Sismo y Día de la Calidad del Aire en Bogotá: impacto en la infancia, desigualdad ambiental y riesgo por incendios

Nación
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Durante 2025, Bogotá logró reducir el promedio anual de PM2,5, aunque persisten alertas locales.

Cuatro días después de que un sismo de magnitud 7,7 sacudiera el país, el viernes 14 de agosto se conmemoró el Día Interamericano de la Calidad del Aire, una fecha impulsada desde 2002 por la Asociación Interamericana de Ingeniería Sanitaria y Ambiental junto con la Organización Panamericana de la Salud. Esta coincidencia ha permitido reflexionar sobre los riesgos que afectan al territorio. Mientras que los sismos son fenómenos imprevistos e incontrolables, la calidad del aire puede ser intervenida y mejorada, responsabilidad que recae en los adultos y las instituciones, sobre todo cuando se trata de proteger a niñas, niños y adolescentes.

Un caso ilustrativo es el de una niña en Bogotá, que recién experimentó el sismo y días después volvió a respirar un aire cuyos orígenes y composición desconoce. Según el Observatorio Ambiental de Bogotá, de 2024 a 2025 la ciudad mejoró su promedio anual de partículas PM2,5, pasando de 16,9 a 13,5 microgramos por metro cúbico. Sin embargo, la estación Carvajal-Sevillana sigue presentando excedencias significativas, con 67 días en 2025 por encima del límite diario. Es importante aclarar que PM2,5 hace referencia al material particulado cuyo diámetro es menor a 2,5 micrones y cuya inhalación está asociada a enfermedades respiratorias, cardiovasculares e incluso alteraciones en el desarrollo neurocognitivo, particularmente graves en la niñez.

En materia de salud, Bogotá reportó 11 muertes probables por neumonía en menores de cinco años en 2025, frente a 17 en 2024. Aunque no se pueda atribuir todas esas muertes a la contaminación atmosférica, la evidencia refuerza la necesidad de priorizar la salud respiratoria de los más pequeños y de integrar la calidad del aire como un asunto de derechos. Así lo respalda la Constitución de Colombia en su artículo 79 y la Observación General 26 del Comité de los Derechos del Niño, que identifica la contaminación y el cambio climático como amenazas sistémicas.

Por otro lado, en Cundinamarca entre enero y agosto de 2026 se presentaron 532 emergencias por incendios forestales en 74 municipios, con más de 1.314 hectáreas afectadas. El fenómeno de El Niño –según el IDEAM (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales)–, seguirá fortaleciéndose con altas probabilidades de durar hasta inicios de 2027, incrementando el riesgo de incendios y el deterioro de la calidad del aire.

La desigualdad ambiental también es evidente: no todas las infancias de Bogotá respiran el mismo aire, ya que la exposición varía según la cercanía a fuentes de contaminación o corredores viales. Por ello, la participación activa de niñas, niños y adolescentes en la identificación y solución de estos problemas adquiere especial relevancia. Como resalta la Observación General 26, escuchar sus voces es clave para construir ciudades verdaderamente protectoras.

La gestión anticipatoria no puede esperar a que ocurran las emergencias. Proteger la infancia exige reconocer los riesgos, educar, participar y tomar decisiones preventivas en tiempo oportuno. Así, el aire limpio deja de ser solo un indicador para convertirse en la base del ejercicio de todos los derechos.

¿Cómo afecta la contaminación del aire el desarrollo de niñas, niños y adolescentes?

La contaminación del aire, especialmente por partículas PM2,5, impacta negativamente el desarrollo físico y cognitivo de niñas, niños y adolescentes. Estas partículas pueden penetrar profundamente en los pulmones y, debido a que los órganos infantiles aún están en desarrollo, aumentan el riesgo de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y posibles alteraciones en el neurodesarrollo, según lo reportado por el Observatorio Ambiental de Bogotá y los datos de salud de la ciudad.

¿Cuál es la relación entre los incendios en Cundinamarca, el fenómeno de El Niño y la calidad del aire en Bogotá?

Los incendios forestales en Cundinamarca contribuyen significativamente al deterioro de la calidad del aire en Bogotá, ya que el aire y el humo no reconocen límites administrativos. El fenómeno de El Niño, de acuerdo con el IDEAM, agrava la situación al generar condiciones más secas y propensas a incendios, elevando el riesgo de exposición a contaminantes atmosféricos para la población, especialmente para las infancias.

Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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