Billetes, dignidad y poder silencioso: la revolución femenina que está cambiando la suerte en Colombia

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Escrito por:  Redacción Nación
Actualizado: 2026-05-21 11:11:21

Incluir a las mujeres no significa excluir a los hombres, sino construir un escenario más justo donde ambos aporten desde sus capacidades.

Por: Maribel Córdoba, gerente de la Lotería de Cundinamarca.

Maribel Córdoba Guerrero, gerente de la Lotería de Cundinamarca / Cortesía

Hay transformaciones que no hacen ruido, pero lo cambian todo. Caminan las calles, sostienen hogares, desafían estadísticas y, sin protagonismos estridentes, reescriben sectores enteros. Así está ocurriendo hoy con miles de mujeres que, desde la venta de lotería, están redefiniendo el sentido del trabajo, la equidad y la dignidad en Colombia.

Durante décadas, el mundo de los juegos de suerte y azar estuvo marcado por la informalidad y una participación mayoritariamente masculina. Sin embargo, las mujeres siempre estuvieron ahí, aunque en condiciones desiguales: menos ingresos, menor acceso a oportunidades y una constante invisibilización. En una región donde la brecha salarial oscila entre el 17 % y el 30 %, y donde la informalidad femenina supera el 58 % en algunos sectores, esta realidad no era menor: era una deuda histórica.

Hoy, esa deuda empieza a saldarse. Desde la Lotería de Cundinamarca se tomó una decisión que va más allá de lo comercial: convertir la equidad de género en un eje de transformación real. No se trata solo de vender más, sino de hacerlo mejor, con inclusión, formalización y garantías.

Los resultados no son retóricos. Más de 66.000 mujeres trabajan en el sector de juegos de suerte y azar en Colombia, representando cerca del 35 % de la fuerza laboral. Solo en la venta tradicional de billetes, más de 3.000 mujeres sostienen esta actividad. Y la cifra sigue creciendo.

Pero esta historia no se explica solo con números. Se entiende en lo cotidiano: en los incentivos que llegan a sus hogares, en alianzas que alivian el gasto familiar, en estrategias comerciales con sentido social, y en narrativas que por fin las visibilizan. Porque lo que no se cuenta, no existe.

Ahora bien, hablar de equidad también implica reconocer el papel del hombre en esta transformación. Durante años, muchos han sido parte fundamental de esta cadena: como vendedores, distribuidores y actores clave del sector. Hoy, su rol evoluciona hacia uno complementario y corresponsable, donde la equidad no desplaza, sino que equilibra. Incluir a las mujeres no significa excluir a los hombres, sino construir un escenario más justo donde ambos aporten desde sus capacidades.

En la Lotería de Cundinamarca, por ejemplo, esta dinámica ya se refleja en equipos diversos donde hombres y mujeres diseñan estrategias, toman decisiones y garantizan la operación de un sector que, vale la pena recordarlo, financia la salud pública. Cada billete vendido no es solo una apuesta: es un aporte directo a salvar vidas.

Sin embargo, el desafío no está superado. Colombia aún necesita un marco legal más sólido que proteja a quienes están en la base de esta cadena, especialmente a las mujeres. Garantizar seguridad social,  dignas y reconocimiento económico no es solo una discusión técnica: es una cuestión de justicia.

El impacto, cuando se logra, es contundente. Estudios en América Latina muestran que cuando una mujer incrementa sus ingresos, invierte hasta el 90 % en su hogar y educación. Es decir, cada avance femenino multiplica oportunidades y bienestar.

Por eso, esta no es solo una historia de loterías. Es una historia de país. De cómo la dignificación del trabajo puede transformar familias enteras. De cómo la equidad, cuando se asume como decisión y no como discurso, genera cambios reales.

Porque al final, detrás de cada billete, no hay solo suerte. Hay liderazgo, resiliencia y futuro. Y cuando una mujer avanza, no lo hace sola: avanza Colombia entera.

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