestas dentro de la universidad, incluida la toma del edificio de rectoría y múltiples demandas ante el Consejo de Estado.

El debate adquirió tintes aún más controvertidos cuando se argumentó que la consulta universitaria debía ser vinculante y se promovió la “desobediencia civil” frente a la decisión del CSU. Cambios en la composición del Consejo Superior Universitario y la intervención del gobierno llevaron a la elección de Leopoldo Múnera como rector, decisión que posteriormente fue anulada por el Consejo de Estado, declarando legal la elección de Peña. Esta cadena de sucesos marcó la intromisión de factores políticos en decisiones tradicionalmente reservadas a la comunidad académica, según lo consigna el artículo de El Espectador.

Además, el caso sirvió como campo de batalla para visiones contrapuestas sobre el rumbo de la universidad: una entendida como espacio de excelencia académica y otra orientada a compromisos y plataformas de reforma política. Wasserman señala que la propuesta de una Constituyente Universitaria, en línea con intereses gubernamentales, dejó en segundo plano los múltiples mecanismos participativos ya presentes en los estatutos institucionales y abrió la puerta a un modelo de dirección más político y menos enfocado en criterios académicos. Como corolario, la injerencia en la Universidad de Antioquia por parte del Ministerio de Educación refuerza la percepción de una amenaza generalizada a la autonomía universitaria.

Ante este panorama, resulta necesario reflexionar sobre el futuro inmediato de las universidades públicas en Colombia y la importancia de preservar su independencia. El principio de autonomía universitaria es esencial para garantizar la formación, la investigación y la transferencia de conocimiento al servicio de la sociedad, libres de presiones políticas y subordinación a agendas gubernamentales.

¿Por qué es importante preservar la autonomía universitaria en las universidades públicas?

La preocupación por la autonomía universitaria ha sido un tema central en la historia de la educación superior, especialmente para instituciones públicas. Esta autonomía permite a las universidades dictar sus propios lineamientos internos, seleccionar sus autoridades y desarrollar planes académicos según criterios científicos y formativos, sin interferencia de actores externos o del gobierno. Según figuras como Carlos Gaviria, citadas en el artículo, la pérdida de esta autonomía convierte a la universidad en un instrumento ajeno a su misión fundamental de formar ciudadanos críticos y comprometidos con el avance del conocimiento.

En el contexto colombiano reciente, los conflictos alrededor del nombramiento de rectores y la injerencia política demuestran hasta qué punto la autonomía puede ser vulnerada. Proteger este principio no solo preserva la calidad y la excelencia académica, sino que sostiene un espacio de debate plural que contribuye al fortalecimiento democrático y al desarrollo social del país.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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